Ecos del Evangelio

14 febrero, 2018 / Carmelitas
MIERCOLES DE CENIZA 2018

Conviértete y cree en el Evangelio

 

Llegó una nueva Cuaresma a nuestra vida, una nueva oportunidad para poner autenticidad en nuestra vida cristiana. Porque el gran peligro es que traslademos el carnaval a la cuaresma cristiana (Es decir, desfigurar el rostro con mascaras y fachadas que solo afectan a lo exterior. Hacer unos retoques que duren las fechas de calendario de Cuaresma). Vamos a ver si de verdad entendemos lo que significa la Cuaresma:

La Cuaresma es un toque de trompeta para ponerse en camino, una llamada para toda la comunidad y para cada uno en particular. Y debemos señalar tres aspectos básicos e imprescindibles:

En primer lugar, debemos dejarnos moldear por el Señor, para dejarnos convertir por Él, para aceptar que el Señor nos señale el camino correcto y pongamos orden, concierto y significado a nuestra vida cristiana.

Por tanto hemos de empezar por pedir la ayuda del Señor, para poder recuperar todo lo que está desordenado. Pero la ayuda del Señor no significa que nosotros con solo pedírselo nos crucemos de brazos, sino que tenemos nuestra tarea, nuestra responsabilidad para que sea posible.

En segundo lugar, no podemos conformarnos con el rito mágico de la ceniza y pasar de puntillas por el mensaje del evangelio: ¡convertíos y creed en el evangelio!. Sí, hay que convertirse, todos lo necesitamos y solo es posible la conversión cuando un se decide a poner como guía de vida el evangelio.

No es suficiente buscar, con el dedo, un rastro de ceniza en nuestra frente y no escrutar el corazón para ver en qué tengo que cambiar. No es de recibo levantar la mano hasta el cabello para comprobar si el sacerdote nos ha impuesto abundancia de ceniza y no elevarla ante situaciones de desamparo o en aquellas otras de urgente necesidad que salen a nuestro paso.

La cuaresma, con el miércoles de ceniza como punto de partida, es un tiempo con doble movimiento: hacia Dios y hacia el hermano:

Hacia Dios, porque necesitamos de su presencia. Por eso hemos de intensificar nuestra asistencia a la eucaristía o nuestra búsqueda de espacios de silencio para la oración.

Hacia el hermano. Si Dios bajó a la tierra (por su Encarnación en María) en la persona de Jesús, no fue solamente para recordarnos que existía un cielo sino que, además, somos hermanos y que el espíritu de las bienaventuranzas ha de marcar el itinerario de nuestra existencia.

Y en tercer lugar, entender lo que nos narra el evangelio: con la limosna, la oración y el ayuno, todo ello tan conocido, que hemos escuchado tantas veces, y tan mal interpretado consciente o inconscientemente en no pocas ocasiones.

La limosna no es meterse la mano en el bolsillo y dar algo de aquello que nos sobra para quedarse tranquilos de conciencia y además si lo hacemos cuando nos ven pues mucho mejor, porque verán lo buenos que somos. ¿Por que, no en vez de limosna, hablamos de compasión?

Es decir, hacer mía la necesidad del otro y ponerme a su disposición ofreciéndole no solo algo material de lo que me sobra, sino de lo que yo necesito para mi mismo. Y además ofrecerle mi persona porque a lo mejor está necesitado de ser escuchado, acompañado, a lo mejor necesita apoyar su hombro en el mío y llorar. A lo mejor es darle la mano para que vuelva a la Iglesia porque algún puritano lo marginó.

¿Verdad que se entiende mejor la compasión con esa verdadera limosna? Pues venga pongamos al día el evangelio que falta hace: compartir lo que se es y se tiene y no las migajas materiales o espirituales, sino el amor, pero cuidado porque el amor cuando se da a cuentagotas es pura fachada.

La oración, importantísima, pero también, cuantas veces mal entendida. No hacen falta tantas gesticulaciones, caras largas y silicio incluido. ¿Aprenderá el cristianismo alguna vez a orar como lo hacia Jesucristo? Es decir, ponerse en la presencia del Amigo, escucharle, dialogar, hablar con toda naturalidad como lo hacemos con ese amigo que tenemos de toda confianza.

No hace falta saberse de memoria trescientas jaculatorias, sino solamente decirle al Señor:”aquí estoy tal como soy, ya me ves, débil, a veces un desastre, pero te amo, aunque muchas veces meta la pata” ¿Verdad que es sencillo? ¿Pues entonces para que tanta parafernalia, rostros que parecen momificados y que los va a tragar la tierra para que vean lo piadosos que son? No hombre no, naturalidad, humildad y sencillez que es lo mas bonito que hay para dirigirse a Dios. ¡Pero si Dios nos conoce mejor que nosotros a nosotros mismos!

Y el ayuno,¡ay el ayuno! Día de ayuno y abstinencia: cumplimos lo mandado de no desayunar, no comer carne y tan tranquilos ¡.No hombre no. ¿Pero creéis que al Señor le sirve que ayunemos de carne y nos zampemos una mariscada? Como dice abstenerse de carne pues no hemos pecado. Pero incluso, ¿creéis que al Señor le sirve que no comamos ni bocado los viernes, cuando no se ayuna de apariencias, mentiras, engaños, indiferencias, celos, dobleces o cuando no se es capaz de perdonar? Esos son los ayunos que Dios quiere.

Haber si queda claro lo que nos pide el Señor es que cambiemos el corazón, no que pongamos caras largas, demacradas por no haber comido y que nos demos golpes de pecho y si hacen ruido mejor para que la gente los vea… ¡Que no! Que se trata de que del corazón brote lo único que puede hacer autentica la Cuaresma: el amor, y cuando eso ocurre y solo cuando eso ocurre, se entiende y es agradable a Dios la limosna, la oración y el ayuno.

Y no es que lo diga yo, nos lo ha dicho la Palabra de Dios (en la primera lectura):”Rasgad los corazones, no las vestiduras”, es decir convertíos no de fachada sino interiormente y eso hará que brote el verdadero fruto de la conversión: el amor. Eso hará que el corazón de piedra se convierta en un corazón de carne y de carne entregada, como el de Cristo.

  1. Resumiendo: No son las observancias y el culto externo lo que Dios busca en nosotros, ni ayunos farisaicos, ni imposiciones de cenizas. El sacrificio verdadero se fragua en el corazón por medio de la fe y de la conversión y eso lleva al amor como el de Cristo.* Siéntete pues peregrino, con lo imprescindible, y encontrarás a Dios y al prójimo. Encontrarás que para vivir hace falta poco, que es con mucho lo mejor: amar
    * Pon freno a tanto activismo y descansa un rato en el oasis de la Palabra de Dios. Comprobarás de cuantas angustias te descargarás.
    * Sé tu mismo sin necesidad de adullteraciones ni hipocresías y verás que el Señor hacia tiempo que te esperaba así, tal como eres.
    * No abandones ni vendas a DIOS que es todo, por la nada que te ofrecen como todo.
    * Pon ilusión e interés y recupera fuerzas para reconciliarse contigo mismo y con los demás. ¿No te das cuenta que hace tiempo que no te quieres a ti mismo y por eso no sabes amar a los demás?
    * Aliméntate de la Palabra de Dios, de la Eucaristía y de la Confesión, porque las tres desprenden olor a rosas divinas.
    * Haz deporte no solo para mantenerte físicamente en forma, hazlo también en cristiano con el alma y el corazón para que no decaiga tu amor.
    * Camina por las sendas del bien, y de tu mochila, expulsa la mentira y todo lo que no sea autentico.
    * Ayuda a levantar y aguantar las cruces de prójimo, aprende el oficio de Cirineo.
    * Corre hacia las meta que nos propone el evangelio, pero no te inventes ningún atajo, porque te perderás.
    * Para el camino, no olvides las pastillas de la oración y de la contemplación.
    * Ejercita la austeridad, la disciplina y la entrega para que tu amor sea autentico

Como veis: No es las observancias y el culto externo lo que Dios busca en nosotros, ni ayunos farisaicos, ni imposiciones de cenizas y así ya hemos cumplido. La Cuaresma verdadera se fragua en el corazón por medio de la fe, el sacrificio y la conversión y eso lleva al amor como el de Cristo. Eso es la Cuaresma

¡Que la Cuaresma es un camino mucho más sencillo!: que se trata de abrir el corazón para lo que Dios disponga y el prójimo necesite. ¡Ah, que cuesta! ¿Y que es lo que vale la pena que no cuesta trabajo? ¡Si, la Cuaresma es seria, pero no triste! Por tanto, fuera caretas y rostros demacrados y bienvenida la naturalidad, la coherencia, la autenticidad y el compromiso a nuestra vida.

Si así la enfocamos, feliz Cuaresma a todos vosotros, amigos, amados de Dios.

 

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