Ecos del Evangelio

23 noviembre, 2019 / Carmelitas
 JESUCRISTO REY DEL UNIVERSO

 

<<ES LA FIESTA DEL SEÑOR>>

 

Con la fiesta de Cristo Rey culminamos el tiempo ordinario, en el que nos hemos ido sumergiendo de lleno en la Vida, Muerte y Resurrección de Jesús. ¿Lo hemos reconocido? ¿Hemos aceptado tantos dones de su gratuidad? ¿Hemos puesto nuestros corazones a su disposición?

 

Al igual que los soldados puede que, también nosotros, no entendamos el lenguaje que Jesús emplea desde la Cruz.: Las palabras de perdón y de Misericordia, de Sacrificio y de Redención, de Sufrimiento y de Entrega…están vetadas en el mundo que nos toca vivir. El Ser humano parece que está condenado a lanzarse en brazos del odio y del egoísmo personal, del sálvese quien pueda o del propio interés.

 

El Reino de Dios, se nos descubre en distinta dirección. Nos salva con lo único que tiene y más ama el Padre: con Cristo. Y para entender el señorío de Jesús, es necesario contemplarlo en la Cruz. La Cruz nos sirve en bandeja las principales coordenadas de la forma de ser, pensar y actuar de Jesús: amor a su pueblo cumpliendo la voluntad de Dios.

 

¿Ese es vuestro Rey el de la Cruz ? Puede que nos pregunten algunos amigos nuestros. Sí; es ese Rey que, en el balcón de la televisión, muchas veces es caricaturizado; es ese Rey que, en la voz de muchos cristianos, es imperceptible por la falta de valentía a la hora de confesar su nombre; es ese Rey que, por lo que hacemos y decimos, a veces no reina en nuestro vivir.

 

¡Sí! ¡Ese es nuestro Rey!, al que acudimos cuando la fachada del mundo se derrumba; cuando los otros soberanos nos invitan a postrarnos ante ellos perdiendo la dignidad y hasta la capacidad de ser nosotros mismos. Sí; ese Rey que, nació pobre, pequeño, humilde, en el silencio y que –hoy- es exaltado en una cruz (también de madera), sin demasiado ruido y (como en Belén), humildemente nos llama a la fidelidad (sin más riqueza que su belleza interior).

 

¿De verdad podemos confesar si agachar la cabeza que somos sus seguidores, pero seguidores comprometidos?

 

¿No creéis que ya es hora de que muchos dejen de formar parte de ese gran batallón de los que ya no luchan, no esperan, no creen…ni sueñan?

 

¿De los instalados en esa gran masa amorfa que se dice cristiana, pero que mira para otro lado o se apunta al sol que mas calienta, y que va del hoy si y mañana no; y según y como, dependiendo de mis compromisos?

 

Fiesta de Cristo Rey. Dios, en Navidad, descenderá desde los cielos para estar con el hombre. Hoy, desde la cruz, nos enseña que –el camino del servicio, del amor y de la entrega- es la forma de ascender un día hasta su presencia. ¿Nos gusta ese trono en forma de cruz? Seamos sinceros con nosotros mismos. Cristo se merece seguidores sinceros.

 

Ciertamente, Jesucristo, es el único y desconcertante rey que sin hacer mucho ruido se ha colado en nuestras casas, corazones y hasta en nuestra misma Iglesia:

 

*Para que sepamos que no andamos solos.
*Para que sepamos que nuestras fatigas son sus cansancios;
*Para que sepamos que nuestras cruces son astillas de aquella otra gigantesca que Él llevó.
*Para que sepamos que podemos contar con Él para enfrentarnos a un mundo donde se vive como reyes, pero donde muchos mueren como pobres hombres porque su corazón lo han tenido siempre de vacaciones.

 

 

¿De verdad quieres reinar con Él, tú que me escuchas?, ¿Sí?. Te diré pues como puedes hacerlo, no sea que te confundas.

 

Mira lo harás….

 

*Cuando, más allá de trompetas triunfales anuncies, con tu propia vida y hasta con sangre que su reino es justicia, paz y libertad.

*Cuando, además de contemplar su belleza, descubras la radicalidad de su mensaje la dulzura y, a la vez, la exigencia de sus palabras.

*Cuando huyendo de la grandeza y del poder, abraces con humildad y obediencia, el peso de la cruz que surja por delante.

*Cuando sepas que estás pero que no eres del mundo.

*Cuando tengas claro que, no siempre serás comprendido como Él tampoco lo fue desde el primer día de su nacimiento.

*Cuando te decidas a vivir sin más bandera, que el evangelio en la mano; sin más fortaleza, que el alma bien dispuesta; sin más armas que el amor que dinamita el odio; sin más corona, que el servicio cumplido.

*Cuando sin miedo, anuncies con tu vida, su misericordia y su lealtad, su presencia, su fidelidad su reino de amor, de vida y verdad.

 

 

¿Cuantos años llevas con ese ser cristiano cansino, rutinario y que nada significa?

 

¿No es hora ya de decidirse pero de verdad por Cristo?

 

Llega el Adviento y lo hemos de comenzar con el convencimiento firme y sereno de que Jesús es quien mejor puede regir y dirigir los destinos del mundo. Sin Él estamos llamados a un viaje sin retorno. Necesitamos, hoy más que nunca, de un punto de referencia para el rearme moral y ético de nuestro mundo basado en la verdad, la vida, la justicia, la santidad, la gracia, el amor y la paz. No hay peor cosa que el vasallo que juega a ser rey, o una familia descabezada. ¡Cuántos de los que nos rodean, hablan, dictan, gobiernan, dicen y legislan y viven muy lejos los auténticos problemas del pueblo haciendo sufrir a sus súbditos!

 

¿Jesucristo Rey? ¡Por supuesto! Y hoy más que nunca. Es quien mejor nos conoce, quién mejor nos gobierna y quien mejor nos orienta para no arrodillarnos sino es sólo y exclusivamente ante Dios.

 

SI, POR LO MENOS PARA MI, TÚ ERES MI ÚNICO REY! Dame un corazón abierto y magnánimo:

Magnánimo en mi vida: escogiendo todo cuanto sube hacia arriba, no lo que se arrastra hacia abajo.

Magnánimo en mi testimonio: viendo en él no una carga que se me impone, sino la misión que Tú me confías.

Magnánimo en el sufrimiento: siendo verdadero centinela tuyo ante mi cruz; verdadero Cireneo para las cruces de los demás.

Magnánimo con el mundo: perdonando sus pequeñeces, pero no cediendo en nada a sus dictámenes.

Magnánimo con los hombres: siendo leal con todos, pero sacrificado por los humildes y por los pequeños; celoso por acompañar hacia Ti a todos los que me aman.

Magnánimo conmigo mismo: pero jamás replegado sobre mí, siempre apoyado en Ti.

Magnánimo contigo: Oh Cristo: consciente de vivir para servirte, dichoso de morir, para perderme en Ti.

 

 

Ha llegado la hora, si, de aceptar a Cristo con todas las consecuencias:

*¡Ya está bien de reducir su misión, su tarea y su mensaje a una «simple religión», en las que hay que cumplir unas normas y unos ritos, que es en lo que se está! Tienen que saltar por los aires los grilletes con los que viven su fe. Los que les han impuesto y los que ellos mismo se han impuesto, y hay que hacerlo cuanto antes mejor.

 

*La Iglesia es, a veces, más eclesiástica que eclesial, más preocupada por sí misma que por su misión. Y no podemos olvidar que la Iglesia es el medio, no el final. La Iglesia está al servicio del Reino y, por tanto, no se puede absolutizar ni cerrar en sí misma.

 

*Hoy, fiesta de Cristo Rey, espero que haya queda claro que clase de Rey es Cristo y si es a Él a quien seguimos o al que muchos-incluido no poco clero- se han inventado según sus intereses. Y además hoy debemos recordar cual es nuestra responsabilidad ante el Cristo Rey que nos narra el evangelio, responsabilidad que nos es poca, pero responsabilidad gozosa y maravillosa.
Dicho queda, para que nadie se engañe y para que nadie diga que no sabia lo que significaba seguir Cristo rey del universo.

 

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