Ecos del Evangelio

26 diciembre, 2020 / Carmelitas
LA SAGRADA FAMILIA CICLO B 2020

 

La fiesta de la Sagrada Familia es tan importante como el día de Navidad, y sin embargo pasa desapercibida, por parte de muchos cristianos. Y no digamos ya por parte de quienes no cejan en querer destruir la familia. Hoy resaltamos que Cristo nació en el seno de una familia. En muchos hogares cristianos, es la estampa más codiciada, querida y expuesta con motivo de la Navidad: en el Belén no puede faltar Jesús, José y María. Porque esa estampa familiar es el distintivo, la marca, el significado de las fiestas de Navidad, aunque se quiera desfigurar, enmascarar y es esconder con horrendas representaciones que dan autentica pena.

 

Jesús podría haber nacido en solitario y, porque era Dios, no necesitar de más ayuda que su mismo ser divino. Pero, Dios, en su descenso hasta la humanidad quiso que lo viésemos, tocásemos, adorásemos y comprendiésemos, rodeado y agasajado, querido y amado en una familia. Quiso nacer como cualquiera de nosotros.

 

Eran tres, pero en el amor, eran todo uno. Ese es el secreto que le hace a una familia salir de sí misma y triunfar: el amor.

Eran tres, pero desde el amor, formaban una sola realidad. Esa es la grandeza del Misterio de Belén. El amor es capaz de fusionarlo todo.

Eran tres, pero, por amor, supieron dar cabida a una MANO misteriosa que guió desde el principio hasta el fin, las aventuras y desventuras, avatares y gozos, idas y venidas de esta familia.

 

Hoy, al divisar a la Sagrada Familia, tenemos que reconocer que supone una interpelación, una denuncia seria a nuestra sociedad y a nuestro mundo. No estamos acostumbrados a cimentarlo todo en el amor. Los intereses y los individualismos; los caprichos, el afán de tener o la impaciencia; la falta de amplitud de miras, son aspectos, entre otros, que ponen en peligro muchas parejas que decidieron unirse para siempre pero que se quedaron a mitad de camino.

 

Gracias a Dios, por más que se empeñen en vender lo contrario, son muchos más los jóvenes, los mayores, los matrimonios que siguen adelante que -aquellos otros- que han visto truncado su amor. Pero, la familia feliz, por lo visto no interesa. O, tal vez, la familia feliz “no vende” primeras páginas en los periódicos, televisión, o revistas de corazón. Esto, de todas formas, no es nuevo. Tampoco, la Sagrada Familia, interesó en su momento.

 

Lo mismo, y al igual que tantos padres, José y María quisieron colocar a su Hijo en la mejor posición, y se pusieron manos a la obra. Les precedía una estela de sencillez y de obediencia; de pobreza y de confianza. Los tres, en familia, se convierten en medio de las Navidades, en una impresionante estampa donde, por sus cuatro costados, nos sugiere muchas cosas. Por ejemplo…

 

DIFICULTADES. No existe familia sin inconvenientes y contratiempos. Hasta la de Nazaret, tocada y bendecida por Dios, tuvo que sortear un mar de dificultades. Desde el “Sí” de María, pasando por los sueños de San José, las puertas cerradas o la huida a Egipto, nos hacen caer en la cuenta que los grandes amores son los que más hay que cuidar. Y que, los grandes amores, son los más probados. No hay gran empresa, aunque sea inspirada por Dios, que no tenga sus tropiezos. Y nuestras familias, aun siendo señaladas, son en medio de la sociedad un estímulo para recuperar la salud y la paz social que cada día más se añora.

 

 

DONES Y TAREA. En la familia todos tienen su lugar y su carisma. Poco sabemos de José y de María. Pero sí que es verdad que, en los dos, se da un común denominador: se pusieron manos a la obra para salvar la obra de Dios. Supieron estar en el lugar que les correspondía y siendo responsables de lo que Dios les confió.

 

¿Por qué en muchas familias actuales hay cierto temor a desempeñar el rol que corresponde a padres y, ausencia moral, a la hora de exigir el rol que les corresponde igualmente a los hijos? La familia lejos de ser un patio de amigos, es una mesa donde se pone las tildes y las comas para que, el día de mañana, los hijos puedan escribir correctamente en la vida. Y, aun así, no está garantizado el éxito. Dones y tarea es el fondo de una familia.

 

 

FE EN FAMILIA. En la familia se aprende a Vivir y a Creer. Estamos en Navidad. Todo lo que en estos días estamos celebrando y expresando ¿de quién o en dónde lo hemos aprendido? Sin dudarlo, y salvo algunas excepciones, de nuestros padres y en nuestras familias. La Sagrada Familia también nos trae una buena catequesis: la confianza, el amor y la fe en Dios, (vivida y celebrada) por parte de José y de María, teñía todo el ambiente de aquel primer hogar cristiano.

 

Amigos, tenemos que rearmar las familias. ¿Cómo se va a trasmitir la fe a los hijos, si muchos padres son los primeros que ni la viven ni la celebran, con lo más grande que tenemos la Eucaristía? Cualquier excusa es buena para ausentarse de la comunidad. ¿Si los niños no lo ven en sus padres? ¿Si los padres no son los primeros que consideran imprescindible, porque lo es: la oración y la Eucaristía, como queremos que ellos se sientan atraídos a celebrar la fe, a través de la oración y la Eucaristía?

 

Entonces la fe se entiende y queda reducida a una expresión cultural en alguna fecha determinada, que hacer saltar la emoción y las lagrimas. Están abandonando muchos padres -y hay que decirlo- la tarea de sacerdotes y catequistas que les corresponden. Y no se dan cuentan del daño que están haciendo a los hijos, y a la propia fe que dicen tener.

 

A Jesús, el camino a la sinagoga o la familiaridad con la Ley, no le vendría por imposición ni mucho menos, ni emanada de las nubes como lluvia. Desde que fue niño, estoy seguro, vería a unos padres comprometidos con Dios, enamorados de su causa y cercanos a su Ley. Fueron, sin dudarlo, los primeros y mejores catequistas en la vida del Niño Jesús, porque vivían y celebraban aquello que creían y naturalmente si los padres los viven, eso va calando en los hijos.

 

Hay que recuperar el significado del hogar, porque a veces solo parecen fondas y por ende, recuperaremos la fe en la Iglesia doméstica que es la familia. Donde se prescinde de Dios, el hogar, mas temprano que tarde deja de serlo.

 

En un hogar, Jesús sintió las primeras caricias de amor y los arrullos de una mano de Madre virginal.

En un hogar, Jesús percibió la luz de una estrella que llamaba a su pueblo a la fe y a la adoración, al asombro y a la oración.

En un hogar, Jesús, Jesús aprendió a mirar hacia el cielo, a descubrir que, Dios, estaba presente en todo.

En un hogar, una Madre con el nombre de María, nos dio el amor de Dios en un pesebre.

En un hogar, José, miró con serenidad y autoridad los primeros pasos de Jesús.

En un hogar, y eso que era una cueva, los ojos de los humildes, se postraron para ofrecer sus dones.

En un hogar, y eso que era una cueva, las rodillas reales, doblaron su poder para entregar al primogénito el oro de la realeza, el incienso divino, la mirra de la humanidad.

Hogar dulce y divino hogar

 

 

Eres destello de paz y de armonía.

Eres lección que nunca se olvida.

Eres buena nueva para tantos hogares rotos.

Eres anuncio de una sociedad nueva.

Eres nido de sencillez y obediencia, de pobreza y silencio, de bondad y de paz. Todo eso es el mejor tesoro y lo más valioso.

Eres rincón para el crecimiento.

Eres árbol donde se robustece y se diviniza el amor.

Eres corazón donde se acoge al mismo Dios.

Eres comprensión y acogida del Misterio.

Eres alimento de amor y de fe.

Eres lugar donde Dios habita.

Eres altavoz, donde el amor de Dios habla.

Eres cuna, en la que el que un niño gime y llora.

Eres portal, donde el hombre se asoma, adora y reza.

 

 

Ayúdanos, Sagrada Familia de Jesús, a reorientar nuestro hogares, y a formar parte un buen día, de la gran mesa de ese hogar divino, a la que estamos invitados a sentarnos, todos los hijos de Dios.

 

¡Feliz Navidad en familia, a todos vosotros, amigos , amados de Dios!

 

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