Ecos del Evangelio

28 mayo, 2019 / Carmelitas
Yo no dejo la tierra

LA ASCENSION DEL SEÑOR CICLO C 2019

Los dos relatos de la Ascensión descritos por Lucas que hemos escuchado, no reflejan tristeza por la despedida de Cristo, sino todo lo contrario. Nos dicen que los discípulos, después de haber recibido la última bendición de Jesús, «se volvieron a Jerusalén con gran alegría y estaban siempre en el templo bendiciendo a Dios».

Los apóstoles fueron conscientes de que habían recibido una misión que tenían que realizar con la fuerza del Espíritu y por la que debían ser testigos de Jesús en Jerusalén y hasta los confines del mundo. ¿Y nosotros los cristianos de hoy somos conscientes de que también hemos recibido esa misión que tenemos que llevar a cabo? A tenor del comportamiento de no pocos, hay que ser honrados y decir que no, porque no están convencidos y su fe la celebran por simple adorno para algún evento.

Pues nos dice el evangelista, que Jesús, al dejar a los discípulos «los bendijo. Y mientras los bendecía, se separó de ellos. Jesús, la palabra de Dios en la que todo fue creado y se hizo hombre entre los hombres, pronuncia una bendición sobre aquel puñado de discípulos. Y en aquel puñado de discípulos estamos nosotros, los cristianos de hoy. Todos los que, a través de Jesús, nos sentimos amados por Dios y debemos comprometernos en la tarea que Cristo encomendó en su Ascensión.

«Vino y se fue» después de habernos marcado una maravillosa tarea, la de dar a conocer su mensaje y sus hechos a los hombres de nuestro tiempo; la de ser sus testigos allá donde vivimos. Pero detrás de esa despedida hay Alguien-Cristo- que ha prometido estar con nosotros hasta el fin de los tiempos. Que las estrellas, la vida, la bondad del corazón humano… son como las ventanas encendidas a través de las que sabemos que Él sigue estando vivo entre nosotros.

«Vino y se fue» dejándonos un mensaje que durará mientras el mundo sea mundo; unas herramientas que no se han quedado viejas a pesar de los veinte siglos transcurridos. Él sabe que trabajamos mejor si la responsabilidad y la libertad están en nuestras manos. Detrás de nosotros no puede haber ningún mesías de barro, ni ningún tirano que nos vigile. Solo hay un Maestro: Cristo, Él sigue vivo, actuando en el corazón de los hombres, siendo nuestro camino, nuestra verdad y nuestra vida, pero respetando nuestra libertad.

Con la Ascensión comienza el tiempo de la Iglesia, es decir el nuestro: de nosotros depende hoy que la causa de Jesús que nos ha encomendado continúe adelante .Hoy estamos en el centro todos nosotros, los que formamos el cuerpo de Cristo que es la Iglesia. Cada uno de nosotros tiene algo de Magdalena, de Pedro, de Tomás… Y, sobre todo, cada uno de nosotros, tiene algo de Cristo.

Somos nosotros, «amados de Dios», los que tenemos que repetir, movidos por el Espíritu, lo que aquel maravilloso hombre dijo, y vivió y después nos marcó como tarea y se fue». Esos dos ángeles que se aparecen a los Apóstoles, que se habían quedado extasiados contemplando las alturas, les trazaron a los apóstoles y nos trazan a nosotros el camino a seguir: « ¿Qué hacéis ahí plantados, mirando al cielo?»

El cristiano no ascenderá nunca por medio de mágicos vuelos espaciales, ni tampoco por esas actitudes de pasividad, de rutina y hasta de indiferencia que por desgracia se ven con frecuencia Esos cristianos que se toman su fe como un pasatiempo cuando se lo permiten sus compromisos. Realmente vergonzoso.

El cristiano, igual que Jesús, «subirá, bajando». Bajando al campo de su trabajo, refinado o humilde, de cada día. Bajando a la actitud de servicio constante hacia todos los hermanos, principalmente los más necesitados. Bajando a la sencillez de saber, muy bien sabido, que «somos trabajadores de su mies» y que, si algo hacemos, no hacemos nada más que «lo que teníamos que hacer».

Sí, ascendemos, bajando. Bien claro lo expresó el Señor, inmediatamente después de haberles lavado los pies a sus discípulos: «Si yo, que soy el maestro, os he lavado los pies a vosotros, también vosotros debéis lavaros los pies unos a otros». En una palabra: no se puede estar «a la luna de Valencia». Cada día tenemos que poner las manos en la tarea que nos espera. No vaya a ser que vengan dos ángeles vestidos de blanco que nos digan: «¿Qué hacéis ahí plantados mirando al cielo también vosotros cristianos del siglo XXI?»

Por tanto entendamos bien lo que significa la Ascensión y dejemos de lado la imaginaria, muy bonita, pero imaginaria. Jesús no fue arrebatado al cielo como el profeta Elías por un carro de fuego, ni subió al cielo, a la esfera celeste, dentro de un cohete lanzado desde Cabo Cañaveral.

La Ascensión no es cuestión de lugar, sino que es la puerta abierta a una nueva relación. “La dependencia de Dios es nuestra única independencia”.O lo que es lo mismo: para ser totalmente libres e independientes, sigamos y comprometámonos con Cristo. Y veremos la maravilla de ser libres.

*La Ascensión no es cuestión de una ausencia sino de una nueva presencia. El Espíritu de Jesús, presente y actuante, llena la ausencia de Jesús, inspira y eleva los corazones, sopla donde quiere, abre los labios a la alabanza, hermana a sus seguidores y hace creíble el testimonio de los creyentes.

 *La Ascensión no es cuestión de abandonarnos a nuestra suerte, sino de experimentar la plenitud de Jesús dentro de nosotros. Jesús ya no pertenece ni al tiempo, ni a una cultura, ni a una lengua o raza. Constituido Señor, pertenece a todos los hombres y a cada uno.

 *La Ascensión de Jesús nos invita a desprendernos de todo lo que nos ata y nos impide ascender. Y si somos sinceros con nosotros mismos sabemos perfectamente que es lo que nos está impidiendo ascender de tanto fango, materialismo, apariencia, indiferencia y comodidad.

No somos estudiantes u oyentes pasivos, somos copropietarios de este negocio misterioso, terrenal y celestial, y estamos llamados a edificar el Reino de Dios, un nuevo orden de cosas, en este tiempo y en este lugar concreto en el que vivimos.

Teresa de Ávila lo expresó maravillosamente en este texto que si no es suyo bien lo podría ser.

+Cristo no tiene más cuerpo aquí en la tierra que el nuestro. +Cristo no tiene más manos que las nuestras para hacer su trabajo. +Cristo no tiene más pies que los nuestros para guiar a los otros por sus caminos.  +Cristo no tiene más voz que la nuestra para decir a los demás cómo murió, resucitó y ascendió a la derecha del Padre. +Cristo no tiene mas corazón que el tuyo, tu que me escuchas, para continuar su labor de trasformar a la humanidad a través del amor.

La Ascensión nos ayuda a poner los pies en el suelo aunque miremos al cielo

*Cualquiera sabe y reclama sus derechos. Pero pocos se preguntan por sus deberes.
*A cualquiera se le ocurre algo. Pero pocos saben razonarlo y ver si respeta la dignidad de los demás.

*Cualquiera tiene un pensamiento brillante. Pocos tienen la capacidad de hacerlo provechoso no solo para ellos mismos.

*Cualquiera puede divisar un camino. Pero pocos saben desandarlo si no es correcto.
*Cualquiera sabe criticar y apuntar defectos. Pero pocos aportar ideas constructivas y trabajar por ellas.

*Cualquiera puede señalar un mal. Pero pocos trabajan por solucionarlo, prefieren la queja continua.

*Cualquiera se compromete de palabra. Pero pocos cumplen de obra cuando llega la hora.

*Cualquiera sentencia como un juez y condena. Pero pocos indultan como debe hacer cristiano.

*Cualquiera puede hacer un brindis por lo que le conviene a él mismo. Pero pocos una alianza para comprometerse por el bien de los demás.

*Cualquiera sabe lo que se debe hacer. Pero pocos dan el paso de actuar, mas bien invitan a otros a que lo hagan.

*Cualquiera se pone el disfraz que la sociedad le propone. Pero pocos se lo quitan ante Dios y se miran tal cual son.

*Cualquiera lanza una queja de la vida. Pero pocos reconocen lo que se merecen y la hacen llevadera.

*Cualquiera está a punto para ponerse la corona del triunfo. Pero pocos están dispuestos para el compromiso desde el silencio.

*Cualquiera tiene una visión de lo que debería ser la claridad. Pero pocos salen de la apatía y se meten en la luz.

*Cualquiera quisiera mejorar su entorno y hasta el mundo.  Pero pocos se ponen al servicio de la causa, se limitan a mejorarse ellos mismos.

*Cualquiera grita y se manifiesta por la paz. Pero pocos destierran la guerra en la batalla de todos los días.

*Cualquiera se enamora de una estrella. Pero pocos tienen la fuerza de alargar el brazo… ¡Y conseguirla.

*Cualquiera busca sin escrúpulos su ascensión particular. Pero pocos están dispuestos a lavar los pies a los demás, porque ahí está la verdadera Ascensión.*Cualquiera quiere ser divino. Pero pocos saben que para eso, hay que ser lo mas humano posible.

Ahí tenéis el sentido de la Ascensión, amigos. Por tanto, quien se dedique a escurrir el bulto, a desentenderse de la tarea que Cristo le dejó encomendada, que se olvide de su propia Ascensión. Esto de quedarse extasiados y que otros hagan por mí la tarea que Cristo me encomendó, se acabó desde la Ascensión de Cristo.

 

 

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