Ecos del Evangelio

18 enero, 2017 / Carmelitas
Llamados a la unidad

Al pueblo que caminaba en tinieblas y en sombra de muerte, una luz le ha brillado. Galilea la despreciada, la mal vista, la que no tenía nada bueno que ofrecer al culto religioso. Es justamente este territorio menospreciado al que una gran luz le ha iluminado. Camino del mar, camino del lugar de la lucha, camino del lugar del trabajo, camino del lugar de la brega, camino del lugar del seguimiento, camino del lugar del encuentro. Esto es galilea de los gentiles. Tras el paso de Cristo todo cobra claridad y luz, todo se ilumina, todo vuelve a ser posible. Con Cristo llega la alegría, el gozo se acrecienta.

Bien expresa el salmista lo que es el Señor en su vida, lo que es Dios al pasar por la vida del ser humano. Dios al pasar por la existencia humana se convierte en luz y salvación. ¿Qué puede temer el alma? ¿Qué puede hacer titubear a un alma que sabe que el señor es la defensa de su vida?

San Pablo nos exhorta a la unidad, nos viene a cuento esto al estar en la semana de la unidad de los cristianos. “Poneos de acuerdo y no andéis divididos”. Estar bien unidos con un mismo pensar y sentir. Podríamos preguntarnos en esta semana en la que rezamos, de manera especial, por la unidad de todos los cristianos, sean de una confesión y otra ¿qué nos hace que nos enfrentemos? ¿Qué nos hace discutir? ¿Por qué cosas discute un matrimonio? ¿Por qué cosas se discute en la comunidad? Si reflexionamos sobre ello nos daría risa. Cómo poder perder el tiempo, las iniciativas, las energías en esas naderías. Y sin embargo es real, muy real y causa de muchos problemas en las familias, en la sociedad, en las comunidades. Se discute por el volumen de la televisión, por el programa que se ve en la tele, se discute porque la luz alumbra mucho, porque la luz no alumbra…. Esto vale la pena de ser motivo de discusión? Así se nos pasan los días, así se nos acaba la vida en naderías. Así se nos pasan los años dejando lo más por lo menos.

Poneos de acuerdo y no andéis divididos. Dedicad un espacio para el dialogo. Pero todos decimos que no tenemos tiempo. El decir que no tenemos tiempo nos está dejando una sería interrogante: en qué empleas tu tiempo? ¿Sabes distinguir lo indispensable de lo relativo en la vida? Recordemos que perder el camino cierto es dejar la oración, es dejar esos espacios esenciales en la vida de la persona. No tengo tiempo. ¿Crees que cuando te llegue la hora de morir seguirás viviendo hasta que tengas tiempo de morirte? Dejemos de vivir como gente necia, que no reflexiona, que no cambia, que sigue anclada en lo mismo. Poneos de acuerdo y no andéis divididos. Busca los espacios para el dialogo, para la convivencia, para la oración, busca los espacios para el descanso. Te crees más que Dios, Dios después de trabajar 6 días descansó uno. ¿Y tú cuando te organizarás y darás a cada cosa su lugar y su tiempo?

Poneos de acuerdo y no andéis divididos. Me he enterado que hay discordias entre vosotros. Cito la tercera cautela contra el mundo de san juan de la cruz: “La tercera cautela es muy necesaria para que te sepas guardar en el convento de todo daño acerca de los religiosos; la cual, por no la tener muchos, no solamente perdieron la paz y bien de su alma, pero vinieron y vienen ordinariamente a dar en grandes males y pecados. Esta es que guardes con toda guarda de poner el pensamiento y menos la palabra en lo que pasa en la comunidad; qué sea o haya sido ni de algún religioso en particular, no de su condición, no de su trato, no de sus cosas, aunque más graves sean, ni con color de celo ni de remedio, sino a quien de derecho conviene, decirlo a su tiempo; y jamás te escandalices ni maravilles de cosas que veas ni entiendas, procurando tú guardar tu alma en el olvido de todo aquello.

Porque si quieres mirar en algo, aunque vivas entre ángeles, te parecerán muchas cosas no bien, por no entender tú la sustancia de ellas. Para lo cual toma ejemplo en la mujer de Lot (Gn. 19, 26), que porque se alteró en la perdición de los sodomitas volviendo la cabeza a mirar atrás, la castigó el Señor volviéndola en estatua y piedra de sal. Para que entiendas que, aunque vivas entre demonios, quiere Dios que de tal manera vivas entre ellos que ni vuelvas la cabeza del pensamiento a sus cosas, sino que las dejes totalmente, procúranlo tú traer tu alma pura y entera en Dios, sin que un pensamiento de eso ni de esotro te lo estorbe.

Y para esto ten por averiguado que en los conventos y comunidades nunca ha de faltar algo en qué tropezar, pues nunca faltan demonios que procuren derribar los santos, y Dios lo permite para ejercitarlos y probarlos.

Y, si tú no te guardas, como está dicho, como si no estuvieses en casa, no sabrás ser religioso, aunque más hagas, ni llegar a la santa desnudez y recogimiento, ni librarte de lo daños que hay en esto; porque no lo haciendo así, aunque más buen fin y celo lleves, en uno en otro te cogerá el demonio y harto cogido estás cuando ya das lugar a distraer el alma en algo de ello; y acuérdate de lo que dice el apóstol Santiago: Si alguno piensa que es religioso no refrenando su lengua, la religión de éste vana es (1, 26). Lo cual se entiende no menos de la lengua interior que de la exterior”.

Recordemos que Cristo nos escogió, no por nuestra elocuencia, no por nuestra sabiduría, no por nuestras virtudes, sino simplemente porque nos miró con amor, como es propio de su mirar, como es propio de él. Y nos escogió así para no hacer ineficaz su cruz. Portadoras de buenas noticias, seguidoras de quien nos llama y nos ama. Reconciliadas, unidas, puestas de acuerdo, acordes.

Ya se nos comienza a invitar a la conversión en el evangelio del día de hoy, recordemos que la conversión es cambiar de actitud. ¿De qué me tengo que convertir? Se nos insiste mucho en la rivalidad, en la discordia, en la desunión. No dejes pasar el día de hoy sin que hagas un buen examen de conciencia, una lectio divina con la palabra de Dios que se nos indica para este día. Tengamos presente que la conversión es darme cuenta de que la realidad y la forma en que yo vivo es falsa. Tengamos cuidado porque hay muchos sucedáneos de espiritualidad que nos distraen para no adentrarnos en una auténtica conversión. Síntomas de madurez es la comunidad, en el matrimonio, en la familia son: la unidad, el diálogo, la caridad y la humildad, Convertíos porque está cerca el reino de los cielos.

Hna. Mª Leonarda Peñaloza Estrada. CdSJ

 

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