Ecos del Evangelio

26 abril, 2019 / Carmelitas
Octava de Pascua. Domingo de la Misericordia Divina.

 

Llamadas a vivir en la Misericordia

 

 

Hoy voy a compartir con todos ustedes una carta que recibí de una Hermana Carmelita de San José, en un momento de mi vida muy difícil y complicado, la guardo como un tesoro, un regalo de Dios para mí y por eso, quiero compartirla para que sea extensible a toda alma que quiera gozar de la Dulzura de la Misericordia Divina.

 

“Mi querida hermana Roselvi, el Señor permite que pasemos lo que Él mismo pasó, porque sabe y espera de sus íntimos que le ayudemos en la salvación del mundo, nos puede parecer raro esto pero… cuantas veces lo pienso y es verdad.

 

Él es Todopoderoso y quiere ser ayudado por sus pequeñas criaturas frágiles, humildes, polvo… piensa en los que escogió para estar con Él en su vida pública, hombres pecadores, envidiosos, querían poder, escogió uno escéptico, otro traidor, otro perjuro que le negó tres veces pero qué hizo Él, le CONFIÓ toda la responsabilidad que tenía que desarrollar en la Iglesia que iba a fundar, Jesús sabía bien lo que era Pedro, pero no le importó, sabía que su caída le haría fuerte, responsable, comprometido con los hombres a él confiados, recuerda la mirada después de las negaciones que le echó Jesús cuando le llevaban al calvario.

 

Los hombres todos, somos estrechos de miras, guardamos a veces rencor, antipatía, en fin, falta de amor, es decir, nos cuesta perdonar y más olvidar, Él saca de nuestro pecado si nosotros queremos, amor, amor, amor, porque Él no es otra cosa que AMOR y ofendemos y entristecemos su Corazón cuando damos vueltas y vueltas sobre nuestra vida, hemos pedido perdón, pues, Él antes de pedírselo ya ha perdonado y olvidado.

 

Sólo nos queda confiar en su Corazón repleto de Amor, a veces olvidamos que Él tiene un corazón como el nuestro de carne, sentimientos, dolor, ahí está en el Sagrario y no se desdeña de nuestro corazón cada día, bien sabe Él que no tendríamos fuerza si Él nos faltase, pero eso no se hará porque nos ama con Amor Infinito.

 

Leía en un libro de Oración, es un fraile o sacerdote que cuando iba a la oración (lo que regularmente hacemos nosotros decía, “Señor, te amo”, “Jesús te amo”, etc. Un día que estaba con esto, oyó la voz de Jesús que le decía: “Antonio soy Yo el que te ama”, después Antonio cambió la frase y le decía; “Jesús me Amas” y es que a veces no llegamos a creer verdaderamente en el amor inconmensurable que Dios nos tiene.

 

Otro ejemplo, esta es una mujer que ha vivido su vida en medio del mundo, pero tenía con Jesús una vida íntima, le dice Jesús: “tú eres un tesoro para mí, sólo tengo este tesoro” ésta se extrañó y le dice “Señor” tú tienes muchos tesoros, y ÉL LE CONTESTA; Mira, cada alma es un tesoro para mí y lo que tú puedes darme, no me lo puede dar ninguna otra porque cada una es una.

 

Así que, hermana mía querida no le podemos defraudar. Las cosas pequeñas hechas con amor, Él las encuentra grandes, y es verdad ahí tenemos a Santa Teresita que en nueve años se hizo santa y según los hombres sólo hizo cosas pequeñas pero con todo el amor, otra cosa quiero plasmar, un día el Señor coge en el cuenco de su mano una gota de agua del mar y le dice al alma, ¿Qué te parece, cuánto puede durar en mi mano y qué va a ser de ella?, el alma responde, pues nada, se evaporará y desparecerá, entonces dice Jesús, le metemos de nuevo en el mar y será mar no?, así es Señor, pues mira le dice Él, así es tu vida, sola no eres nada pero si te sumerges en el Mar Infinito de Mi Amor y vives Mi Vida, serás mar, serás Vida para todos, ¿Qué te parece? Quiero ser mar dijo el alma en Ti, por Ti y para Ti.

 

Animémonos, vivamos el día a día, el momento presente, el futuro es incierto y el pasado pasó, no nos martiricemos de pensar en lo pasado, Él hace nueva todas las cosas, solo nos pide Confianza y Amor, porque la desconfianza es muy amarga…”

 

 

“La misericordia divina llega a los hombres a través del corazón de Cristo crucificado: ‘Hija mía, di que soy el Amor y la Misericordia en persona’, pedirá Jesús a sor Faustina (Diario, p. 374). Cristo derrama esta misericordia sobre la humanidad mediante el envío del Espíritu que, en la Trinidad, es la Persona-Amor. Y ¿acaso no es la misericordia un ‘segundo nombre’ del amor (cf. Dives in misericordia, 7), entendido en su aspecto más profundo y tierno, en su actitud de aliviar cualquier necesidad, sobre todo en su inmensa capacidad de perdón? Hoy es verdaderamente grande la alegría al ser conscientes del gran Don que el Señor nos regala en su Misericordia.

 

Jesús dijo a sor Faustina: ‘La humanidad no encontrará paz hasta que no se dirija con confianza a la misericordia divina’ (Diario, p. 132)”.

 

“Así pues, es importante que acojamos íntegramente el mensaje que nos transmite la palabra de Dios en este segundo domingo de Pascua, llamado ‘Domingo de la Misericordia divina’”.

 

Este domingo, último día de la Octava Pascual, siempre ha incluido el pasaje del Evangelio de “Tomás el escéptico”. Este pasaje particular nos recuerda la necesidad de entrar en el corazón de Jesús para limpiarnos a través de su misericordia.

 

Jesús, en una visión a santa Faustina, pidió que este Segundo Domingo de Pascua se llamara “Domingo de la Misericordia Divina”, según escribió Faustina en su Diario:

 

Una vez, oí estas palabras: Hija Mía, habla al mundo entero de la inconcebible misericordia Mía. Deseo que la Fiesta de la Misericordia sea refugio y amparo para todas las almas y, especialmente, para los pobres pecadores. Ese día están abiertas las entrañas de Mi misericordia. Derramo todo un mar de gracias sobre las almas que se acercan al manantial de Mi misericordia. El alma que se confiese y reciba la Santa Comunión obtendrá el perdón total de las culpas y de las penas. En ese día están abiertas todas las compuertas divinas a través de las cuales fluyen las gracias. Que ningún alma tema acercarse a Mí, aunque sus pecados sean como escarlata. Mi misericordia es tan grande que en toda la eternidad no la penetrará ningún intelecto humano ni angélico. Todo lo que existe ha salido de las entrañas de Mi misericordia. Cada alma respecto a Mí, por toda la eternidad meditará Mi amor y Mi misericordia. La Fiesta de la Misericordia ha salido de Mis entrañas, deseo que se celebre solemnemente el primer domingo después de Pascua. La humanidad no conocerá paz hasta que no se dirija a la Fuente de Mi misericordia. (Diario, 699)

 

Sí, el primer domingo después de Pascua es la Fiesta de la Misericordia, pero también ha de haber obras de misericordia que deben surgir de tu confianza en Mí y de tu amor hacia Mí. Debes mostrar misericordia al prójimo siempre y en todas partes: la acción, la palabra y la oración. No puedes excusarte. La fe sin obras es inútil. (Diario, 742).

 

Hna. Roselvi Izquierdo Escalante CSJ.

 

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