Ecos del Evangelio

3 junio, 2020 / Carmelitas
LA SANTÍSIMA TRINIDAD CICLO A 2020

 

LA SANTÍSIMA TRINIDAD

 

 

«Esto es más difícil de entender que el Misterio de la Santísima Trinidad». Ésta expresión, nos ha hecho a los creyentes un flaco servicio. La Santísima Trinidad es la fiesta de lo que significa la señal de la cruz, es decir, la fiesta del amor regalado, entregado y compartido, sin límites y sin condiciones. Es la fiesta que todos los que quieran alcanzar la santidad tienen que hacer realidad en sus vidas ¡Qué gran fiesta es Dios y como se ha aguado a lo largo de la historia! ¡Como para hacer ateo a cualquiera!

 

Los cristianos conocemos a Dios porque Él ha querido hablarnos. Si algo hay propiamente cristiano es que nuestra fe no nace del deseo del hombre de llegar hasta Dios, sino de la decisión de Dios de ponerse en contacto con los hombres. Su Hijo, «la Palabra hecha carne», es la prueba.

 

Dios había estado intentando ponerse en contacto con la humanidad desde que el mundo es mundo, y su intento se vio una y otra vez frustrado. Su mensaje fue unas veces desoído y otras voluntaria o involuntariamente manipulado. Y así, se le ha llegado a presentar como un Dios caprichoso y arbitrario, dispuesto a imponer durísimos castigos a los hombres por violar leyes insignificantes. O un Dios cruel, que ordenaba pasar a cuchillo a poblaciones enteras, incluidos los ancianos y los niños.

 

Es cierto que en la Biblia hay pasajes en los que se llama o se presenta a Dios como juez. Lo que sucede es que, en lugar de ver en qué sentido o de qué manera Dios realiza esta función, le hemos aplicado a Dios el modelo de juez que tenemos los hombres, o el tipo de juez que interesaba justificar a las clases dominantes. Sobre todo, cuando estos jueces decían que su función procedía del mismísimo Dios ¡Qué barbaridad! Y es importante constatar que no ha sido una sola, sino muchas las religiones que, a lo largo y ancho del mundo y de la historia, han presentado y siguen presentando así a Dios.

 

Pues no. El Dios cristiano, el Padre, que se ha manifestado en Jesús de Nazaret y que nos envía su Espíritu de Amor, es un Dios que no quiere juzgar, que no amenaza, que no condena. Aunque algunos, en su nombre, acudan con demasiada facilidad a la condena.

 

¿Sabéis por que los santos son santos?, porque han descubierto que Dios, sólo es Padre, que sólo es Vida, que sólo es Amor, que sólo Salva, y por eso ellos tenían como centro de su vida el trato, la familiaridad con Él. Esta es la primera cualidad de Dios que los cristianos tenemos que tener en cuenta cuando queramos hablar del Padre, de nuestro Dios.

 

Dios es amor entregado y compartido. Pero una vez más tenemos que tener cuidado de no hacer a Dios a nuestra medida: su amor no es como el nuestro, mezclado con egoísmo, casi siempre más preocupado por ser correspondido, que por alcanzar la felicidad de la persona amada.

 

No, Dios, el único Dios, es el que «demostró… su amor al mundo, llegando a dar a su Hijo único… para que el mundo se salve por Él». Esta es la imagen que nos dio de Él, Jesús de Nazaret, Y NO HAY OTRA. Por tanto, todas las imágenes que de Dios se hayan podido presentar antes o después de Cristo, o están de acuerdo con esta imagen o son, desde el punto de vista cristiano, total o parcialmente falsas.

 

Pero atención: Dios es amor, y sin embargo, Dios no lo puede todo, si; Dios no lo puede todo: (Dios no puede no amarnos) Dios no puede sino lo que puede el amor infinito, que es amar y amar siempre. Y siempre que lo olvidamos y nos salimos de la esfera del amor, nos fabricamos un Dios falso, una especie de Júpiter extraño que no existe.

 

Cuando no hemos descubierto todavía que Dios es sólo Amor, fácilmente nos relacionamos con Él desde el interés o el miedo. Un interés que nos mueve a utilizar su omnipotencia para nuestro provecho, lleva a comercializar la fe (te doy para que me des) ¡Que desatino! Un miedo que nos lleva a defendernos de su poder, porque creemos que nos amenaza, lleva a una fe idolátrica, masoquista (tengo que estar siempre haciendo méritos pata tener contento a Dios) ¡Qué barbaridad!

 

Esta es la situación de una gran masa de cristianos, así viven su fe, de una manera equivocada. Amigos, una religión hecha de intereses, de miedos y de tratar a las personas como niños, está más cerca de la magia que de la verdadera fe cristiana.

 

«En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu, decimos.

 

Un Dios, Señor del tiempo y del espacio que se hace entrega de amor infinita.

Un Dios que, sin necesitar nada de nadie, toma la iniciativa -a impulsos del amor- de crear, de escuchar, de perdonar, de salvar.

Un Dios tan cercano, que sabe inventar un idioma a la medida de cada corazón.

Un Dios «tan loco», que es capaz de preparar un camino de vuelta para cada arrepentimiento.

Un Dios tan olvidado de su poder que, hasta cuando nos da unos mandamientos, lo hace ‘para que seas feliz tú, y tus hijos después de ti’.

Un Dios que, disponiendo de todas las armas para vencer, prefiere bajar desarmado y solo ,a nuestra incómoda arena; y aquí, como de igual a igual, trata de convencernos, de ganarse nuestros corazones uno a uno.

 

 

Todo es posible para quien se deja guiar por la Trinidad.

 

 

Es posible dejar atrás la tristeza, y el trabajo como castigo, y el salario del miedo, y la sombra de la muerte amargándonos la vida.

Es posible asomarnos a un paisaje diferente, donde no hay mendigos a la puerta, ni gente escondiendo su llanto por los rincones, ni capataces con el látigo en la mano; sino una gran mesa bien abastecida, con hijos felices sentados alrededor de un ‘Abba= Padre’, de rostro sonriente.

Es posible un mundo sin guerras, sin cuentas pendientes de odio, sin hambre, sin este abismo creciente entre los que lo tienen casi todo y los que no tienen casi nada: un mundo de hermanos.

Es posible llamar amiga a la muerte, porque viene a traernos la noticia, tan esperada, de que somos al fin, libres, de que ya no hay nada que impida el abrazo que nos hará totalmente felices…

Es posible que participes-nos dice Dios-, aquí y ahora, de mi felicidad y además un día, eternamente.

 

 

¡Cuánto bien podemos hacernos a nosotros mismos y a los que nos rodean pensando que Dios me llama a una profunda amistad! Pero para eso hemos de comenzar por saber como encontrar a Dios y a donde encontrarlo. Pues en un verso de singular profundidad, en el que dialogan el alma y Dios y que escribe Santa Teresa de Jesús, se resume todo lo dicho. Y dice así:

 

«Y si acaso no supieres
dónde me hallarás a Mí,
no andes de aquí para allí,
sino si hallarme quisieres
A Mí has de buscarme en ti»

 

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