Ecos del Evangelio

31 mayo, 2019 / Carmelitas
La fuerza viene de Dios

02 de junio de 2019

ASCENSIÓN DEL SEÑOR

La fiesta de este domingo nos anuncia que está llegando a su término el tiempo de la Pascua, y es como una transición para que podamos tomar conciencia de que ES EL NUESTRO EL TIEMPO DE LA IGLESIA, aquel que Cristo nos ha confiado para ser sus TESTIGOS ante el mundo. Para que podamos poner en práctica sus enseñanzas.

La Palabra de Dios en este día es rica en cercanía, en gestos  muy humanos, concretos que nos invitan a seguir amando desde lo que somos: Consagradas: Carmelitas de San José, hijas y hermanas de una misma familia.

En la primera lectura: Hechos  1, 1-11 San Pablo inicia: “Querido Teófilo…  Cuánta cercanía, cariño,  ternura,  para explicarles el hecho  de la Ascensión, su punto de partida es la Resurrección, les recuerda todo lo que Jesús  después de la Resurrección realiza: ENCUENTRO, PAZ, ESPERANZA, PRESENCIA, AMOR,   PROMESA… Y nosotras: ¿Cómo  dar pruebas de que Dios nos habita? ¿De nuestra consagración? ¿De qué soy Carmelita de San José?

Otro punto para la reflexión es: …recibirán  la fuerza del Espíritu Santo que descenderá sobre ustedes y los CAPACITARÁ PARA DAR TESTIMONIO DE MÍ….hasta el último rincón de la tierra. Nos promete el Espíritu Santo,  porque es sólo con su ESPÍRITU que podemos sentirnos amadas, amar y dejarnos amar. Me viene a la mente las palabras de Nuestra Venerable Madre Rosa: “Procuren estimarse con la caridad más exquisita, que los demás puedan decir: “MIRAD CÓMO SE AMAN” Considero que  este es el TESTIMONIO  que nos pide actualmente nuestro mundo, las personas con las que compartimos nuestros apostolados, con las encontramos día a día. Es urgente trabajar comunitariamente en la “CARIDAD EXQUISITA”, desde un saludo, una palabra, un perdón,  una mirada, un abrazo…  en definitiva desde lo SENCILLO: que cautiva, enamora, hace fluir, es agradable, construye, recrea, enamora. Y  entonces que, nos preocupamos las unas de las otras, nos amamos y por consecuencia nuestro apostolado cobra un VERDADERO SENTIDO. Que en el niño, en el anciano, en cada persona con la que compartimos nuestro ser y hacer cotidiano, podamos también capacitarlos para dar testimonio.

La carta a los Hebreos  nos habla del verdadero Santuario como el cielo mismo,  como un camino nuevo y vivente que es su propia humanidad, lo único que nos pide es un CORAZÓN SINCERO, LLENO DE FE y con nuestra conciencia purificada de todo lo que no es amor y nos pide que por nada ni nadie perdamos la ESPERANZA, nos pide mantenernos fiel a esta virtud que nos hace cada día seguir adelante aunque hayan cosas, situaciones que nos duelan, nos rompan por dentro,  pero se nos pide mantener ese rayito de luz que se llama: ESPERANZA.

Celebramos la Ascensión del Señor (Lc.  24, 46-53) no es el fin de su presencia entre los hombres, sino el comienzo de una NUEVA FORMA de estar en el mundo. Su presencia acompaña con signos la misión evangelizadora de nuestras  comunidades, familias, apostolados, de nuestra Iglesia. Es también el punto de partida para comenzar a ser TESTIGOS y ANUNCIADORES de Cristo exaltado que volvió al Padre para sentarse a su derecha. El Señor glorificado CONTINÚA presente en el mundo por medio de su acción en los que creen en su Palabra y dejan que el Espíritu actúe interiormente en ellos. El mandato de Jesús es claro y vigente: «ID AL MUNDO ENTERO Y PROCLAMAD EL EVANGELIO A TODA LA CREACIÓN». Por ello, la nueva presencia del Resucitado en su Iglesia hace que sus seguidores constituyan la comunidad de vida y de salvación.

Jesús Resucitado se muestra a sus discípulos  y les revela lo que debe permanecer en la MEMORIA de sus seguidores:

1.-  El KERIGMA (mensaje central de la predicación cristiana) que debe llegar a todo el mundo.

¿Cuál es  EL Kerigma que Madre Rosa nos ha dejado desde el Evangelio? El ,  sin duda alguna, ella nos  insiste en un TRATO EXQUISITO de unas con otras, ESO ES AMOR, desde lo cotidiano, y precisamente Jesús fue lo que vivió en   su vida   pública y más aún en el momento de entregar la vida por cada uno de nosotros, me viene a la mente esa frase tan hermosa: ME AMÓ Y SE ENTREGÓ POR MÍ, y es justo quizá lo que nos pide hoy a cada una nosotras desde nuestra trinchera,  AMAR Y ENTREGAR LA VIDA POR LA HERMANA PORQUE EN DEFINITIVA ES POR ÉL. Madre Rosa “Siempre demostró gran amor y benevolencia para con los niños, enfermos y ancianos” Que nuestra Venerable Madre nos impulse en nuestras  comunidades, apostolados anunciar nuestra fe, desde el AMOR y la BENEVOLENCIA.

2.-  Los portadores de este mensaje  son, ante todos testigos que HAN VISTO. A Dios se le conoce por experiencia. Ser testimonio quiere decir llevar escrita en la piel, cosida sílaba por silaba, la palabra que es Cristo. Cuando un hombre, una mujer han sido tocado por Cristo, se convierte en una lámpara y, aunque no quiera, resplandece. Y si la llama quisiese apagarla, se vuelve a encender, porque la luz nos es de la lámpara, sino del Espíritu, centrado en el corazón que irradia sin fin la comunión eterna.

Vale la pena recordar nuestros orígenes de nuestra fe, de nuestra congregación, de nuestras familias,  de lo que somos a nivel personal, porque en definitiva lo que somos en este momento,  es por lo que HEMOS VISTO. Que cada experiencia que vivimos cada día como comunidad sea  desde luchar por la FRATERNIDAD,  por el AMOR, por ser SANTAS.

3.-  Los discípulos – testigos sólo podrán  llevar adelante la misión  si son revestidos de “la fuerza que viene de Dios Esa fuerza es la promesa: el DON DEL ESPÍRITU.

Las promesas de Jesús se cumplen. Él se va, pero no deja huérfanos a sus amigos. Sabe que tienen NECESIDAD de la PRESENCIA CONSTANTE de Dios. Y Dios vuelve a venir al hombre. Esta vez no ya en la carne, sino invisiblemente en el fuego de un amor impalpable, en el ardor de un vínculo que jamás se romperá, el arco iris de la alianza ratificada. El esplendor de la sonrisa de Dios, el Espíritu Santo. Revestidos de Cristo, revestidos del Espíritu los apóstoles no tendrán ya miedo y podrán finalmente andar.

En nuestras comunidades  necesitamos tener vivo el ardor de nuestra vocación, de ser consagradas, para vivir con pasión nuestra vida de cada día, pero también necesitamos ser presencia constante nosotras mismas para  con nuestras hermanas y en consecuencia lo seremos y lo reflejaremos  para con los demás. Que a ejemplo de Nuestra madre sepamos conducirnos con NATURALIDAD y CONFIANZA.  Estas dos palabras son tan valiosas y necesarias para crear un clima de fraternidad, ser nosotras mismas, la experiencia nos dice que lo somos cuando  nos sentimos amadas y aceptadas, pero no basta esto hay que amar, aceptar con el Espíritu de  Dios, aquí nos va la vida. Porque todas estamos llamadas  cada día a ENAMORARNOS. Pedro Arrupe nos dice: Nada puede importar más que encontrar a Dios, es decir,  ENAMORARSE DE ÉL. Aquello de lo que enamoras atrapa tu imaginación, y acaba por ir dejando su huella en todo….¡Enamórate! ¡Permanece en el amor! Todo será de otra manera.

Es el momento de ser conscientes de que la nueva presencia de Jesús pasa por nuestra DISPONIBILIDAD para continuar su obra.

ORACIÓN

Al terminar este rato de oración, de encuentro, de haber

Saboreado tu Palabra con ternura

Con un corazón agradecido, te

Encomiendo a cada una de mis hermanas CSJ para que

Ninguna pierda la pasión, la alegría, el amor.

Suscita en cada una  el fuego de tu Espíritu, mantén viva la

Ilusión, la esperanza, el

Optimismo  en la entrega cotidiana ya que Tú eres

Nuestro todo   y teniendo a ti, ya no falta nada.

Hna. Antonia Arias hcsj

 

 

 

 

 

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Carmelitas de San José

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