Ecos del Evangelio

3 marzo, 2017 / Carmelitas
Jesús es tentado

LAS TENTACIONES DE JESÚS (Mt 4, 1-11)

En este primer domingo de Cuaresma, escuchamos en el Evangelio, el episodio de “las tentaciones de Jesús”, el Señor siempre nos va mostrando el camino a seguir. Según el evangelista Mateo, en tres lugares Jesús es puesto a prueba por el Diablo: en el Desierto, en el Templo y en el Monte.

El desierto, representa un lugar donde no hay posibilidades de vida. Jesús en medio de esa realidad hace ayuno durante 40 días con sus noches, símbolo de los 40 años del éxodo del pueblo de Israel. Después de ese tiempo significativo, el tentador se acerca a Jesús para ponerlo a prueba en su divinidad: “Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en pan”. Jesús contestó: “Está escrito: No sólo de pan vive el hombre, sino de toda Palabra que sale de la boca de Dios”. El Tentador pide a Jesús que use el poder de su palabra, para realizar un milagro fácil, en bien personal. El Señor responde haciéndose pequeño y enalteciendo a Dios, dejándole claro al Diablo, que Dios es quien está por encima de todo y con Él lo tenemos todo, por ello sólo a Dios debemos escuchar y obedecer.

El Templo, representa el lugar de encuentro con Dios. El diablo pone a prueba a Jesús en ese lugar sagrado, diciéndole: «Si eres Hijo de Dios, tírate abajo, porque está escrito: A sus ángeles te encomendará, y en sus manos te llevarán, para que no tropiece tu pie en piedra alguna.» Jesús le dijo: «También está escrito: No tentarás al Señor tu Dios.» El Diablo, en esta escena cita la Sagrada Escritura y pide a Jesús un espectáculo. Al cual responde Jesús también con otra cita Bíblica, rechazando la tentación y poniendo a Dios en primer lugar como Señor de la Vida.

El Monte o la Montaña simbolizarían el espacio donde se manifiesta la divinidad y humanidad de Jesús, recordando que en el Monte Tabor fue la transfiguración y en el lugar llamado Gólgota, lugar de la Calavera, es donde el Señor entregó su Espíritu al Padre. La segunda tentación tiene lugar en el Monte, Satanás le muestra a Jesús todos los reinos del mundo y su gloria, y le dice: «Todo esto te daré si postrándote me adoras.» Jesús rechaza la tentación de tener el poderío del mundo. Respondiéndole: «Apártate, Satanás, porque está escrito: Al Señor tu Dios adorarás, y sólo a Él darás culto.» Entonces el Diablo le deja. Y he aquí que se acercaron unos ángeles y le servían.

En las tres tentaciones el objetivo del Diablo es: Apartar a Jesús de la voluntad de Dios Padre, y poner a prueba su naturaleza divina. Sin embargo, Jesús el Hijo de Dios vence al Diablo en todas sus manifestaciones. Él nos enseña como permanecer en fidelidad y amor al Padre, desde la escucha, la obediencia y la adoración únicamente a Dios que es Señor de Señores.

Hermanos y hermanas, reflexionemos, si Jesús siendo el Hijo de Dios fue tentado ¿Cómo no hemos de pasar por esas mismas pruebas también nosotros? Muchas cosas decimos ofrecer a Dios, buscando tener una comunión constante con Él, pero suelen pasar inconvenientes, aquí es donde el Demonio busca empobrecer o quitar esa fuerza de fidelidad, amor y entrega, haciéndonos creer que tenemos poder, llenándonos de soberbia, poniendo la confianza en nosotros mismos, haciéndonos olvidar que sólo Dios es quien puede hacer cambiar lo que no nos deja crecer y sólo Él nos puede dar lo que nos hace falta.

Por tanto, aunque miremos las cosas muy difíciles, no perdamos esta confianza en que Dios está obrando en nuestra vida. Y cuando llegue alguna tentación digamos como Jesús dijo al Demonio: Aléjate de mí Satanás porque sólo a Dios he de adorar, no importa lo que pase, sé que Él está conmigo, Él me formó y todo lo creó con amor.

Finalmente, recordar que Jesús en la oración del Padrenuestro, nos invita a orar al Padre pidiendo lo que necesitamos, por eso, decimos con fe: “Padre danos hoy nuestro pan de cada día… no nos dejes caer en la tentación y líbranos del Mal”. Dios está cerca de nosotros, más cerca de lo que nos imaginamos, abramos nuestro corazón y digámosle:

Padre creador del cielo y de la tierra, Tú lo sabes todo, todo lo puedes hacer, todo es tuyo; deseo dejarme moldear, agradarte, servirte, hacer siempre tu voluntad. Ante las pruebas, ayúdanos a estar vigilantes para rechazar cualquier tentación; que nada arranque de nuestro corazón el amor y la certeza de que Jesús nos ama, Él sólo pide nuestra colaboración y confianza en su palabra, pero también, hemos de ser conscientes de nuestra implicación en la realidad cotidiana, recordemos que… “no todo depende de Dios”, por algo Él nos dio la libertad, para elegir el camino del bien o del mal. Hna. Micaela Villa Vargas CdSJ

 

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