Ecos del Evangelio

15 abril, 2017 / Carmelitas
Jesús RESUCITÓ

VIGILIA PASCUAL CICLO A 2017 «El primer día de la semana»…Esta expresión deberíamos hacerla nuestra como el comienzo de una nueva y definitiva manera de vivir el seguimiento de Cristo durante toda nuestra vida. Aun, el cristianismo en general, no se ha dado cuenta de la importancia de la Resurrección de Cristo, motivo por el cual nos reunimos el primer día de la semana( el domingo )para celebrar lo mas importante que ha sucedido y sucederá en la humanidad. Con la resurrección de Cristo, se produce un antes y un después en la humanidad. El antes: el tiempo de la muerte y de la tumba. El después: la vida nueva. Amigos: no es un cadáver lo que veneramos, no es el recuerdo de un hombre bueno lo que nos une. Es una Presencia real y para siempre. Las mujeres y los apóstoles quedaron muy tocados. Las mujeres se acercaron a la tumba para embalsamar a Jesús, para momificarlo, como para guardarlo en un mausoleo. Necesitaban alguna señal para despertar de la religión de la tristeza y del miedo, de la vergüenza en la que vivían, Y el ángel les dio la gran noticia:“Porque buscáis entre los muertos al que vive”. Pero faltaba la traca final, la aparición de Cristo a la Magdalena¡Ah cuando Cristo se aparece a la Magdalena! , ella se convierte en apóstol de los apóstales! Estas escenas de incredulidad y de dudas de los primeros seguidores de Cristo ante su resurrección son un serio aviso a muchos cristianos de hoy día. ¡Cuantos siguen asomados a la tumba, viviendo de viejas tradiciones, de lo que otros pensaron e hicieron, del recuerdo de cosas que ya no nos dicen nada! Muchos siguen en el sábado: día de silencio, de pasividad, de rutina, aplastado por el peso de los acontecimientos, temeroso del futuro. Es el cristianismo del hastío, de la costumbre, de la falta de iniciativas, de la escasa imaginación. Es el cristianismo del solo cumplimento de unas normas, sin empuje, sin renovación. El cristianismo instalado y aburguesado.¡Que estamos ya en el primer día de la semana! ¿Se darán cuenta muchos cristianos? Y la voz de Dios sigue diciéndonos 20 siglos después: «Sé que buscáis a Jesús el crucificado. No está aquí: ha resucitado, como había dicho.» La resurrección de Cristo nos llama a Vivir. Y sólo vive el que mira hacia adelante, el que piensa y crea; el que transforma; el que se encarna en su comunidad para hallar soluciones concretas a sus problemas; el que no encasilla el Evangelio en recetas dogmáticas o moralistas. La resurrección de Cristo nos llama a no buscarlo entre las nubes ni entre los libros. Nuestro Dios es un Dios viviente, que ya ha bajado y está aquí con nosotros. Hay que descubrirlo en la empresa de transformación total de la sociedad. Un Dios que quiere cambiar el rumbo de la historia, pues estamos viviendo “la nueva y definitiva semana” de la humanidad Y Cristo se aparece en primer lugar a las personas relegadas de la sociedad y del judaísmo Fueron mujeres las primeras en recibir el gran anuncio; ellas, las tenidas como personas de segundo rango, las olvidadas, el pueblo humilde y marginado, las únicas que se preocuparon de hacer algo por aquel cuerpo torturado y llagado. Es la tónica de todo el Evangelio: Dios sigue revelándose a los pobres y humildes, a la gente despreciada, a los que la sociedad niega un lugar adecuado para su promoción, a los ignorantes. Fue la sencillez, la frescura y la sinceridad de las mujeres lo que les permitió «ver a Jesús» de otra manera, como aquellos pastores que en Belén lo vieron como el Enviado de Dios. Mujeres de vida interior, capaces de abrirse a un mensaje nuevo, de meditarlo y de transmitirlo…Por eso “Volvieron del sepulcro” -abandonaron su esquema de vida- y corrieron hasta los demás discípulos para anunciarles la Buena Nueva; discípulos engreídos que las tomaron por visionarias… Esta noche se nos invita a pasar al primer día de la semana, a abandonar el sepulcro de un cristianismo estático y convencional, para anunciar a los hombres -aunque se resistan- que perdemos el tiempo celebrando un culto alrededor de un muerto, porque Él vive en su pueblo y busca gente bien dispuesta para una empresa que exige coraje, alegría, libertad… Se nos invita a que caminemos en una Vida nueva. El apóstol Pablo se encarga de hacernos bajar de las nubes y del romanticismo pascual, para que comprendamos que ya la Pascua ha de ser una realidad permanente en cada cristiano que ha sido bautizado. La noche pascual es el punto de partida para poner a trabajar el bautismo que de pequeños recibimos… Sí, porque el bautismo no es un simple rito: es vivir ya como hombres nuevos. “Nuestra vieja condición ha sido crucificada, quedando destruida nuestra personalidad de pecadores… Por el Bautismo fuimos sepultados con Cristo en su muerte…, para que caminemos en una vida nueva.» En la Pascua se nos invita a morir a nosotros mismos, en lo que de viejos y pecadores tenemos y “vivir para Dios en Cristo Jesús”. Y Pablo se encarga de explicarlo para que no nos vayamos por las ramas y la poesía. ¿Qué quiere decir resucitar con Cristo y vivir en Cristo? Es mucho más que esperar el «más allá». Es vivir ahora como Cristo, compenetrados de ese Evangelio tan desconcertante que nos exige desnudarnos de una forma de afrontar la vida, para revestirnos de las formas de la santidad , esa maltratada palabra que parece que no esta dicha para nosotros ,y que no significa otra cosa que “Vivir en Cristo y como Cristo”. La Pascua no es un día al año en que nos hacemos a la idea de que algún día resucitaremos con Cristo… Es caminar ahora en la vida nueva: nueva manera de comunicarnos, de tratar al vecino, de estar en familia, de organizar nuestro trabajo, de hacer algo por los necesitados y por los que les han robado la dignidad de personas La Pascua es luchar para que la historia avance, la dignidad crezca, la libertad se amplíe, el pueblo adquiera sus derechos, los pobres mejoren sus condiciones de vida, y la Iglesia anuncie con valentía este insólito Evangelio… Aunque muchos prefieran a un Jesús enlosado o emparedado. Aunque otros se hayan quedado lacrimosos y agarrados a la cruz del Viernes Santo. Aunque otros, por el paso y el peso de los nuevos tiempos, hayan vendido a Jesús, no tanto por ruidosas monedas de plata, cuanto por cobardía o vergüenza. ¡Cristo ha resucitado! A cristo ya no hay que buscarlo en el sepulcro, sino en la vida cotidiana .Una VIDA con mayúsculas que se nos es regala en la medida en que nos ponemos en movimiento para buscarla. Cuando nos ponemos en actitud de fe y de confianza y nos comprometemos a vivir el evangelio y a testimoniarlo. Busquemos a Cristo en su Palabra que es vida. En muchos gestos que nos ha dejado como cuño e impronta de su existencia. Descubramos a Cristo en la Eucaristía, memorial de su muerte y de su vida. Preguntemos por Cristo en el hermano, donde Jesús camina, llora, sufre y goza, a veces demasiado invisiblemente a nuestros ojos. Ahí lo encontraremos sin duda. La victoria de Cristo sobre la muerte, nos invita a salir de la oscuridad de la noche a un inmenso paraíso en el que, sólo, existe el día. La victoria de Cristo sobre la muerte, nos invita a ser mejores buscando lo santo y bueno que hay en mucha gente, aunque sobresalga en los medios de comunicación solo lo negativo. La victoria de Cristo sobre la muerte nos invita a no alejarnos de los senderos del Evangelio, porque quienes prescinden de Cristo, no viven, solo sobreviven. La victoria de Cristo sobre la muerte nos invita a salir de la tiniebla que nos confunde, del error que nos debilita, de la desilusión que nos paraliza. Con la victoria de Cristo sobre la muerte, nuestro cuerpo, además de humanidad, destilará ansias de eternidad, de una felicidad fecunda, de un futuro en el que, de verdad, podamos decir que somos felices. Con la victoria de Cristo sobre la muerte, la muerte será una siesta de una tarde, un descanso para levantarnos en mañana de Pascua eterna; un silencio para luego explotar en palabras de gloria; una humillación para a la voz del Señor estallar en una existencia sin tregua, en un final sin llanto. Con la victoria de Cristo sobre la muerte, renace en nosotros la juventud y los anhelos de justicia, de un futuro sin nubarrones a nuestra existencia. Con la victoria de Cristo sobre la muerte, descubrimos, en fin, que DIOS nos aguarda con los brazos abiertos a todos los que en la tierra le buscan, le siguen y no le olvidan. ¡Feliz Pascua de Resurrección a todos vosotros, amigos, amados de Dios!

 

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