Ecos del Evangelio

20 agosto, 2016 / Carmelitas
La salvación no es un simple cumplimiento de deberes

Aunque no pocos estén de vacaciones, la palabra de Dios, en este domingo, nos invita a no bajar la guardia sobre el estilo de nuestra vida.¿Será posible emplear algo de tiempo-también en verano- para meditar como va nuestra vida cristiana?¿O muchos también le darán vacaciones a su vida espiritual, para cuando acabe el verano seguir en la rutina y el simple cumplimiento de siempre?. SÍ, el evangelio de hoy, va especialmente dirigido a los cristianos de siempre: a los que, hemos crecido, hemos sido educados en la fe y asistimos a Misa. A aquellos que “comemos y bebemos” con Cristo, nos sentamos a su mesa y escuchamos su palabra. El evangelio viene a decirnos que con eso no basta. Recuerdo una vieja tira de un cómico: dos señoras de edad madura comentaban sobre los cambios que el Vaticano II estaba introduciendo en la Iglesia. A modo de conclusión decía una: “mira puede decir el Concilio lo que quiera, cambiar lo que crea conveniente, pero a la hora de ir al cielo iremos los de siempre” En todas las épocas el hombre se ha preocupado por la salvación, la vida eterna, la otra vida, lo que está más allá de la muerte. Algunos se inclinan por una repetición de la existencia, lo que se llama “reencarnación”. Otros piensan que el estricto cumplimiento de los deberes religiosos garantiza esta vida y la otra. Algunos más, consideran que solamente en su iglesia hay salvación. Finalmente, los menos, se preocupan por tener una vida ética que les permita descubrir el verdadero sentido de su existencia… La preocupación por la salvación también formaba parte de las inquietudes populares en el tiempo de Jesús. Muchos salían al camino y preguntaban al Maestro por la “receta” para alcanzar la vida eterna. Jesús se resiste a dar fórmulas y con su especial pedagogía ilustraba la verdad que quería comunicar y en esta ocasión le quiso decir y nos dice también a nosotros: 1-La salvación para Jesús no es un asunto puramente pasivo. El ser humano no se puede sentar a comer y beber desentendiéndose del sentido de su existencia. La persona debe esforzarse por ponerse en el camino que lo conduce al encuentro de Dios. Aunque Dios toma la iniciativa, es necesario estar dispuestos a aceptarlo. 2-La salvación tampoco es un asunto del mero cumplimiento de los deberes religiosos. El ser humano necesita examinar todas las dimensiones de su vida y ver si están orientadas hacia Dios. Si tu mano derecha está puesta hacia Dios, pero tu mano izquierda está anclada en la ambición y el lucro, en la doble personalidad y en la mentira, no tendrás las manos disponibles para abrazar al Padre. 3-La salvación no es un asunto exclusivo de los movimientos religiosos, ni de las iglesias, ni de grupos selectos. La salvación está abierta a toda la humanidad. Lo importante es que la humanidad corresponda a la voluntad de Dios con actitudes de justicia, misericordia y solidaridad. No se puede llegar hacia Dios si se está cubierto por la cizaña del poder, el prestigio y el dinero, la mentira, la hipocresía, la manipulación. Jesús exhorta a sus oyentes a que se esfuercen por escoger el camino difícil: la salvación la tendremos, si para nosotros el prójimo es lo que fue para Cristo. De lo contrario no hay salvación, aunque uno haya compartido la misma mesa con Jesús o haya escuchado su enseñanza. 4-La salvación de la humanidad depende pues, de la actitud misericordiosa hacia el hermano pobre y abandonado. Con solo rezos y devociones no descubriremos el Reino de Dios. Ni con proselitismos, que no son mas que impostaciones. Sino con el testimonio y el compromiso que se deriva de la oración, la meditación y la aceptación del evangelio, haber si queda claro 5-La salvación está abierta a toda la humanidad, incluso a aquellos que no comparten nuestras creencias religiosas o que simplemente no tienen creencias. Nuestro deber no es pararnos en la puerta del Reino para vigilarla y pedir a nadie ningún carné de pertenencia a ningún club. Debemos, más bien, estar atentos a prestar nuestros servicio para orientar a quienes deseen encaminarse por el sendero de la salvación. Pero gratis y sin atosigar a nadie. Nos cuesta aceptar a Dios como Dios. Como misterio incomprensible al que adorar respetuosamente. Preferiríamos poder manejar a Dios. Nos gustaría más un Dios hecho a imagen y semejanza, para tenerlo a mano y conjurar así todos los males y sembrar de suerte nuestro camino. Así no sufriríamos ningún accidente desgraciado, ni granizaría en nuestros campos, y tendríamos el tiempo atmosférico que deseáramos cualquier fin de semana. Sería demasiado fácil. Que no somos propietarios del camino de la salvación, sino solo caminantes, y no somos los patrones ni los consejeros, ni los funcionarios del Maestro sino sus discípulos; nuestra función es ser testigos de Jesús y su Palabra. con nuestra vida. Es que ya esta bien de que muchos, aun, se dediquen a marear la perdiz, perder el tiempo y hacerlo perder a los demás. Cristo no eligió a los doce para que fueran simpáticos y así “todo el mundo contento”.Sino para predicar su evangelio aunque molestase. La revisión de vida cristiana está muy bien, pero siempre que sirvan para corregir y reorientar la propia vida Si solo se quedan en unas reuniones muy acogedoras y fraternas y después se sigue igual: discriminando, manipulando y mirando por encima del hombro a los demás.¿Para que han servido? ¡Cuantos predicadores y conferenciantes garantizan la salvación en esta vida y la otra! Se apropian de la Palabra de Jesús y la amoldan a su acomodo para reclutar partidarios de su causa. Con esto no sirven a la causa de Jesús sino a sus propios intereses. Enseñan caminos fáciles, recetas y fórmulas para la salvación que no muestran el verdadero compromiso cristiano. ¡Cuantas propuestas solo inclinadas al mero cumplimiento de deberes piadosos sin ningún contacto con la realidad y mucho menos con ningún compromiso por la justicia! Estos no son los caminos que nos muestra Jesús en su evangelio. Estos caminos solo conducen al orgullo religioso, al fanatismo y a la cerrazón del entendimiento. Jesús nos llama hoy para que leamos su Palabra en la Biblia y en la vida, de modo que caminemos con los hermanos al encuentro del Padre pero con los pies sobre la tierra. Por lo tanto: «¿Serán pocos los que se salvan?». ¡Pregunta inútil y sin sentido! La salvación no es cosa prevista por las estadísticas, sino adquirida con «el esfuerzo diario». La salvación no es cosa de cumplimento sino de compromiso ¡Y con la gracia de Dios que se le da al hombre sobreabundantemente». La puerta se cierra cuando se rechaza la conversión. No basta con haber pertenecido al pueblo de Dios por la circuncisión, o incluso por el bautismo, si no se han tenido entrañas de caridad. Tampoco basta con haber enseñado o hablado si la palabra no ha ido acompañada de un testimonio coherente, o compromiso. Es imprescindible una aceptación práctica del evangelio de Jesús, una fidelidad a su mensaje traducida en obras. Dios rechaza a los judíos circuncisos y a los bautizados que no son fieles, mientras que admite a los paganos que lo buscan y lo encuentran. Los cuatro puntos cardinales a los que alude el evangelio se refieren a los que viven en la marginación, en el Tercer Mundo, en los rincones olvidados del universo… Por eso termina este pasaje de Lucas con una sentencia desconcertante respecto de los primeros y los últimos. ¡Ojo con eso que muchos creen tener: derechos adquiridos por llevar muchos años en una comunidad . No estamos delante de un comerciante, sino de Dios. Dios ama tanto al que lleva un día como al que lleva 40 años en una parroquia, y por tanto nadie tiene mas derechos adquiridos que otro! Y muchos parece que aun no se han enterado. Cristo vino para recordarnos que hay un Dios que nos ama con locura y que espera que en nuestros caminos le dejemos caminar junto a nosotros. Cristo vino para hacernos saber que Dios perdona faltas y pecados, limitaciones y fragilidades pero que –por si lo hemos olvidado- también da a cada uno lo suyo por su única y magnánima justicia. Cristo vino para recordarnos que, si somos hijos de Dios, somos hermanos y que por lo tanto estamos llamados a dar el callo a favor de la justicia y de la atención a los más necesitados. Cristo vino, en definitiva, a darnos una palabra de aliento y de esperanza, de salvación y de optimismo que se sostiene en la seguridad de que hay un Dios que trasciende y deja pequeños nuestros pobres e interesados planteamientos. ¿Serán muchos o pocos los que se salven? Hoy pues es un día para clarificar conceptos. El hombre no se salva por ser muy piadoso y cumplidor, sino por la fe hechas obras. La cuestión es saber si en el centro de todo lo que hacemos, decimos, pensamos y construimos….vamos poniendo a Cristo o nos vamos pregonando a nosotros mismos, a costa de los demás.

 

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