Ecos del Evangelio

25 noviembre, 2018 / Carmelitas
JESUCRISTO REY DEL UNIVERSO. Jn. 18. 33-37

 

ESTOY ENTRE VOSOTROS COMO EL QUE SIRVE

 

 

Naturalmente somos seres en relación a un ser superior, tendemos a dar culto, volcar nuestros afectos, dejar lo que impide su relación y perder energías en alguien o algo que nos supera nuestra propia persona, en otras palabras a que rija nuestro ser, que Reine.

 

En el Evangelio, Pilatos, un no creyente como los judíos le pregunta a Jesús si es Rey. Jesús con su gran sabiduría le contesta con otra pregunta: ¿eso lo dices porque te lo han dicho o lo dices por tu cuenta? Jesús me hace la misma pregunta, es decir: hablas desde lo que piensas, desde un razonamiento inculcado por haber nacido en una familia católica, por tener una formación cristiana e incluso teológica o desde lo que tu corazón siente y nace de tu interior?

 

Cuantas veces he confirmado mi fe desde lo que he aprendido y no de lo aprehendido (con h), de lo que he hecho mío y que ha calado en mi ser, desde esa experiencia profunda de sentirme invadida por un Dios que dirige mi vida, a quien se la debo en totalidad y de quien me declaro sierva, esclava, como lo hizo la virgen María en la Anunciación.

 

Mi Reino no es de éste mundo.

 

• Los reyes de este mundo (autoridades) quieren ser servidos, no servir.

• Quieren tener y no dar.

• Quieren imponer, hablar a los demás y no detenerse a escuchar a nadie.

• Quieren tener razón y jamás cambiar de idea.

• Mandar y no obedecer a nadie.

• Poner sus condiciones y se molestan si no son observadas.

• Eliminar a quienes consideran como enemigos y a quienes no piensan como ellos.

• Se rodean de cómplices y de súbditos porque no tienen amigos.

 

 

También Jesús tuvo la tentación de ser un rey con estas características. El demonio lo quería atar al poder y consumo de las cosas, de cambiar todo, aun la palabra de Dios, y los propios intereses. (Pan de la Palabra. Misal anual 2018, San Pablo), esto recuerda lo que dice el papa Francisco: el Demonio entra por el bolsillo, esta tentación está latente en todos, porque la tentación de Jesús no es el solo hecho de tener poder, sino de que cambie la voluntad del Padre, él podía haber dado a conocer al Padre, curando a los pobres, resucitando a los muertos, etc., con todo lo que le ofrecía y con más facilidad teniendo poder y riquezas, más la voluntad del Padre no era esa.

 

 

A sí pues, cada uno en nuestra vida cotidiana podemos aparentar trabajar, hacer, vivir como lo que la gente cree que somos, pero si no Reina en mí una convicción fuerte y bien discernida de la voluntad de Dios, aunque haga que soy padre, madre, sacerdote, religiosa, amiga, hija… la meta no es la misma, porque la voluntad de Dios no se enfoca en eso, sino en lo que trasciende mi ser, él no quiere que me pierda, sino que me encuentre. A lo mejor no soy autoridad en ningún campo en los que me toca estar, pero ¿qué es lo que obedezco? ¿A quién obedezco? ¿Me conviene hacer o no hacer? ¿Distorsiono la verdad? ¿La misma palabra de Dios la uso como carnada para lo que quiero conseguir? En definitiva ¿a quien le he dado las llaves de mi corazón, a quien le he dado el poder de reinar en mí?…

 

Después de reflexionar… Pido a Dios Reine en mí, me invada, le ofrezco mi libertad, memoria, entendimiento y voluntad, mi haber y mi poseer, y le digo como esa hermosa oración: todo es tuyo, a ti lo ofrezco… pienso y me propongo un cambio en mí, ya que considero que el mundo se deja gobernar por tanta cultura de muerte, quiero que me mande y dirija tu amor, la cultura de la vida, esa vida que se da desde las firmes convicciones de crecer cada día en la autenticidad, en la humildad que andar en verdad como dice la Santa Teresa; y humilde es quien reconoce la grandeza del Rey que habita en el alma y reconoce la necesidad de recorrer el camino de encuentro hacia él cueste lo que cueste, deje lo que deje, quien se deja interpelar por su palabra aunque muchas veces, ésta se sienta amarga, pues la verdad que después preguntará Pilato qué es, será muchas veces esa que no gusta que me muestren, esa que contradice y muchas veces lastima mis esquemas.

 

Entonces pido con insistencia Señor “que te reconozca como mi Rey y Señor, porque tú amas mi vida, ayúdame a que guste tú de Verdad como el mejor camino de libertad autenticidad y felicidad, que no me deje llevar por lo que no eres tú y me propongo ……………………….. para que seas tú mi Dios y mi Rey”.

 

Ya en camino, hacia el adviento, este propósito o propósitos que me he hecho han de llevarme a abrir mi corazón a un viaje interior de cambio con una meta fija: “Para que Jesús nazca en mí”. Con las acciones concretas, por pequeñas que sean, en manos de María nuestra Madre y Reina del Carmelo, Dios la recibe como la mejor ofrenda.

 

 

Hna. Laura Alicia Cisneros Mendoza CSJ

 

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