Ecos del Evangelio

7 julio, 2016 / Carmelitas
JESÚS Y LA MUJER PECADORA

El episodio de la mujer perdonada (Lc 7, 36-50), es característico y exclusivo de Lucas, como también el episodio de las mujeres discípulas de Jesús (Lc 8, 1-3). En estos dos episodios se distinguen dos partes: primera parte Jesús y la mujer perdonada; segunda parte Jesús y las mujeres discípulas.

La primera parte, se podría dividir de la siguiente manera:

El encuentro de Jesús y la mujer,la reacción silenciosa de Simón y el diálogo con Jesús,el perdón de Jesús a la mujer.

El encuentro de Jesús y la mujer. Una mujer nos da ejemplo de amor y valentía, al ir a buscar a Jesús en un lugar donde no le era permitido, ya que era exclusivo de hombres. Sin embargo, ella sin ser invitada, sin tener buena fama, entra a la casa de Simón, sin importarle el rechazo o el desprecio por parte de los comensales y del mismo fariseo. Ella logra su objetivo encuentra a Jesús y le expresa mucho amor no con palabras sino con obras: Se pone a sus pies, llora y con los cabellos de su cabeza le seca los pies, se los besa y unge con el perfume.

Jesús acoge a la mujer y le da libertad para que le manifieste su amor con gestos de cercanía y delicadeza. Simón se escandaliza y dice para sus adentros: «Si éste fuera profeta, sabría quién y qué clase de mujer es la que le está tocando, pues es una pecadora». El Maestro le da una lección a Simón, por medio de una parábola: Un acreedor tenía dos deudores, un deudor le debía 500 denarios y el otro le debía 50 denarios y como no tenían para pagarle, perdono a los dos. Luego, Jesús le Pregunta a Simón: ¿Quién de ellos le amará más? Respondió Simón: «Supongo que aquel a quien perdonó más». Él le dijo: «Has juzgado bien», y volviéndose hacia la mujer, dijo a Simón: « ¿Ves a esta mujer?… Jesús le pone de ejemplo a la mujer que ha realizado todo lo que él debía haber hecho y no lo hizo. Jesús dice a Simón: «Por eso te digo que quedan perdonados sus muchos pecados, porque ha mostrado mucho amor. A quien poco se le perdona, poco amor muestra».

La actitud del fariseo parece incapaz de comprender la misericordia de Dios. Simón se encuentra entre aquellos a los que se les han perdonado poco. El Maestro y Señor perdona a la mujer delante de Simón y de todos los comensales, Él le dice: «Tus pecados quedan perdonados. Tu fe te ha salvado. Vete en paz». La mujer es perdonada, se va llena de paz al recibir el amor y la misericordia del Señor Jesús.

Por eso, con este episodio Jesús se manifiesta, cercano y misericordioso al perdonar a la mujer, Él nos enseña -con sus obras y palabras- a acoger a cada persona. La acción de la mujer es ejemplar por el amor que expresa a Jesús, por recibir el perdón del Señor. Acerquémonos al Hijo de Dios para que renueve nuestro corazón, con los sentimientos más delicados del ser humano: El amor y la gratitud.

En la segunda parte, tenemos el episodio de Lucas 8,1-3, Lucas nos confirma la presencia y el seguimiento de las mujeres respecto al Maestro. “Jesús andaba recorriendo pueblos y ciudades, proclamando la Buena Noticia del Reino de Dios. Lo acompañaban los doce y algunas mujeres a quienes había liberado de espíritus malignos y de otras enfermedades: María Magdalena, de la que Jesús había sacado siete demonios; Juana, la mujer de Cusa, administrador de Herodes, Susana, y otras muchas. Todas ellas le servían con sus bienes”.

En estas breves líneas, se mencionan dos grupos bien identificados de personas, que acompañaban a Jesús en su misión de proclamar la Buena Nueva del Reino de Dios: Los Doce y las mujeres.

La novedad en este episodio, es que Jesús iba acompañado no sólo de discípulos, sino también de discípulas. Lo sorprendente es ver que al lado de Jesús hay hombres y mujeres. Lucas los coloca en igualdad de dignidad, pues ambos siguen y escuchan a Jesús. De los Doce dice Lucas, que le acompañaban, en cambio de las mujeres afirma que no sólo le acompañaban sino que también le servían con sus bienes. Eso quiere decir que no todas eran pobres, sino que disponían de bienes, siendo autónomas e independientes. Lucas las nombra: María Magdalena, de la que Jesús había sacado siete demonios, es decir, estaba totalmente liberada. Juana, mujer de Cusa, un administrador de Herodes, Susana y otras muchas.

El hecho de que Jesús fuera acompañado por varias mujeres era algo nuevo, sorprendente e incluso escandaloso entre los judíos. Teniendo en cuenta el papel socio-religioso que tenían las mujeres, en la sociedad del siglo I, las cuales estaban marginadas por el sometimiento con respecto a los hombres. Esto hace pensar que algo importante habrán vivido en relación con Jesús, para que ellas decidan seguirlo de esa forma tan radical y Él las acepte como parte de ese grupo de discípulos que le acompañaban.

La primera afirmación sobre las mujeres es que han sido curadas de enfermedades y liberadas de malos espíritus. Para Bovon las curaciones que Jesús realiza a las mujeres suponen el equivalente a los relatos de vocación de los varones: Ellas siguieron y sirvieron al Maestro porque las sanó.

La actitud inclusiva de Jesús, contrasta con la mentalidad de su época, Él no practica ninguna discriminación entre hombres y mujeres. Lc 8, 1-3 es una huella reveladora, una impronta de la memoria que atestigua la presencia -ciertamente nueva-, incluso revolucionaria, de las mujeres en su seguimiento. Por último, a partir de este momento, las mujeres no volverán a aparecer como grupo, ya que aunque presentes, se harán invisibles, hasta aparecer de nuevo junto a Jesús en los momentos de la Pasión, Muerte y Resurrección. Ellas estuvieron presentes en los acontecimientos más importantes de la vida de Jesús. Siendo fieles discípulas itinerantes junto Él.

Finalmente, invitarlos e invitarlas a meditar la Palabra de Dios, la vida de Jesús y el testimonio de las mujeres: La mujer perdonada, María Magdalena, Juana, Susana y otras muchas. Ellas se convirtieron al lado de Jesús en mujeres liberadas del mal y de las enfermedades, se convirtieron en mujeres libres para amar y servir. Aprendamos el ejemplo de la mujer perdonada a dar mucho amor sin esperar nada a cambio, y de las mujeres discípulas sigamos al Maestro, escuchemos su Palabra, sirvamos juntos -hombres y mujeres- en la predicación de la Buena Nueva del Reino de Dios, desde esa vocación y misión a la que Él nos ha llamado.

Hna. Micaela Villa Vargas csj

 

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