Ecos del Evangelio

1 febrero, 2020 / Carmelitas
“MIS OJOS HAN VISTO LA SALVACIÓN”

“AHORA SEÑOR PUEDES SEGÚN TU PALABRA PUEDES DEJAR QUE TU SIERVO SE VAYA EN PAZ”

 

Cristo, en la liturgia de hoy, es presentado como «Luz». Porque mis ojos han visto a tu Salvador… Luz que alumbra a las naciones». Por eso la procesión con “velas” encendidas, simbolizaba el caminar del Pueblo de Dios hacia la Luz definitiva hecha visible en Cristo «Luz de Luz»; la Luz y la Vida es por eso la Vida misma de las naciones. La Fiesta de hoy es un anticipo de la Luz gozosa en la noche de la Resurrección.

 

Acojamos a Cristo la Luz viva y eterna. Todos nosotros que celebramos y veneramos con íntima participación el misterio del encuentro del Señor, corramos y vayamos todos juntos con espíritu fervorosos a su encuentro. Que ninguno quede excluido de esta Luz, que ninguno se obstine en permanecer metido en la oscuridad. Sino que avancemos radiantes e iluminados hacia Él. Recibamos exultantes en nuestro ánimo, junto con el anciano Simeón, la Luz radiante y eterna: Cristo».

 

UN HOMBRE PIADOSO EN UNA SOCIEDAD DECADENTE.

 

“Y he aquí había en Jerusalén un hombre llamado Simeón, y este hombre, justo y piadoso, esperaba la consolación de Israel; y el Espíritu Santo estaba sobre él. Y le había sido revelado por el Espíritu Santo, que no vería la muerte antes que viese al Ungido del Señor. Y movido por el Espíritu, vino al templo.

 

 

Simeón es un personaje entrañable, bueno que guarda en su corazón la esperanza de ver un día “el consuelo que tanto necesitan “impulsado por el Espíritu de Dios”, sube al templo en el momento en que están entrando María, José y Niño Jesús.

 

 

En un gesto atrevido y maternal, toma al niño en sus brazos con amor y cariño, bendice a Dios y bendice a los padres, pero pronto se dirige a María y su rostro cambia, “una espada te traspasara el alma”, será una “bandera discutida”, su existencia se llenara de luz y de esperanza, otros lo rechazaran y su vida se echara a perder, La acogida de este niño pide un cambio profundo.

 

Una iglesia que tome enserio su conversión no será nunca un espacio de tranquilidad sino de conflicto. Cuanto más nos acerquemos a Jesús mejor veremos nuestras incoherencias y desviaciones, lo que hay de verdad o de mentira en nuestro cristianismo.

 

Las figuras de Simeón y Ana, se destacan como figuras cargadas de valor simbólico. Ellos tienen la tarea del reconocimiento, que proviene tanto de la iluminación y del movimiento del Espíritu, como también de una vida llevada en la espera más intensa y confiada.
Por eso en el evangelio, estos dos ancianos tienen la sabiduría que dan los años para:

 

• Reconocer la luz.

• Para decir una palabra adecuada.

• Para confiar y confiarse a Dios.

• Para agradecer de corazón.

• Para llevar a otros la Buena Noticia.

 

 

De igual forma, el evangelio, destaca a Jesús como Luz, “Luz que alumbra a todas las naciones”. No cualquier luz, sino la luz que ilumina nuestro corazón y nuestra vida. Por eso, tenemos que reconocer que si Él nos faltase, las tinieblas se adueñarían de nuestro corazón. Finalmente, hoy el evangelio destaca como “este niño trae la paz”, don esencial para la existencia humana. Esta paz adquiere los rostros de: libertad, justicia, verdad, solidaridad, respeto y fraternidad.

 

Con fe profunda, pidamos hoy el don de la paz, para nuestra vida, pero principalmente para todos aquellos lugares donde se requiere una pronta solución.

 

LA SALVACIÓN QUE TODO HOMBRE DEBE VER ANTES DE MORIR.

 

A pesar de que este anciano era piadoso y devoto de Dios, él no podía morir ya que anhelaba ver con sus propios ojos la consolación de Israel. De igual forma, todo hombre y mujer deben anhelar ver con sus propios ojos la consolación de Dios antes que la muerte los sorprenda.

 

ESTA SALVACIÓN ES PARA TODOS LOS HOMBRES.

 

Buena noticia es que esta salvación que Simeón experimento es no solo para los judíos, sino para todos los hombres y mujeres de todas partes del mundo.

 

“Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, más tenga vida eterna”.

 

Como Simeón debemos buscar conocer a Cristo. El Espíritu Santo nos brindara la oportunidad de contemplar el plan de salvación para nuestra vida y cuando esto pase no debemos desaprovecharla. Dios muestra su gran amor a toda la humanidad a través del hecho de haber enviado a su hijo Jesús a morir por nuestros pecados, sin embargo su muerte es efectiva únicamente para los que en Él creen.

 

A la luz del evangelio hoy nos preguntamos

 

¿Soy capaz de “esperar” y reconocer la presencia de Dios en mi vida?

¿En qué medida, El Señor es la luz de mi existencia?

 

 

En este día se celebra la Jornada de la Vida Consagrada y los consagrados con su don carismático de vivir el seguimiento de Jesucristo son puestos en el candelero de la Iglesia para que brillando en ellos la luz del Evangelio alumbren a todos los hombres y estos den gloria al Padre que está en los cielos. ES un signo en el mundo de la presencia de CRISTO resucitado.

Todo el misterio de amor que hay en esta hermosa vocación; Cristo llamó a los que quiso (liberalidad de la llamada), y vinieron donde él (libertad en la respuesta, los llamó como signo de su amor y para que estuvieran con el (consagración), los instituyo doce (comunidad) para enviarlos a anunciar el Evangelio con el poder de curar y liberar (misión).

 

La vida consagrada es un don antes que tarea, y gracia antes que esfuerzo, es evangelio y profecía porque anuncia el Reino y lo hace presente, esto comporta una ascética, pero sobre todo vivencia de la mística en la transfiguración con CRISTO.

 

La caridad de Cristo es: su motor, su aliento, su meta y su destino, la medida de su amor es el AMOR sin medida se alimentan del Pan de la vida, Cristo servido en la mesa de la palabra y en la mesa de la Eucaristía.

 

Todos estamos llamados a la radicalidad, a la coherencia completa, a la fidelidad total a nuestras propias convicciones. Lo cual, en lenguaje cristiano lo explicitamos como «seguimiento de Jesús».

 

¿Cómo va mi coherencia personal?

¿Soy coherente y radical?

¿Sigo a Jesús dignamente?

 

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