Ecos del Evangelio

25 mayo, 2017 / Carmelitas
No dejo la tierra

ASCENSIÓN DEL SEÑOR

Hoy celebramos la solemnidad de la Ascensión del Señor, momento en el cual se nos presenta a Jesús que parte a la casa del Padre, pero antes de que suceda convoca a sus discípulos en un monte de Galilea, esto es significativo porque nos remarca que la misión de anunciar el reino de Dios con signos y palabras del Señor Jesús comenzó precisamente allí, en Galilea. El encuentro tiene lugar en un monte, que es el lugar donde tradicionalmente Dios se había manifestado a su pueblo (Israel) en el Antiguo Testamento.

El encuentro de Jesús resucitado con sus discípulos tiene dos momentos:

En el primero se da un encuentro en el que Jesús se revela a través de sus palabras y los discípulos le reconocen como Señor a través de un gesto de adoración, aquí el Señor les acoge y perdona y les revela el misterio profundo de su persona. Pero aquí, como a lo largo de todo el evangelio, la actitud vacilante de los discípulos hace que Jesús les llame “hombres de poca fe”, aun así se muestra claramente que la misión que Jesús les va a confiar es un don inmerecido. En el segundo, Jesús les confía una misión que antes se les había encomendado solo de forma nupcial, y ahora ya se hace realidad e incluso les promete su asistencia continua para llevar a cabo dicha misión.

Al reconocimiento y adoración de sus discípulos sigue una manifestación del misterio de Jesús, que refleja la fe de la comunidad: Él es el Señor resucitado, que posee plena autoridad sobre cielo y tierra. Él es el Dios con nosotros que acompaña a la Iglesia en su misión. Y esta misión de anunciar la Buena Nueva ya no es solo a un pueblo sino que se dirige a todos los pueblos. Es hacer que toda la humanidad por el testimonio de los primeros discípulos nos convirtamos en discípulos del Señor.

Hermanas, hoy el reto es grande pero gozoso. Grande porque al celebrar esta fiesta se nos recuerda la muerte y resurrección del Señor. Es decir, el abandono al mundo terreno para entrar en el mundo de lo divino. Y este mundo terreno no es otra cosa que los defectos que tenemos y de los cuales hacemos uso para crear seguridades ante los demás e incluso en algunas ocasiones ante el mismo Dios. Pues, para entrar al mundo devino es necesario despojarnos de todo ello y tomar como única herramienta el arma del amor; ella, es la que nos ayudara a ver el esplendor iluminador del Señor para ir junto al Padre.

Hermana tu misión, mi misión, nuestra misión ya la sabemos ya la hemos profesado; pues es amar a Cristo en la persona de los enfermos, ancianos y niños, hagamos de esta misión fuente de alegría, esperanza, plenitud en el Señor para nosotras y para todos los pueblos, es decir a donde encontremos. Dios nos bendiga y feliz fiesta de la Ascensión del Señor.

Hna. Yina Marcela Rubiano Cabiedes. HCSJ

VIDEO: https://www.youtube.com/watch?v=eGcsshet3nc

 

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