Ecos del Evangelio

4 febrero, 2018 / Carmelitas
LECTIO: 5º DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO (B) Domingo, 4 Febrero, 2018

LA CURACIÓN DE LA SUEGRA DE PEDRO Y EL ANUNCIO DEL REINO EN GALILEA: EL ENCUENTRO CON JESÚS, MÉDICO MISERICORDIOSO
MARCOS 1, 29-39

 

REFLEXIÓN

Entro en el silencio que Jesús me ha preparado con su obra de curación profunda, con su oración que disipa la noche. Dispongo mi ser, a buscar a Jesús, sin cansarme y a seguirlo, adonde Él me lleve.

 

ORACIÓN INICIAL

Señor, no curan las heridas y males del alma una hierba ni un bálsamo, sino tu Palabra, que todo lo sostiene y crea, siempre nuevo cada día. Acércate a nosotros y extiende tu mano fuerte, para que asidos a ella, podamos dejarnos levantar, podamos resucitar y comenzar a ser tus discípulos, tus siervos. Jesús, Tú eres la Puerta de las ovejas, la puerta abierta en el cielo: a Ti nos acogemos, con todo lo que somos y llevamos en el corazón. Llévanos contigo, en el silencio, en el desierto florido de tu compañía y allí enséñanos a rezar, con tu voz, con tu palabra para que también nosotros lleguemos a ser anunciadores del Reino. Manda ahora sobre nosotros tu Espíritu con abundancia para que te escuchemos con todo el corazón y con toda el alma. Amén.

Que puedan ayudar a mis oídos espirituales a escuchar más profundamente y a los ojos de mi corazón a contemplar, hasta encontrar la mirada de Jesús.

 

ADENTRÁNDONOS EN EL TEXTO BÍBLICO

Jesús deja la sinagoga para entrar en la casa de Pedro, que se convierte en el centro luminoso de su obra de salvación. Pruebo a seguir el recorrido de Jesús: Él llega hasta el sitio más íntimo de la casa, a saber, la alcoba con el lecho. Reflexiono, buscando y mirando, el “camino” que está dentro de mí, casa de Dios. ¿Dejo a Jesús la posibilidad de recorrer este camino hasta el fondo, hasta el corazón? Observo y tomo nota de los gestos de Jesús: Entra rápido, se acerca, toma la mano, levanta. Son términos típicos de la resurrección. ¿No siento al Señor que me dice también a mí:”¡Álzate, resucita, nace de nuevo!”? Noto la insistencia sobre la obscuridad: “ocaso del sol, todavía obscuro” ¿Por qué? ¿Qué significa y qué otros términos puede añadir a estas expresiones? “Todos delante a la puerta de Jesús” Estoy también yo en medio de aquellos “todos”. Me resuena en el corazón aquella palabra de Jesús, que dice: “Llamad y se os abrirá”. Pruebo a imaginarme la escena: alzo la mano y llamo a la puerta de Jesús. Él abre. ¿Qué le diré? ¿Y cómo me responderá Él? “Lo conocían”. Me pregunto sobre mi relación con el Señor. ¿Lo conozco verdaderamente? ¿O sólo he sentido hablar de Él, como afirma Job? Me miro dentro y pido a Jesús que me ayude en esta relación de descubrimiento, de acercamiento, de comunión y de compartir con Él. Trato de recordar los versículos que puedan ayudarme: “Hazme conocer, Señor, tus caminos”, “Muéstrame tu rostro” Jesús ora en un lugar desierto. ¿Tengo miedo de entrar yo también en esta oración, que atraviesa la noche y precede a la luz? ¿Tengo miedo de los tiempos de silencio, de soledad, de compañía a solas con Él? Noto el tiempo imperfecto del verbo “oraba “, que indica una acción calmada, prolongada, profunda. ¿Tiendo, a veces, a huir, a no quererme parar? “Las huellas de Jesús” Es una bella expresión que me recuerda el manuscrito de Santa Teresa del Niño Jesús, donde ella dice que las huellas luminosas de Jesús se hayan diseminadas a lo largo de las páginas del evangelio. Reflexiono. ¿Me he comprometido alguna vez a seguir estas huellas, a veces bien marcadas, a veces casi imperceptibles? ¿Sé reconocerlo, a lo largo de los senderos del tiempo y de la historia de cada día, la mía y la de todos los hombres? ¿Hay una huella especial de Jesús, una impronta indeleble, que haya dejado en la tierra de mi corazón, de mi vida?
Hago una pausa sobre los últimos versículos y traigo a la luz los verbos de movimiento, de acción: “Vamos a otro lugar, para predicar, he venido, fue, predicando”. Sé que yo también he sido llamado para caminar y hacerme anunciador del amor y de la salvación de Jesús. ¿Estoy dispuesto, con la gracia y la fuerza que viene de esta Palabra que he meditado, a tomar ahora un compromiso concreto, preciso, aunque sea pequeño, de anunciar y evangelizar? ¿Hacia dónde iré? ¿Qué pasos decido dar?

 

ORACIÓN FINAL

Gracias porque has atravesado mi obscuridad, has vencido la noche con tu potente oración, solitaria, amorosa; has hecho resplandecer tu luz en mí, en mis ojos y ahora yo también veo de nuevo, estoy iluminado por dentro. También yo rezo contigo y también crezco gracias a esta oración que hemos hecho juntos.

Señor, gracias porque me lanzas hacia los otros, hacia mundos nuevos, fuera de las puertas de la casa. Yo no soy del mundo, lo sé, pero estoy y quedo dentro del mundo, para continuar amándolo y evangelizándolo. Señor, tu Palabra puede hacer el mundo más bello.  Gracias, Señor.

Amén

Hna. Guadalupe Gómez Luna CSJ

http://www.ocarm.org/es/calendar-date

 

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