Ecos del Evangelio

7 julio, 2016 / Carmelitas
No os quedeis tristes

LA ASCENSION DEL SEÑOR CICLO C 2016

Una de las poesías más conocidas de Fray Luís de León está dedicada a la Ascensión y un fragmento dice así: «Y dejas Pastor santo a tu grey en este valle hondo, escuro». Es una poesía que refleja la tristeza de aquellos discípulos que ven cómo una «nube envidiosa» les priva «deste breve gozo» de la presencia de Jesús y se preguntan: « ¿Qué norte guiará la nave al puerto?». Para exclamar finalmente: « ¡Cuán pobres y cuán ciegos, ay, nos dejas!».

Pero hay otra, dedicada a la Ascensión, y menos conocida, ésta de León Felipe, y que dice: «Aquí vino y se fue. Vino…, nos marcó una tarea y se fue. Vino…, llenó nuestra caja de caudales con millones de siglos y de siglos; nos dejó unas herramientas…, y se fue. Tuyo es el tiempo. El tiempo y esa gubia con que Dios comenzó la creación».

Pero los dos relatos de la Ascensión descritos por Lucas, que hoy hemos escuchado, no reflejan ciertamente tristeza .Todo lo contrario, nos dicen que los discípulos, después de haber recibido la última bendición de Jesús, “se volvieron a Jerusalén con gran alegría y estaban siempre en el templo bendiciendo a Dios».Los relatos reflejan la conciencia de que han recibido una misión que tienen que realizar con la fuerza del Espíritu y por la que deben ser testigos de Jesús en Jerusalén y hasta los confines del mundo.

De hecho Lucas en el libro de los Hechos nos narra lo que los seguidores y testigos de Jesús «fueron haciendo y enseñando movidos por el Espíritu Santo», que Jesús había prometido: «La promesa de mi Padre de la que os he hablado». Jesús les había dicho: «Cuando el Espíritu Santo descienda sobre vosotros, recibiréis fuerza para ser mis testigos en Jerusalén… y hasta los confines del mundo».

Hoy pues día dela Ascensiónlos protagonistas de las lecturas no son los testigos dela Resurrecciónsino la comunidad de creyentes que se está gestando enla Ascensióny que va a nacer el día de Pentecostés, que celebraremos el domingo próximo.

Hay un gesto entrañable en el evangelio de hoy: nos dice que Jesús, al dejar a los discípulos «los bendijo. Y mientras los bendecía, se separó de ellos. Jesús, la palabra de Dios en la que todo fue creado y se hizo hombre entre los hombres, pronuncia una bendición sobre aquel puñado de discípulos que permanecen en la ciudad de los hombres y han recibido la misión, movidos por el Espíritu de ser testigos el Resucitado.

Y en aquel puñado de discípulos estamos nosotros, los cristianos de hoy. Todos los que, a través de Jesús, nos sentimos amados por Dios y estamos comprometidos en la tarea que Cristo encomendó en su Ascensión.

San Ignacio de Loyola decía que había que actuar en la vida como si todo dependiese de nosotros, para acabar finalmente poniendo toda nuestra confianza en Dios. Es la misma idea de la poesía de León Felipe: «Aquí vino y se fue»; ha estado entre nosotros un hombre maravilloso, que era al mismo tiempo la revelación del Dios, al que nadie ha visto jamás y la revelación del misterio del hombre, que tanto nos cuesta descubrir.

«Vino y se fue»: después de habernos marcado una maravillosa tarea, la de repetir sus palabras y sus hechos a los hombres de nuestro tiempo, la de ser sus testigos en la ciudad. Sabemos que detrás de esa nube hay Alguien que ha prometido estar con nosotros hasta el fin de los tiempos; que las estrellas, la vida, la bondad del corazón humano… son como las ventanas encendidas a través de las que sabemos que Él sigue estando vivo entre nosotros.

«Vino y se fue»: dejándonos la caja de caudales llenas con un mensaje que durará mientras el mundo sea mundo; unas herramientas que no se han quedado viejas a pesar de los veinte siglos transcurridos. Él sabe que trabajamos mejor si la responsabilidad y la libertad están en nuestras manos. Detrás de nosotros no puede haber ningún mesias de estos de barro, ni ningún tirano que nos vigile. Solo hay un Maestro: Cristo, Él sigue vivo, actuando en el corazón de los hombres, siendo nuestro camino, nuestra verdad y nuestra vida, pero respetando nuestra libertad.

Pero nuestro es el tiempo; de nosotros depende hoy la causa de Jesús que nos ha encomendado su misión, guiados por el Espíritu. Nuestro es el tiempo y la misma gubia, ese instrumento de carpintero -y Jesús lo fue- con el que Dios comenzó su creación y que ahora está ya en nuestras manos para que recreemos. Por eso en este domingo, las figuras de la resurrección ya no son ni las mujeres, ni Magdalena, ni Tomás, ni Pedro, ni Juan…, ni el mismo Cristo.

Hoy estamos en el centro todo nosotros, los que formamos el cuerpo de Cristo que es la Iglesia. Cada uno de nosotros tiene algo de Magdalena, de Pedro, de Tomás… Y, sobre todo, cada uno de nosotros, tiene algo de Cristo. Somos nosotros, «amados de Dios», los que tenemos que repetir, movidos por el Espíritu, lo que aquel maravilloso hombre dijo, que «vino, nos marcó una tarea y se fue».

Esos dos ángeles que se aparecen a los Apóstoles, que se habían quedado extasiados contemplando las alturas, les trazaron a ellos y nos trazan a nosotros el camino a seguir: « ¿Qué hacéis ahí plantados, mirando al cielo?»

El cristiano no ascenderá nunca por medio de mágicos vuelos espaciales, por actitudes estáticas que conlleven la inhibición y la evasión de lo que debe ser su compromiso temporal.

El cristiano, igual que Jesús, «subirá, bajando». Bajando al campo de su trabajo, refinado o humilde, de cada día. Bajando a la actitud de servicio constante hacia todos los hermanos, principalmente los más necesitados. Bajando a la sencillez de saber, muy bien sabido, que «somos siervos inútiles» y que, si algo hacemos, no hacemos nada más que «lo que teníamos que hacer».

Sí, ascendemos, bajando. Bien claro lo expresó el Señor, inmediatamente después de haberles lavado los pies a sus discípulos: «Si yo, que soy el maestro, os he lavado los pies a vosotros, también vosotros debéis lavaros los pies unos a otros».

En una palabra: no se puede estar «a la luna de Valencia». Cada día tendremos que poner las manos en la tarea que nos espera. No vaya a ser que vengan dos ángeles vestidos de blanco que nos digan: « ¿Qué hacéis ahí plantados mirando al cielo?»

Por tanto entendamos bien lo que significala Ascensióny dejémonos de lado la imagineria, muy bonita, pero imagineria. Jesús no fue arrebatado al cielo como el profeta Elías por un carro de fuego ni subió al cielo, la esfera celeste, como un cohete lanzado desde Cabo Cañaveral.

La Ascensión no es cuestión de lugar sino que es la puerta abierta a una nueva relación. “La dependencia de Dios es nuestra única independencia”.O lo que es lo mismo: para ser totalmente libres e independientes dependemos de Cristo.

La Ascensión no es cuestión de una ausencia sino de una nueva presencia. El Espíritu de Jesús, presente y actuante, llena la ausencia de Jesús, inspira y eleva los corazones, sopla donde quiere, abre los labios a la alabanza, hermana a sus seguidores y hace creíble el testimonio de los creyentes.

La Ascensión no es cuestión de abandonarnos a nuestra suerte, sino de experimentar la plenitud de Jesús dentro de nosotros. Jesús ya no pertenece ni al tiempo, ni a una cultura, ni a una lengua o raza. Constituido Señor, pertenece a todos los hombres.

La Ascensión de Jesús nos invita a desprendernos de todo lo que nos ata y nos impide ascender. Y si somos sinceros con nosotros mismos sabemos perfectamente que es lo que nos está impidiendo ascender de tanto fango, materialismo, apariencia, indiferencia y comodidad.

No somos estudiantes pasivos, somos copropietarios de este negocio misterioso, terrenal y celestial, y estamos llamados a edificar el Reino de Dios, un nuevo orden de cosas, en este tiempo y en este lugar concreto en el que vivimos.

Teresa de Ávila lo expresó maravillosamente en este texto que si no es suyo bien lo podría ser.

+Cristo no tiene más cuerpo aquí en la tierra que el nuestro.

+Cristo no tiene más manos que las nuestras para hacer su trabajo.

+Cristo no tiene más pies que los nuestros para guiar a los otros por sus caminos.

+Cristo no tiene más voz que la nuestra para decir a los demás cómo murió, resucitó y ascendió a la derecha del Padre.

+Cristo no tiene mas corazón que el tuyo, tu que me escuchas, para continuar su labor de trasformar a la humanidad a través del amor.(y eso lo digo yo)

+La Ascensióndel Señor, es la corona de oro que Dios pone a Cristo después que, los hombres, pusiéramos en Él aquella otra de espinas.

+La Ascensióndel Señor es saber que Jesús vive en el cielo pero se desvive en la tierra por nosotros, porque continúa con nosotros.

+La Ascensióndel Señor, es búsqueda de lo de arriba, pero compromiso activo aquí y ahora.

+La Ascensióndel Señor es motivación para trabajar con las manos en la tierra pero poniendo el calor del corazón en el cielo

Ahí tenemos el sentido dela Ascensión, por tanto, quien se dedique a escurrir el bulto, a desentenderse de la tarea que Cristo le dejó encomendada, que se olvide de su propia Ascensión.

 

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