Ecos del Evangelio

16 febrero, 2021 / Carmelitas
MIÉRCOLES DE CENIZA CICLO B 2021

 

Una nueva Cuaresma, si nueva. No una más, como si fuéramos coleccionando algo en nuestra vida. Cuaresma es una nueva oportunidad que el Señor nos concede para reorientar nuestra vida cristiana. Ha pasado un año desde la Cuaresma pasada, y nosotros aun siendo los mismos, somos diferentes y las circunstancias de nuestra vida también. Y Cristo un año más nos dice que se puede reorientar nuestra vida cristiana, y además sabemos, que la debemos reorientar. La cuestión está en si nos decidimos a poner manos a la obra.

 

La Cuaresma en si misma, no es realizar un año más el rito de la ceniza y con eso ya hemos cumplido. La Cuaresma es importante en cuanto que nos lleva a la Pascua. ¿Y qué nos aguarda en la Pascua? Ni más ni menos que, como en Belén, primero un Señor humillado pero, más tarde, un Señor glorificado.

 

La Cuaresma la viviré de verdad, si durante su recorrido, llego a sentir que Dios es más que importante para mí, imprescindible.

 

La Cuaresma la viviré de verdad, si con esfuerzo y de la mano de Dios, compruebo que hay caminos por los que trascurre mi vida, que están apartados de Dios, aun llamándome cristiano.

 

La Cuaresma la viviré de verdad, si me decido a que Dios camine conmigo en la vida y dejo de caminar solo con mis propios intereses y mi propio yo.

 

Todo esto amigos, no se vive de la noche a la mañana. Todo esto amigos, no se prepara como quien va a una librería y sólo lee el índice de un libro pensando que, con eso, ya es suficiente. El cristiano, en la Cuaresma, se pone en camino. Y con los pasos imprescindibles de la oración, la conversión, la penitencia, la caridad y la Eucaristía aprende a no dejar de lado a Cristo. ¿Seremos capaces de caminar con Cristo o, tal vez, preferimos otros caminos con más colores pero sin trascendencia alguna, a los que ya llevamos tiempo enganchados?

 

La Cuaresma, será lo que tú quieras que sea y lo que dejes que Dios te regale.

 

La Cuaresma, no se recorre SÓLO con nuestro propio esfuerzo, sino que a nuestro esfuerzo hemos de añadir la parte mas importante, el dejar que el Señor nos de la mano y nos saque de nuestra tibieza o frialdad, de nuestra comodidad o indiferencia, etc.

 

La Cuaresma, nos ofrece un abanico de posibilidades para llegar hasta la Pascua más conscientes de lo que se celebra y de lo que Cristo ha sido capaz de hacer por nosotros, que tan a la ligera quizás nos tomamos lo que significa.

 

La Cuaresma, precisamente por eso y por mucho más, es como un “balneario” donde acudimos, para expulsar de nuestro cuerpo y alma, todas las toxinas que estorban a la Gracia, todo aquello que nos impide reconocer lo mucho que Dios ha hecho y hace por nosotros.

 

 

El Adviento nos llevó a la Navidad y, tal vez, no vimos ni el pesebre ni lo que habitaba dentro de él. La Cuaresma nos empuja a la Pascua. Malo será que, al llegar, nos quedemos en el bosque, en lo incomprensible de la cruz, sin llegar al sepulcro y ver que está vacío.

 

 

El gran peligro un año más, es quedarnos con el alma sin purificar y sin alimentar. El alma es ese lugar donde Dios quiere reinar y hacernos todo para Él. ¿Qué como se purifica y se alimenta el alma? Pues a través de la escucha de la Palabra de Dios, las prácticas de piedad, la Eucaristía, la honestidad y sinceridad de nuestra vida, el ejercicio de la caridad, la oración personal y la abstinencia, todo eso nos ayuda a sentir que, el Señor, comienza su andadura camino del calvario de nuestras almas, para resucitarlas. ¿O es que no queremos que el Señor nos resucite? ¿O es que no estamos dispuestos? ¿O es que no queremos convertirnos? Pues si lo estamos, vayamos repasando todo lo que es ceniza en nosotros, en nuestra vida, y entonces entenderemos que el rito de la ceniza, no se puede quedar solo es en eso, en un rito.

 

 

CENIZA ES, el estar anclados el solo disfrute, sin deseo alguno de contar con Dios ni con los demás.

CENIZA ES, mirar hacia atrás y, con humildad, reconocer que no todo en nuestra existencia son aciertos.

CENIZA ES, el estar apuntados al relativismo de la palabrería del mundo.

CENIZA ES, toda frialdad divina y humana. Respecto a Dios (a veces lo hemos desterrado a los sótanos de nuestra existencia, o colgado en una percha para cuando tenemos una dificultad), y respecto a las personas (somos calculadores y excesivamente egoístas).

CENIZA ES, reconocer que la gran cantidad de ruidos de una sociedad consumista nos tienen apartados de escuchar los ecos de la presencia de un Señor que, con su cruz, habla sin demasiadas palabras.

CENIZA ES, esa fe intimista y a mi manera que me he fabricado y que me impide seguir a Cristo de verdad.

CENIZA ES, la comodidad, el todo vale, la pereza, los interrogantes por sistema, la timidez apostólica o la falta de ilusión que no ayudan en nada a nuestras convicciones cristianas.

CENIZA ES, el apartarse con excusas y justificaciones una y otra vez de la comunidad de la que formo parte, sin darme cuenta que, “EL Señor no ha venido a darnos clases de cortesía, sino a salvarnos”.

CENIZA ES, contentarme con los ritos y el polvo de la ceniza y el no comer carne los viernes.

CENIZA ES, tener cerrados los ojos de nuestro corazón para no comprometernos con Cristo.

CENIZA ES, estar instalados en la mediocridad, esterilidad y debilidad de nuestro seguimiento de Cristo.

CENIZA ES, caminar por la vida distanciado del Evangelio.

CENIZA ES, el acostumbrase a mirar para otro lado, para no salir al encuentro de quien me necesita.

CENIZA ES, conformase con vivir con nuestras limitaciones y no desear que Dios nos recree.

 

 

Podríamos seguir ampliando la lista, pero con esos apuntes son suficientes, para entender que el rito de la ceniza que se nos impondrá, no se puede quedar solo eso, en el rito.

 

¡Por tanto, a la esencia de la Cuaresma! No nos escudemos en el hecho de que la sociedad, el mundo, la familia, etc., han perdido el sentido del pecado. Lo importante es, ahora, hoy y aquí, ponernos un termómetro personal. Contrastar nuestra vida con la de Jesús. Dejarnos pasar por el escáner del Espíritu, y que detecte todo aquello que hemos de dejar para llegar más limpios a la Pascua.

 

 

Un año más Señor, me convocas al ascenso hacia la PASCUA. Soy consciente de que, tal vez, me encuentras con las mismas dudas y batallas del año pasado. Quisiera hablar contigo, y siempre encuentro mil excusas. Quisiera sacrificarme, y me digo que son cosas del pasado. Quisiera darme generosamente y pienso que tal vez, algunos, se aprovechen de mi buena voluntad.

 

Un año más Señor, sales a mi encuentro, para levantarme de nuevo, y recuperar las ganas de creer y de vivir en Ti. Sales a mi paso, para que mirándote a los ojos, descubra que merece la pena seguirte. Caminas hacia el calvario, para hacerme entender que la vida es grande cuando, al igual que la tuya, se ofrece por salvar y garantizar la vida eterna a los demás.

Un año más Señor, en esta peregrinación hacia la Pascua, te pido que me des fuerza y convicción para mi conversión. Que tu Palabra no falte en mi equipaje, para conocerte; que el ayuno sea un arrullo de tu presencia; que mi caridad, florezca sin demasiado ruido; que mi oración, brote espontáneamente, para nunca, por ella, deje de buscarte y de tenerte.

 

Un año más Señor, ayúdame a comprender que este tiempo al que tú me invitas, es oasis de meditación y de paz; un tiempo de vuelta de los malos modos o ásperos caminos; y de encuentro con el gran olvidado: DIOS. Remueve mis entrañas y mi memoria para que nunca olvide o deje en el tintero, tantos momentos de tus dolores y sufrimientos en rescate del hombre.

 

 

Un año más Señor, te pido que con tu ayuda y mi esfuerzo, que sea el año definitivo, el año en que a partir de esta Cuaresma me decida con seriedad y coherencia por Ti, por tu Evangelio, por todo lo que significa ser tu seguidor.

 

 

Ojalá, que así sea.

 

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