Ecos del Evangelio

7 julio, 2016 / Carmelitas
IV Domingo de Pascua

Este domingo las lecturas nos siguen invitando a vivir unidos a Jesús, pero hoy más que nunca reforzando nuestra fe, “vivir a la luz de la fe” sólo con ella podemos creer que en verdad Jesucristo murió y resucito por nosotros -por ti y por mí-.

En la lectura de los Hechos de los apóstoles, san Pablo nos sigue invitando a perseverar en la fe, a no desfallecer, nos habla desde su experiencia de la vivencia que tuvo al aceptar el proyecto de Dios en su vida, y nos exhorta a descubrir que sólo desde la fe podemos vivir este Misterio.

Muchas veces -desde mi experiencia- me he olvidado que sólo con la fe y desde la fe puedo vivir mi vocación de consagrada, vivir el carisma que mi fundadora -Madre Rosa- me ha dejado, y entregarme a mi apostolado, es por ello que, me uno al salmista diciendo “Bendeciré tu nombre por siempre jamás, Dios mío, mi rey”. Con ello quiero decir que mi unión a Cristo es también aceptar su vida en mi vida.

Reflexionando el libro del Apocalipsis, sólo una cosa me hizo llorar, me hizo revivir el momento en que Jesús cae a tierra con la Cruz en los hombros y con esa mirada de amor y de confianza mira a su madre y seguramente dice con firmeza “Todo lo hago nuevo”, en Él todo se renueva, toda nuestra vida queda transformada. Nos sigue mostrando que la unión de Él con el Padre, y con el Espíritu Santo es más fuerte que nada. En mi vida, y en nuestra vida, con el paso de los años se va degastando nuestra fuerza y por el camino donde avanzamos se nos hace largo y pesado, pues hoy nos invitan las lecturas a caminar con fe, a acercarnos a Jesús y pedirle que renueve nuestra vida, que renueve nuestras fuerzas.

Por ello, el evangelista San Juan nos recuerda el mandamiento que nos dejo Jesús…”os doy un mandamiento nuevo: que os améis unos a otrosquisiera detenerme aquí e invitarles a reflexionar sobre el amor primeramente compartido, el amor que yo necesito tener con el otro, el amor no es para mí sola sino para compartirlo con los demás. Muchas veces ese compartir es uno de los problemas que los humanos tenemos, porque siempre vamos mirando al que mejor me cae, es verdad, yo no explico nada nuevo porque en miles de reflexiones se nos recuerda que estamos llamadas a amar a aquel que no es mi amigo, mi pregunta es: ¿Por qué somos sordos a esto, que necesitamos para que en verdad nos amemos y dejemos las rivalidades?, ya vemos hoy en día que si no hay amor, las guerras entre países sigue, a diario vemos en las noticias las muertes de los inocentes. ¿Porqué no empezar a brindar amor en nuestras comunidades, con nuestras hermanas, en gestos concretos? Yo creo que es ahí donde tenemos la tarea de cada día, vivir el amor sin importar a quien se lo brindemos, porque, es muy fácil quedar bien con los de afuera, pero ¿Cómo podemos dar amor si no lo vivimos en el lugar donde nos encontramos?, cuando lo vivamos entonces sí alegremente dirán “mirad como se aman”… y estamos llamadas a fundamentar nuestro amor en el que Jesús nos ha dado “como yo os he amado”

“La señal por la que conocerán todos que sois mis discípulos míos será que os améis unos a otros” como vemos, Jesús desea que todos nos amemos, que no haya ninguna división entre nadie.

Hubiera querido expresarle algo diferente pero a veces las muestras del amor de Dios muchas veces no se pueden plasmar.

Hna. Pilar Fuentes (comunidad de Alcora)

 

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