Ecos del Evangelio

5 enero, 2020 / Carmelitas
La Epifanía del Señor

AL VER LA ESTRELLA, SE LLENARON DE INMENSA ALEGRÍA

 

 

Si leemos, meditamos y profundizamos el Antiguo Testamento a la luz de la estrella que nos guía, nos damos cuenta que todo él, no deja de ser una profecía que se cumple en el Hijo Unigénito de Dios.

 

Con la primera lectura el profeta Isaías ya nos anuncia una luz que iluminará todo cuanto se encuentra en tinieblas, pero para ello es necesario levantarnos, mirar hacia el frente e ir a su encuentro con una actitud activa de nuestra parte, para que cuando la veamos quedemos realmente radiantes.

 

Descubrir esa luz es tener el corazón abierto a la novedad, es dejarnos llenar de todo lo bueno que nos brinda; más también es interesante ver que a ella recurren de muchas naciones ofreciendo sus riquezas y alabando al Señor.
El salmo 71 nos acerca aún más a lo que el Evangelio nos va anunciar, con la llegada del Mesías estamos todos llamados a postrarnos ante el Señor porque Él es el Rey e hijo de reyes, Él nos trae la justicia, libra a todos los pobres que claman su salvación. Es por eso que ante Él se postrarán todos los reyes de la tierra.

 

San Pablo en la carta a los Efesios, no deja de pregonar la gracia divina que Dios le ha dado a conocer en favor nuestro por el Espíritu Santo; todos somos “coherederos, miembros del mismo cuerpo, y partícipes de la misma promesa en Jesucristo, por el Evangelio”. Dios no excluye a nadie, antes bien, quiere que su gracia la recibamos y al mismo tiempo siga siendo proclamada para que los que aún no la han recibido, lo puedan hacer.

 

Muchas son las aportaciones que podríamos extraer del Evangelio del día para nuestra vida cristiana, más deseo detenerme en tres actitudes que considero importantes para nuestro camino cotidiano hacia el encuentro con el Señor. El texto evangélico nos narra que unos magos vieron una estrella, se pusieron en camino y lo adoraron.

 

Ver: Los magos vieron la estrella, y seguramente que para ver la estrella los magos debían ir con la frente en alto, ¿nosotros que tan alta tenemos nuestra frente para ver no sólo con los ojos, sino con el corazón lo que el Señor nos revela en cada momento? quizás muchas veces miramos miles de cosas pero no vemos ninguna en profundidad, para mirar es necesario ver algo concreto, es fijar la mirada en ello y descubrir lo que me quiere decir. No pensemos que sentirnos o estar plenamente iluminados es siempre la luz de Cristo, pues Él está muchas veces en la oscuridad allí donde sólo se le puede ver con los ojos de la fe.

 

Caminar: Cualquier cosa que nos propongamos en la vida requiere de un proceso, y el proceso no es otra cosa que avanzar, caminar hacia delante, seguir la estrella que nos guía e ilumina es abandonarnos con total confianza y dejar que nos conduzca hacia su morada; ahora bien, sabemos que los caminos que nos llevan al Él son diversos, más no todos nos acercan a Él: unos son rectos, otros torcidos; unos angostos, otros anchos; unos limpios, otros con piedras; lo importante es discernir qué camino tomar para no equivocarnos. Los magos fueron avisados en sueños de lo que podía hacer Herodes al niño si se volvían por el mismo lugar, es por eso que deciden volver a su tierra por otro camino.

 

Adorar: Con el incienso, la mirra y el oro, los magos dan realce a Jesús como: Rey, Hijo de Dios y como hombre. Como los magos, todos los cristianos estamos llamados a adorar al Señor, quien ha tomado carne humana, a postrarnos ante Él, a ofrecerle nuestras riquezas; unas riquezas que quizás no son las mismas que ellos ofrecieron, pero que pueden alegrar mucho al Señor, está el dicho que no importa lo que damos, sino por qué y para qué lo damos. No importa la cantidad sino el detalle, pues el Señor quiere que le adoremos con sencillez, humildad, amor, ternura, delicadeza, incluso con sacrificios.

 

Hermanos, seguir la estrella para adorar al Mesías muchas veces no es fácil pero tampoco imposible, el Señor nos abre el camino, nosotros debemos seguirlo con fe, aunque a veces no lo veamos claramente.

 

Adorémosle con nuestra vida, con lo que somos y hacemos, no busquemos grandes cosas, pues más vale tener pequeños gestos que brotan de lo profundo del corazón para con Él, porque cuando salen del corazón requiere de un compromiso serio y desbordante.

 

 

Hna. Yina Marcela Rubiano Cabiedes CSJ

 

 

 

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