Ecos del Evangelio

30 octubre, 2016 / Carmelitas
Llamados a ser santos

TODOS LOS SANTOS CICLO C 2016

La fiesta de Todos los Santos es expresión de la esperanza que nos habita: lo que Dios ha realizado en los santos lo esperamos nosotros, confiados en su amor, y lo vivimos ya ahora: “Ahora somos hijos de Dios y aún no se ha manifestado lo que seremos… seremos semejantes a El, porque le veremos tal cual es” (2. lect.).

La fiesta de hoy no viene tan sólo a recordarnos a los santos que nos han precedido y a enseñarnos el camino que los ha conducido a la felicidad plena. Nos quiere hacer descubrir también a los santos que nos acompañan aquí y ahora en nuestro camino terrenal.

En este mundo de hoy pagano, egoísta y de pura apariencia, parece un hallazgo de anticuario tropezar con un santo. Pero, sin embargo, estamos muy cerca de hombres y mujeres que son santos de verdad; hombres y mujeres que andan con nosotros el mismo camino y que se esfuerzan por conseguir una vida auténticamente cristiana, fieles al Evangelio de Jesús; hombres y mujeres que luchan por ser justos y pacificadores, pobres y compasivos, limpios de corazón y de corazón compasivo, según el espíritu de las bienaventuranzas.

Hay, pues, santos que viven entre nosotros. Quizá nos cuesta descubrirlos. Pero ahí están. Lo que ocurre es que son silenciosos. Y por eso pasan desapercibidos entre nosotros, aunque nos crucemos con ellos en la tienda o en el mercado, o en el trabajo. Son los santos de hoy y de aquí que aún debemos descubrir.

“Los santos son los que cambian el mundo” El emerito Papa Benedicto XVI pronunció esta impresionante frase hace unos años. Y nos recordaba, entre otras cosas, que aunque sean pocos, fueron y son sal y luz. Son grandes porque grande fue y es su amor radical a Dios y al prójimo.

La fiesta de Todos los Santos, nos recuerda una cosa muy clara y grande: ser santo significa participar de la santidad de Dios. Yse participa de la santidad de Dios cuando nos convertimos en personas claras y cristalinas por las que los demás ven la presencia de Dios y las obras del Señor. Y se participa de la santidad de Dios cuando abrimos de par en par el balcón de nuestro corazón y escuchamos en toda su pureza la Palabra que nos ilumina.

Celebrar esta fiesta es sentirnos fascinados por lo divino, teniendo los pies en la tierra. En esta jornada de Todos los Santos elevamos nuestros ojos a esa realidad que ha sido la razón y el motor, el existir y el triunfo definitivo de tantos hombres y mujeres que se dejaron seducir por la Verdad de Dios. No se conformaron con lo que encontraban en el suelo, con las propuestas caducas de felicidad, con los atajos traicioneros. Los santos apostaron fuerte: descubrieron que Dios era lo máximo y dieron firme testimonio de Él.

¿Es posible seguir a Jesús en estos tiempos?.Naturalmente que si, solo hacen falta 5 actitudes: naturalidad, verdad, compromiso, valentía y amor. Por tanto la santidad no es cuestión ni de otros tiempos, ni de personas especiales, sino de personas que se decidan a serlo. ¡Es posible seguir a Cristo en medio de tanta mediocridad!

¿Y cómo es posible seguirlo? Siendo diferentes a los modelos que nos propugna una sociedad saturada de falsos ídolos, saturada de apariencias, mentiras y cobardías. Una sociedad instalada y burguesa- como la nuestra-necesita de auténticos referentes de justicia y de paz, de amor y de verdad.

¿Acaso podremos encontrar la santidad en las revistas que aceleran y confunden el corazón, o en los medios de comunicación que naturalmente, en vez de informar desinforman, y comen de los pesebres de los que mandan? ¡No!

Las bienaventuranzas son, hoy más que nunca, “el alimento esencial” para cuidar el alma y la vida de un cristiano. Para saber si estamos en onda con Jesús de Nazaret. Para comprobar si, nuestros anhelos de santidad, son ciertos o –por el contrario- se quedaron en buenos propósitos.

Es posible seguir a Jesús porque, otros hermanos nuestros (también de carne y hueso, no de yeso o madera) lucharon por ello y, entre otras cosas, fueron inmensamente felices así. Es más, cerraron los ojos al mundo, y están viendo –cara a cara- a ese Dios con el cual tanto soñaron, por el que tanto se desvelaron y por el cual dieron hasta el último suspiro.

¿Dónde está entonces el secreto de la felicidad de Todos los Santos? Pues en que se tomaron en serio el Evangelio, se dejaron guiar por Dios y vivieron desde Dios y por Dios.

Los santos fueron y son hombres y mujeres que no se quedaron ni se quedan quietos. Que han ofrecido y ofrecen su cara por Cristo. Padres y madres, jóvenes y niños que, sin saberlo nosotros, hicieron y hacen de su vida un canto a Dios y un seguimiento constante a Jesús. ¿Qué tuvieron y tienen escollos, zancadillas, traiciones? .Claro que si y muchas veces casi insoportables. ¿Y como superaron todo eso? Pues apoyándose y haciendo vida, en sus vidas, las 8 bienaventuranzas

– Si se sintieron perseguidos, no se escondieron ni se echaron atrás – Si se sintieron difamados, pensaron que la memoria de los hombres dura muy poco, que lo importante era el juicio de Dios. – Cuando se les llamó para llorar y compartir la mala suerte de algunos, no lo dudaron, y lejos de derramar lágrimas de cocodrilo o de echar migajas, se condolieron amargamente y se desnudaron en su bienestar por el bien de otros. – Si fueron tomados por tontos, pensaron en que “los pobres de espíritu” son los que dan con la puerta que conduce hacia el cielo. – Si estuvieron tentados a abandonar, el horizonte de la fe les atraía de tal manera que, sin quererlo, se convirtieron a Dios con todo el corazón y con toda el alma

La Fiesta de Todos los Santos es la fiesta del triunfo de aquellos que, han corrido y corrido, por la senda trazada por Dios. Tuvieron, como humanos, defectos, pero la constancia y la lucha contra el cansancio, hicieron de ellos –no unos ídolos de madera- y sí unos modelos de referencia para vivir y estimular la fe de muchos hombres y mujeres.

En este día, miremos todos, un poco hacia el firmamento. ¿No los veis? ¿No los sentís? ¿No los escucháis? Son, además de los conocidos y reconocidos por la iglesia, miles y miles de rostros santos; labios que proclaman la gloria de Dios; corazones que disfrutan amando al gran Amado; manos que vitorean con palmas en sus manos por haber llegado a un término al cual nosotros, con las pistas que ellos nos han dejado, estamos llamados a conquistar, disfrutar y visionar.

Como decía León Bloy, “el único día triste en la vida, es aquél en el que nos resignamos a no ser santos”. Que esta solemnidad sea para nosotros una motivación para pasar de la mediocridad a la perfección; para desterrar el desencanto y, en cambio, optar por el afán de superación en nuestra vida cristiana.

Ojala, que cuando cerremos nosotros los ojos a este mundo, alguien –en el cielo o en la tierra- pueda interrogarse sobre nosotros: ¿Quiénes son? ¿De dónde vienen? ¿Qué han hecho para ir tan de blanco y tan contentos?

La Fiesta de Todos los Santos…nos ayuda a descubrir, por si no habíamos caído en la cuenta, de que, todos tenemos alguna semilla de santidad. Intentemos descubrirla.

¡GRACIAS POR VUESTRO EJEMPLO!

Sobresalisteis en lo que el mundo despreciaba .Lucisteis con una luz que la mundanidad no pudo cortar. Levantasteis la mano, por aquellos que no podían y plantasteis cara contra los que tiran la piedra y esconden la mano. Hablasteis, cuando muchos callaban por ser cobardes. Pasasteis por horas amargas, por defender la Verdad, pero Cristo fue dulce en vuestro paladar

¡GRACIAS PORQUE….!

En la oscuridad, pasasteis como estrellas refulgentes. En la mediocridad, intentasteis alcanzar la perfección. En la incomprensión, mirasteis a la cruz del gran incomprendido. En la persecución, recordasteis –una y otra vez- la advertencia del Evangelio.

¡LOS SANTOS SON LO MEJOR DE NUESTRA IGLESIA!

Se rodearon de lo que el mundo odiaba: verdad y discreción, valentía y humildad. Se armaron de lo que el mundo se burlaba y se burla: la oración .Se alimentaron del gran secreto que muchos olvidan: la Eucaristía.

¡NO, LOS SANTOS NO SON DE MADERA!

No son de madera, sino que continúan hablándonos la misma fuerza que lo hacían mientras estaban entre nosotros.. No son de madera, sino que siguen ardiendo sus espíritus en medio de nosotros. No son de madera, sino que siguen calentando los motores de muchas almas. No son de madera, sino que siguen completando la cruz de Cristo. No son de madera, sino que siguen fortaleciendo el corazón de muchas personas. No son de madera, sino que siguen brotando en miles de carismas y cristianos

Por tanto no los olvidemos, porque nos han dejado multitud de caminos para que tarde o temprano elijamos ser como ellos y lleguemos al encuentro definitivo y apoteósico con Cristo. Amen.

 

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