Ecos del Evangelio

15 junio, 2019 / Carmelitas
LA SANTÍSIMA TRINIDAD CICLO C 

TRINIDAD: Fiesta del amor entregado y compartido.

 

 

La Santísima Trinidad no es la fiesta de la señal de la Cruz, sino de lo que significa la señal de la Cruz: la fiesta del amor entregado y compartido. Es la fiesta que todos los que quieran alcanzar la santidad tienen que hacer suya. Por eso podemos decir que es la fiesta de los santos y de los que están en el camino de la santidad. 

 

Los cristianos conocemos a Dios porque Él ha querido hablarnos. Si algo hay propiamente cristiano es que nuestra fe no nace del deseo del hombre de llegar hasta Dios, sino de la decisión de Dios de ponerse en contacto con los hombres: su Hijo, «la Palabra hecha carne», es la prueba.

 

Dios siempre ha estado intentando ponerse en contacto con la humanidad desde que el mundo es mundo. Y desde lo de Egipto, intervino en la historia mostrándose como un Dios amante de la libertad de los hombres y de los pueblos. Su intento se vió una y otra vez frustrado. Su mensaje fue unas veces desoído y otras voluntaria o involuntariamente manipulado.

 

Y así, se le llegó a presentar- y muchos lo siguen presentando- como un Dios caprichoso y arbitrario, dispuesto a imponer durísimos castigos a los hombres, un Dios cruel que ordenaba pasar a cuchillo a poblaciones enteras, incluidos los ancianos y los niños…

 

Durante mucho tiempo se ha presentado a Dios sobre todo como juez. Y es cierto que en la Biblia hay pasajes en los que se llama o se presenta a Dios como juez. Lo que sucede es que, en lugar de ver en qué sentido o de qué manera Dios realiza esta función, lo que hemos hecho es aplicarle a Dios el modelo de juez que tenemos los hombres o, mejor dicho, el tipo de juez que interesaba justificar a las clases dominantes, sociales y eclesiásticas.

 

Para nosotros los cristianos sólo hay un camino para conocer a Dios y no inventemos otro, porque no existe, ese único camino es: Jesús de Nazaret.

 

Sólo en Él tenemos la garantía de poder conocer a Dios tal y como Dios se ha querido dar a conocer .Y que quede claro que NO VINO A JUZGAR.»Porque no envió Dios el Hijo al mundo para condenar el mundo, sino para que el mundo por él se salve».

 

Por eso se olvidaban y se olvidan frases como la que hoy leemos en la primera lectura: «Dios compasivo y misericordioso, lento a la ira y rico en clemencia y lealtad» .Y en cambio, se dedican a poner siempre en primer plano aquellas frases que, hablando de castigo, de infierno o de cosas por el estilo, ayudaban y ayudan a dominar cualquier tipo de rebeldía.

 

Así han convertido a Dios en motivo de miedo y, por tanto, en justificador de tanto clero que se han apuntado a juez de sus semejantes, porque dicen que su función procede del mismísimo Dios. Un autentico desvarío y una autentica vergüenza, manipular de esta manera a Dios para infundir miedo.

 

Amigos no podemos ni definir, ni enjaular a Dios. Dios es siempre mayor que nuestras palabras y conceptos. Si lo definimos muy bien, lo convertimos en un «ídolo». Por eso, creer en la Trinidad quiere decir que Dios no es un ser solitario y ocioso, una mónada aislada y despreocupada, una estrella lejanísima. No es ese triangulo que nos enseñaron con un ojo siempre vigilando y preparado para castigarnos a la mas mínima. (¡Ya está bien!)
Dios es esencialmente relación desde el principio. «No había hecho aún la tierra y antes de que el polvo cósmico se ordenara en galaxias, antes de la primera explosión cósmica gigantesca, la Sabiduría, la Palabra de Dios ya planeaba en el caos existente»

 

La Santísima Trinidad no es en primer lugar una fórmula del catecismo para aprender de memoria o un dogma indescifrable al que hay que decir amen y punto. Sino todo un acontecimiento y una revelación. Es propiamente el mismo Dios que ha entrado en Jesucristo en comunión con nosotros, culminando así toda la historia de la salvación.

 

La Santísima Trinidad es el Padre, «nuestro Padre que es pura misericordia” ,pero no solo para con los buenos, sino sobre todo para con los que no lo son». Y es el Hijo, que se ha hecho hermano de justos e injustos y hombre para los hombres. Y es el Espíritu, que ha sido derramado en nuestros corazones. Es una familia.

 

Podemos, pues, distinguir en ese Dios que es trino, tres grandes dimensiones divinas.

 

 

Diálogo• Donación y Comunión. Estas tres dimensiones son la esencia que caracterizan al amor cristiano personal y comunitario.

 

Diálogo

La verdad es que se habla mucho pero se dialoga poco. Y por falta de diálogo y por tanto de respeto, vienen las incomprensiones, los prejuicios, las distancias, los aislamientos, divisiones, la superficialidad en las relaciones. No puede haber comunidad auténtica si falta el diálogo en profundidad.

Donación

A través de la donación compartimos. No solo bienes materiales, sino sobre todo la donación de nosotros mismos. Se trata de vencer esa terrible fuerza del egoísmo, que nos lleva a la insolidaridad y la explotación de los otros. Se trata de salir de sí mismo e ir al otro para ofrecer y recibir, para poner en común y compartir. Se trata de no vivir para sí mismo, sino para los demás. Por eso cuando hay imposición, no puede haber diálogo.

 

Comunión

Es como el fruto de los esfuerzos anteriores. Este es el ideal cristiano: «Un solo corazón y una sola alma». Esto es lo que pedía Jesús: «Que todos sean uno»; no sólo que estén unidos, sino que estén fundidos, que sean uno, a la manera trinitaria. Cuando encontramos un mundo roto. Cuando vemos una Iglesia dividida. Cuando nos acostumbramos a todo tipo de divisiones, podemos darnos cuenta, qué lejos estamos del modelo trinitario , que lejos de ser una familia.

 

San Agustín nos dice como entender a la Trinidad: «Entiendes la Trinidad si vives la caridad» Lo demás, todo lo que podamos decir de este misterio, es silencio y adoración. Por tanto mientras te ejercites en el amor, no importa que tengas más o menos doctrina y no importa que hagas más o menos oraciones; mientras vivas en el amor, Dios estará en ti, tú estarás en Él, aunque no sepas cómo es, y aunque ni siquiera lo sientas. Dios es misterio de vida y de amor compartido.

 

De la Trinidad , pues ,extraigo 5 exigencias que comparto con vosotros:

 

+ Salir de mi mismo e ir al otro, superando toda cerrazón y distancia.

+Sentarse en la mesa del diálogo para compartir y enriquecerse en la verdad.

+Compartir con generosidad toda clase de bienes, viviendo en solidaridad o igualdad.

+Sentir con el otro, com-padecer, com-partir la vida material y espiritual.

+Vivir en comunión, es decir en unidad común dentro de la diversidad.

 

 

¿Es que quien ama de verdad no esta siempre en constante diálogo con la persona amada?

¿Es que quien ama de verdad no se da siempre a la persona amada sin pedir nada a cambio?

¿Es que quien ama de verdad no está siempre en comunión=unión común, es decir unida a la persona amada?

 

 

Por tanto solo comprenderemos la Santísima Trinidad cuando la experimentemos y solo la experimentaremos cuando nos decidamos a amar como Cristo. Así de sencillo es este misterio. Como veis vamos siempre a parar a lo mismo: AL AMOR. O dicho de otra manera: cualquier misterio sobre Dios, se comprende amando.

 

Dite, pues, a ti mismo:

*Hoy eliminaré de mi agenda dos días: ayer y mañana. Ayer fue para aprender, y mañana será la consecuencia de lo que hoy pueda realizar.

*Hoy me enfrentare a la vida con la convicción de que este día jamás volverá y por tanto tengo que hacer más feliz a alguien.

*Hoy es la última oportunidad que tengo de vivir entregándome al que lo necesite, pues nadie me asegura que mañana volveré a amanecer.

*Hoy tendré la audacia de no dejar pasar ninguna oportunidad, mi única alternativa es la de sembrar esperanza.

*Hoy invertiré mi tiempo, en la obra más trascendental: mi vida; cada minuto lo realizaré apasionadamente para no caer en la rutina.

*Hoy desafiaré cada obstáculo que se me presente, porque así demostraré mi fe.

*Hoy seré la resistencia al pesimismo, e irradiaré una sonrisa al que esté triste.*Hoy haré de cada tarea ordinaria algo extraordinario.

*Hoy tendré los pies en la tierra, comprendiendo la realidad de cada persona y tratando de enjugar las lágrimas que me encuentre en el camino de la vida.

*Hoy tendré tiempo para dejar mi aroma y mi presencia en el corazón de los demás, convirtiendo cada una de mis acciones en manifestaciones de amor.

 

Decídete- tú que me escuchas– a ser imagen de la Trinidad y ama sin condiciones, porque cada minuto que pasa no vuelve.

 

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