Ecos del Evangelio

15 agosto, 2019 / Carmelitas
LA ASUNCIÓN DE LA VIRGEN MARÍA 2019

 

El «sí» de María a Dios

 

 

Hoy es una fiesta no solo de toda la Iglesia, sino de toda la humanidad. En un mundo en que no abundan precisamente las buenas noticias, nosotros estamos celebrando que Dios ha querido que María, una humilde mujer de Israel fuera la madre del Mesías, del Hijo de Dios, y que después fuera la primera que participara plenamente, en cuerpo y alma, de la gloria de su Hijo, en el cielo. Es la mejor noticia, porque nosotros estamos llamados a seguir su mismo camino.

 

O dicho de otra manera: Lo que Dios ha realizado en María es también nuestra victoria. El «sí» de María a Dios, fue el modelo de lo que ha de ser nuestro «si». Y el «si» de Dios a ella es también un «sí» de Dios, dirigido a todos nosotros, porque a todos nos prepara el mismo destino que a ella. Como diremos en el prefacio, «ella es la figura y primicia de la Iglesia que un día será glorificada: ella es consuelo y esperanza de tu pueblo, todavía peregrino en la tierra».

 

*Hoy es el día en que DIOS eleva a la Virgen en el podium del cielo; le abre sus puertas, la sienta a su lado por haber jugado limpio, con sencillez y obediencia, con pobreza y humildad, con pureza y con disponibilidad…

 

*No me extraña que miles de pueblos, parroquias, catedrales, santuarios, ermitas, hombres y mujeres, continentes, la tengamos como punto de referencia en nuestras vidas: la suerte que tuvo Ella la podemos tener nosotros.

*Si Ella subió a los cielos; nosotros también estamos llamados a encontrarnos con la Madre en ese mismo lugar.

*Si Ella permaneció hasta el final FIEL a sus principios, que nosotros no los perdamos. La fiesta de la Asunción es precisamente eso: NO PERDER EL NORTE…NO DEJAR QUE NADIE VULGARICE NUESTRA VIDA.

 

 

Nos hacen falta fiestas como esta. No estamos viviendo tiempos fáciles. La imagen de una comunidad en lucha, tal como aparece en el Apocalipsis, la estamos viviendo también en nuestros tiempos. También a nosotros nos toca luchar contra los «dragones» que nos tientan en este mundo, y que hacen que se haga cuesta arriba el vivir según el evangelio de Jesús.

 

Hoy, mirando a la Virgen María que ya comparte la victoria de su Hijo, nos debemos reafirmar en nuestra confianza. La Asunción nos demuestra que el plan de Dios es plan de vida y salvación para todos. La Asunción es un grito de fe en que es posible la victoria contra el mal. Que va en serio lo que Dios ha pensado para nosotros y para la humanidad. Que nuestro destino no es la muerte, sino la vida y la felicidad eterna. La Asunción es una respuesta de Dios a los pesimistas, a los perezosos, y también a los materialistas que no ven más que los valores económicos y tangibles. ALGO Y ALGUIEN está presente en nuestro mundo que trasciende nuestras fuerzas y nos lleva más allá.

El destino de la humanidad, después de una vida plena y comprometida aquí abajo, es la glorificación en Cristo y con Cristo. Por eso en la misa de hoy estamos pidiendo repetidamente a Dios que también nosotros lleguemos a participar con Cristo y con María de su misma gloria en el cielo. No sabemos cuándo y cómo sucederá. Pero sabemos que si queremos sucederá, porque en una persona de carne y hueso como nosotros, ya ha sucedido .

 

Hoy, al celebrar su fiesta, al celebrar que Ella, porque ha creído también comparte la vida plena de su Hijo JC, recordamos cual es el camino que nosotros estamos llamados a seguir: el mismo camino de tanta gente que ha querido creer en Jesús, y que ha sido capaz de vivir poniendo su confianza en el Padre y en su amor, y no en la riqueza, el bienestar personal o sobresalir por encima de los demás.

 

En María se ha realizado lo que su cántico proclama. María fue capaz de confiar en el Señor; fue capaz de esperar por encima de todo; fue capaz de vivir apoyada en las promesas de Dios y no en sus méritos. Por ello Dios la escogió y goza ya de su misma gloria. En María , y a través de ella, Dios ha hecho a los hombres la oferta de vida que ha llevado a la Virgen a ser asunta al cielo.

 

MADRE DE DIOS Y MADRE NUESTRA:

No me dejes desviarme del camino que lleva al cielo.

Concédeme un rinconcito, donde pueda descansar en el cielo.

Un lugar humilde, desde el que yo pueda contemplar a Dios.

Un oasis, donde pueda vivir en paz.

El gozo del silencio, para poder escuchar la voz del Señor.

Un corazón de carne, para convertirme de mis pecados.

Un traje de fiesta, para que me pueda presentar ante Dios.

Un calzado nuevo, para que no ensucie las calles del cielo.

Prepárame con tu Asunción, la hora en la que yo sea llamado; el momento en el que yo sea partícipe de la gloria de Dios.

Ayúdame a descubrir, que son solo las obras de amor las que abren las puertas del Paraíso. Muéstrame con tus ojos una mirada limpia para ver a Dios.

Trázame con tus pies, caminos por los que encuentre al Señor.

Revélame con tu humildad, actitudes de acogida y de perdón.

Ayúdame con tu Asunción a preparar, el día en el que, pueda presentarme ante Dios: sin más tesoro que la fe; sin más inversiones que la caridad; sin más pretensiones, que la esperanza.

 

 

¡SI, HOY TE SUBEN, MADRE A LO MAS ALTO!

Porque, flor como Tú, no puede marchitarse debajo de la tierra.

Porque Dios, te quiere para que sigas floreciendo en el cielo.

Porque, Cristo, te espera con los brazos abiertos, tan abiertos como los que Tú le ofreciste en la noche de Belén.

 

 

¡TE SUBEN, MADRE A LO MAS ALTO!

Para darte gloria y honor, y los ángeles felicitarte.

Para ensalzar y cantar tus proezas.

Para que, tu cuerpo y tu alma, estén junto al Creador.

 

¡TE SUBEN, MADRE A LO MAS ALTO!

Por las veces en que Tú bajaste al valle de nuestras lágrimas.

Por los momentos que compartiste nuestra cruz.

Por los instantes en los que dijiste “sí”

Por los momentos de prueba e incertidumbre.

Por todo eso, Madre, y por tu fe.

 

 

¡TE SUBEN, MADRE AL CIELO!

No dejes, desde la otra orilla, de acompañar a tu pueblo.

De enviarnos destellos de tu Nueva Morada.

De iluminar nuestra fe por tu intercesión ante Dios.

De hacer más grande nuestra vida con tu presencia alentadora.

 

 

Haz, oh Madre, desde esa nueva realidad que Tú vives, que también nosotros un día podamos contemplar y vivir cerca de Aquel que hoy te asciende, te abraza y se goza contigo: DIOS.

 

Mientras nos llega la hora de nuestra Asunción, seamos apóstoles de la Virgen, porque ser apóstoles de ella es ser apóstol de la felicidad:

Llevemos a María al que sufre soledad, y le haremos sonreír.

Llevemos a María al tímido, y lo convertiremos en decidido y emprendedor.

Llevemos a María al triste, y el que padece, y comenzará a disfrutar.

Llevemos a María al anciano, y lo veremos como rejuvenece su vida.

Llevemos a María al pecador, y veremos cómo vuelve muy pronto a su Dios.

Llevemos a María a nuestro propio hogar, y veremos lo que será nuestra familia con dos madres juntas, que no son rivales celosas, sino dos amigas inseparables. Llevemos a María a nuestros amigos, ¡y sabremos lo que es amarnos con una mujer como Ella en medio de nuestras amistades!…

Llevemos a María a nuestra propia vida, si es que la tenemos un poco olvidada y veremos el milagro que se produce.

 

¡Ella es la más tierna de las madres y la más poderosa de las reinas! Con ella todo lo podemos. Pidámosle con toda nuestra alma y nuestro ser lo que cada uno traiga en lo más íntimo de su corazón, porque no hay mejor intercesora que Ella, ante su Hijo Jesucristo.

 

¡Feliz día de la Asunción, a todos vosotros, amigos amados de Dios!

 

Volver
Carmelitas de San José

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.

ACEPTAR
Aviso de cookies