Ecos del Evangelio

26 enero, 2019 / Carmelitas
La Palabra se encarna en la vida

EL ANUNCIO DE LA BUENA NUEVA

En nuestro día a día nos encontramos rodeados de anuncios, palabras, noticias y acontecimientos inesperados que en ocasiones nos llenan de esperanza y en otras nos producen desconsuelo, entonces hemos de preguntarnos como reaccionamos ante los mensajes que nos llegan del exterior y los que resuenan dentro de nosotros.

El Evangelio de hoy nos invita a centrar nuestra atención en la palabra que anuncia la buena noticia que trae consigo libertad, luz y gracia para todo aquel que está dispuesto a escuchar el mensaje que Jesús quiere transmitir.

Hoy el evangelista Lucas nos relata el comienzo de la predicación de Jesús después de recibir el bautismo y de ser conducido por el Espíritu al desierto vuelve a Galilea y en la sinagoga, (lugar donde se convocaba el pueblo para recibir las enseñanzas de los maestros), Jesús predica su mensaje que no es una enseñanza más sobre la ley, sino un anuncio de su misión y de la acción que Dios quiere realizar en nosotros por medio de su persona.

“El espíritu del Señor esta sobre mí, porque él me ha ungido. Me ha enviado para dar la Buena noticia…”

Este anuncio, que habían sido profetizados por Isaías, ya no son solo palabras escritas en un pergamino, sino que son ahora la Palabra viva entre el pueblo, el comienzo de la realización de todas las antiguas promesas y la invitación a recibir, vivir y transmitir la buena nueva. Después su predicación Jesús era alabado por todos y los ojos de todos estaban sobre él porque se sorprendían de la fuerza y la seguridad se sus palabras que dejaban esperanzados y al mismo tiempo desconcertados, pues la aceptación del mensaje implicaba un compromiso de seguimiento.

Por tanto de la misma manera que la palabra proclamada por Jesús en este texto ha dejado desconcertados a todos los que se encontraban con él, hemos de preguntarnos hoy que tanta atención préstamos nosotros a la palabra de Dios que se nos proclama cada día en la Eucaristía; si interpela nuestra manera de vivir o nos deja indiferentes, si la anunciamos con nuestra vida en medio de las distintas realidades en que nos movemos y de que tipo de noticas somos transmisores.

Dejemos que el Espíritu de Dios actué en nuestra persona, familias y comunidades para que en nuestra vida se manifieste el “año de gracia del Señor” y la “buena nueva” que nos impulse cada día a vivir en fidelidad la propia vocación.

Hna. Fernanda – hcsj

 

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Carmelitas de San José

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