Ecos del Evangelio

5 enero, 2021 / Carmelitas
LA EPIFANÍA DEL SEL SEÑOR CICLO B 2021

 

¡Seamos manifestación de Dios!

 

 

La fiesta de la Epifanía del Señor, es la manifestación DEFINITVA del Señor a todos los pueblos de la Tierra, sin diferencia ni distinción de ideas ni de razas ni de continentes. Él, es el Salvador de todos los hombres, de todos, no sólo de los que nos decimos cristianos. Y en cambio, esta que es la manifestación más importante y decisiva de la historia de la humanidad, no solo no interpela, sino que se desfigura y se arrincona.

 

El corazón del hombre ha perdido sensibilidad a lo divino. Dios nos convoca otro año más, para que no olvidemos su presencia, su Palabra, su estar ahí. Y para que nos preguntemos, donde estamos nosotros y por que camino transcurre nuestra vida. Porque lo que nos trae, es ni mas ni menos que la salvación eterna. Y gran parte de la gente detrás de los «chiquilicuatres de medio pelo ¡Que tiempo precioso se está perdiendo!

 

¿Nos daremos cuenta alguna vez que la manifestación de Dios, es la única que nos puede llenar el corazón?

*La manifestación de Dios es silenciosa, única e irrepetible, pero el hombre, pero la ha de acoger libremente.

*La manifestación de Dios hacia el hombre es humilde. No esperemos algo espectacular. La puerta, preferida por Jesús para que vayamos a contemplarle, es pequeña, estrecha y –por ella- pasa lo más justo y necesario: la fe. Lo demás, o queda fuera, o no podremos entrar con tanto trasto inservible.

*La manifestación de Dios es clara. Quien apuesta por Él, ha de aprender a dar signos visibles de que lo ha acogido con verdad y sin adulteración.

*La manifestación de Dios no lleva más pancarta que el amor. ¡Algo de esto debieron ver los Reyes cuando, dejando oropeles, palacios, siervos y riquezas, encontraron que el amor en un Niño, superaba todo lo que se podían imaginar en sus vidas!

*La manifestación de Dios invita a buscar caminos para participar en ella. Los Magos encontraron una estrella. También nosotros, por la oración, la Eucaristía, la contemplación, la caridad o la misma iglesia, tenemos todo para iluminar el camino de nuestra existencia, para que no nos perdamos en la búsqueda y el encuentro personal con Cristo.

 

 

Consecuencias de la manifestación de Dios Cuando se ha participado de verdad, de esa manifestación de Dios, se sale de ella por otros caminos. En estos días de Navidad, escuchar la Palabra de Dios; orar en el silencio y en la intimidad; venerar al Niño Jesús; quedarnos extasiados ante la Sagrada Familia; etc., implica marcharnos luego, a las cosas de cada día, con diferente semblante. 

 

Encarar la vida por otros senderos:
Con actitudes muy distintas.
Con un corazón grande.
Con las manos abiertas.
Con el espíritu profundamente tocado por la mano divina. Como los magos, que a su regreso de la adoración, sus vidas cambiaron radicalmente.

 

 

Muchos hoy, como los letrados de entonces, no habrán reconocido la presencia de Dios que ha venido para quedarse. Ojalá que nosotros, aún viviendo a veces paganamente y alejándonos del brillo de la estrella, hallamos conseguido vibrar por dentro con el nacimiento de un Dios que goza diciéndonos que es para todos.

 

 

*Jesucristo, hoy como entonces, tropieza con muchos “Herodes” a los cuales les molesta su presencia. Quieren un reino a su antojo; sin más ética que el bienestar particular o la simple estética; con pensamiento único y sin más referencia que el puro y duro nihilismo, pragmatismo o humanismo.

*Jesucristo, hoy como entonces, sigue estando escondido a los ojos de muchos poderosos, y sigue siendo desconocido por millones de hombres y de mujeres que, ajenos al acontecimiento de su Nacimiento, esperan que alguien les lleve una palabra, una referencia sobre Alguien que les de sentido a sus vidas.

*Jesucristo, hoy como entonces, sigue en la indiferencia para no pocos que dicen tener fe.

 

 

Hay muchos de los nuestros, que olvidaron el amor que Dios les tiene. Convivimos quizás con familiares a los cuales, los nuevos “herodes” del consumo, el laicismo, el materialismo o de la apariencia, han podido con el Niño que llevaban en su corazón. Hemos de ser capaces de mostrarles esa estrella que nos conduzca, junto con los que más queremos, a los umbrales del Portal de Belén. ¿Seremos epifanía o negación de Dios? ¿Seremos manifestación u obstáculo a su presencia? ¿Le daremos vida en nuestra vida, o lo arrinconaremos cuando pasen estos días? Todos estos interrogantes en este día de los Reyes Magos, nos exigen una respuesta.

*La fe nos exige “ser los nuevos magos del siglo XXI”.

*La fe nos exige seguir preguntando e indagando por el paradero de Jesús, que está en medio de nosotros y muchas veces no lo vemos porque pasamos de Él.

*La fe nos exige preguntarnos: ¿de qué reinos hemos de desinstalarnos para seguir a la estrella de la fe?

 

 

La demostración de la fe es la conversión, y no hay otra. No es posible creer y vivir como si tal cosa. La fe misma es ya una conversión radical, pues nos cambia desde la raíz, de nuestra mentalidad. Por eso se manifiesta enseguida en las obras, en la conducta y en el talante.

 

El que cree en Dios no puede vivir como si Dios no existiera o como si Dios fuera un superman o un remedio para todo a nuestra disposición y conveniencia.

El que cree en la paternidad de Dios, no puede vivir como si los demás no fuesen hermanos.

El que cree de verdad en Cristo, sabe que no puede conformase con asentir una serie de formulas y ritos y normas, sino su estilo de vida tiene que asemejarse al que nos trae Cristo.

 

 

Nunca, las traiciones o los rechazos a Dios, han de ser excusas para permanecer cómodamente sentados en los tronos de nuestros pequeños reinos. Hagamos nuestros los consejos del emérito Papa Benedicto XVI :»es necesario seguir caminando sobre los camellos del asombro y de la fe; a lomos de nuestra valentía que nos anima a profesar, con convencimiento y sin echarnos atrás, para dar a conocer el mensaje de esta Santa Navidad: ¡Dios ha nacido! «

 

Me gusta el día de Epifanía. Porque, entre otras cosas, los Magos no se quedaron a las puertas del Castillo Herodes; porque supieron distinguir entre el bien y el mal; entre la traición y la bondad; entre la estrella y los ojos cegados por el mal de aquel tirano. Prefirieron fiarse y seguir la luz de la fe, la luz de Dios, aún a riesgo de ser tomados por ingenuos. Y, cuando regresaron a sus vidas cotidianas, las enriquecieron poniendo a Dios por encima de todo.

 

 

¡Seamos epifanía de Dios!

 

Seamos de los que buscan y nunca se detienen a la hora de encontrar al REY DE REYES, al que es fuente de paz y de alegría. Porque, sólo los que cabalgan, sobre el caballo de la fe, un horizonte de estrellas espera en medio de las dificultades.

Como aquellos, regios personajes, que dejando palacios y vasallos quisieron ser siervos de un pequeño Rey.

Con tres palabras de aliento: alegría, amor e ilusión.

Con tres huellas en el camino: servicio, entrega y generosidad.

Con tres miradas hacia el cielo que ya está en la tierra: fe, esperanza y caridad.

 

Decidámonos de una vez en nuestra vida, a presentarnos ante Cristo que ya está aquí entre nosotros.

Con el incienso de nuestra oración.

Con el oro de nuestra caridad.

Con la mirra de nuestra fragilidad.

 

Para que, Jesús desde el Portal, pueda comprobar que en el mundo siguen existiendo hombres y mujeres que dejan, lo que tienen y no lo que son, para ponerse en camino siguiendo la ruta que marca la estrella de Belén.

 

Que digamos, proclamemos, manifestemos con la vida que, como Jesús, no hay otro igual.

Que el mundo conozca, sienta y vea la Salvación que viene de nuestro Dios.

Que no tengamos tantos escrúpulos, ni tantos reparos en comenzar por allí donde vivimos, por nuestra propias familias.

Que todo eso, depende de muchos que, como los Magos,
nos atrevamos de verdad a manifestar, la fe que decimos tener.
¿Porque si no es así , para que sirve el decir que se tiene fe?

 

 

 

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