Ecos del Evangelio

4 mayo, 2019 / Carmelitas
III DOMINGO DE PASCUA

 

¡ALELUYA EL SEÑOR RESUCITÓ ALELUYA!

 

Continuamos con el gozo de la Resurrección del Señor con la alegría pascual, hoy la liturgia nos invita a vivir la experiencia de amor Evangélico prolongado en el misterio de la Iglesia, que nos presenta la Resurrección y la obra salvadora de Cristo, nos ayuda a descubrir nuestra identidad como miembros vivos de la Iglesia, que implica una responsabilidad en nuestros ambientes cotidianos.

 

 

De los Hechos de los Apóstoles 5, 27b-32. 40b-41

Los Apóstoles quieren seguir con la misión evangelizadora, extender el proyecto de Dios en la persona de Jesús incluso frente al poder amenazador del sumo sacerdote y de las autoridades, los cuales intentan manejar, controlar y apagar la voz evangélica de los discípulos hasta el extremo de azotarlos. Pero a pesar de todo, a pesar de lo difícil que se lo ponen, en su interior se despiertan las llamas del Espíritu para anunciar el Reino y la Resurrección de Cristo.

 

Los discípulos nos enseñan, a escuchar ante todo y por encima de todo, la voz de Dios. Obedecer a Dios ante todos los poderes del mundo, ante todas las dificultades; hay que confiar en Dios.

 

 

El Salmo 99. 

Agradecimiento por la liberación de un peligro de muerte. La acción liberadora de Dios arranca del corazón. El beneficio personal se siente comunitario y la alabanza se alarga a todo el pueblo. La experiencia personal se convierte en regla de sabiduría y funda la decisión de un servicio permanente. El Señor es más fuerte que la muerte.

 

 

Apocalipsis 5,11-14.

San Juan comunica su experiencia personal de Dios. Contempla a Jesucristo como el Cordero de Dios, que aparece rodeado de una corte de seres que representan a toda la creación, y allí el Cordero recibe el culto, el honor y la gloria. Y la Iglesia ve su destino y su imagen como reflejo de la liturgia celeste.

 

 

Evangelio San Juan 21,1-9

Cristo es la figura central. Cristo Resucitado es el centro. Sin él no tiene sentido la escena. Él realiza el milagro, él prepara la comida, él dirige la acción de lejos, él, el Señor de las ovejas, él, el punto de atracción -¿me amas? y el elemento de cohesión. Cristo, el Señor. Pedro es el primero.

 

Cristo le confiere el Primado. Pedro había prometido ser el más valiente: Aunque todos te abandonen, yo no te abandonaré. Pero le había negado tres veces. A él va dirigida la pregunta: ¿Me amas? Cristo exige una sencilla, pero firme, declaración de amor. Pedro ama a Cristo. Pedro no se atreve a afirmar que le ama más que los demás. Pero sí sabe que le ama.

 

La triple pregunta le recuerda su triple flaqueza y se entristece. Cristo le entrega el cuidado de su rebaño. No puede cuidar el rebaño quien no ame a Cristo tiernamente, pues él y el rebaño son una misma cosa. Pedro expresará así su amor al maestro: apacentando las ovejas. Su misión y oficio lo conducirán al martirio, morirá, según una tradición antigua, en cruz cabeza abajo.

 

Para ser testigo es necesario amar al Maestro. Hay que estar dispuesto a dar la vida en el cumplimiento de la misión. Dios es antes que los hombres bajo todo punto de vista. La Iglesia de hoy, como la de todos los tiempos, ha de sufrir persecución en el desempeño de su misión. Hay que ser valientes.

 

Sobre todo sus representantes, los pasto¬res. ¿Cómo se puede ser pastor, si no se ama? No vamos solos. El Espíritu nos sostiene. Eterna paradoja: sufrir gozosos. Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres. Pedro y los apóstoles son conscientes de su vocación de testigos. Dios los ha enviado a predicar la Buena Nueva, cuyo núcleo es la obra redentora de Cristo en su Muerte y Resurrección.

 

Podemos verificar la humanidad de Jesús de Nazaret, que posteriormente se nos presenta en su Resurrección, nos muestra la importancia y la esencia de nuestra humanidad; con nuestras debilidades y capacidad que tenemos para poder ser constructores del Reino aquí en la tierra.

 

 

 

Para la reflexión podríamos preguntarnos:

 

 

¿Quién es el centro mi consagración?

 

 

¿Cómo vivimos en nuestras comunidades, preocupadas por las actividades evangélicas o simplemente nos interesa la producción es decir comunidades empresariales?

 

 

¿Qué clase de amor transmitimos en nuestras comunidades?

 

 

Es importante que continuamente reflexionemos en lo esencial de nuestra vida consagrada.

 

Sí Dios es el centro de nuestras comunidades. Sólo así podremos ser transmisores del amor de Dios, que es el amor misericordioso, gratuito, sólo pide nuestro abandono personal, que se ha de transformar en comunitario, congregacional y social.

 

¿Cuáles son nuestros proyectos congregacionales?

 

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