Ecos del Evangelio

7 julio, 2016 / Carmelitas
José de Nazaret

A partir de mi silencio

invoco ansiosamente tu silencio.

Tú que fuiste palabra sin palabras,

que articulaste versos con las manos,

que esparciste paz con la mirada,

que diste seguridad con tu presencia…

siempre callado, casi de rodillas

ante el misterio del amor,

atenderás mi súplica fervorosa:

quiero ser cómo tú, silencio fértil,

silencio atento y acogedor

de los mínimos detalles que revelan

al Dios humilde que crece a tu lado.

Silencio tierno que cultiva flores

en el jardín maternal de María.

Silencio que contempla y disfruta

la grandeza de Dios hecho uno de los nuestros.

Jesús descansa a tu lado,

duerme, confiado, al calor de tu cariño.

De tu mano fue al Templo,

de tu mano aprendió a manejar las herramientas.

Se volvió amigo de la madera,

le gustaba esculpirla, darle forma

de pilares, puertas, vigas…

sus manos las transformaban en casas.

Y heredó tu estilo,

carpintero de la madera de las almas.

José de Nazaret, acogedor del silencio

que nutre la Palabra.

José de Nazaret, que nos haces respirar

la firme y rebosante certeza de ser hijos.

Acógenos de nuevo en tu morada

cuida de nosotros y de todos

que somos emigrantes fugitivos para Egipto.

Enséñanos a trabajar amando,

inúndanos de salmos elocuentes,

vacíanos de palabras infecundas.

Haz que escuchemos siempre

la Palabra única y que sintamos,

en el silencio envolvente de tu cariño,

el aliento de Jesús y de María.

 

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Carmelitas de San José

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