Ecos del Evangelio

19 mayo, 2017 / Carmelitas
Pediré al Padre que os dé otro defensor

“PEDIRE AL PADRE QUE OS DE OTRO DEFENSOR”

“No os dejaré huérfanos” A lo largo de nuestra vida casi todas nosotras hemos experimentado la despedida de un ser querido y en consecuencia anhelamos volver a ver a las personas de las que nos separamos a la hora de decidir nuestro futuro. Por ello, normalmente decimos: “regresaré pronto,” o “nos veremos luego,” e incluso algunas veces dejamos algo como muestra de nuestro cariño hacia ellas. No es difícil dejar de entender porque Jesús promete volver a los suyos, porque no quiere que se sientan como huérfanos. Pues, huérfano no es únicamente aquella persona que pierde a alguno de sus padres o a ambos; sino que también es aquella persona que no cuenta con afecto y protección, que se siente triste sola y abandonada por no sentir la cercanía de aquellos que están a su entorno. Y no hay situación de mayor orfandad que la de no conocer ni tener la posibilidad de mantener una relación de fidelidad con el Señor. Por eso,es que el Señor nos promete que enviara su Espíritu, para que tengamos esa muestra de cariño y amor.

El texto Juanico nos presenta un discurso de Jesús con una oración condicional:“Si me amáis, guardareis mis mandamientos”, es decir que el amor hacia Cristo es un requisito que debemos cumplir por medio de la obediencia y la práctica de sus mandamientos. A quienes amen al Señor se les promete un Consolador, un iluminador, un paráclito. Paráclito que actúa en la tierra, en la vida de la comunidad cristiana. Este paráclito también lo identificamos como la tercera persona de la Santísima Trinidad. Él es el “Espíritu de la verdad,” que a la vez da cuenta de la divinidad de Jesucristo (Jn 14:6).

Según Juan, el defensor puede ser visto y recibido por quienes conocen a Jesús, por quienes mantienen con Él una relación fraternal en el estado de hijos de Dios. Y aunque parece que el evangelista se muestra exclusivista, en realidad lo que está haciendo es marcar la diferencia que hay entre el bien y el mal. Cuando dice que “el mundo no puede recibirlo, porque no lo ve ni lo conoce,” y cuando dice mundo, que en griego significa “cosmos” y cosmos significa sistema, en su contexto se refiere al sistema impuesto por el imperio romano que generaba injusticias, desigualdades y opresión.

“Vosotros me veréis” La promesa de no dejarlos solos se repite; aún más, Jesús asegura que volverá a ellos. Se adelanta a lo que va a suceder en el día de Pentecostés, cuando Él mismo presente a su iglesia, como “cuerpo vivo,” testificando su amor, en la plenitud del Ayudador y Espíritu de la verdad. Jesús espera ser visto por medio de su iglesia en el mundo, por la simple razón de que él vive en y por su iglesia.

“Yo estoy en mi Padre, y vosotros en mí”A veces, la apertura de espíritu y la disponibilidad de compartir, no son posibles por nuestra propia voluntad; pues tiene que haber un motivo que genere un proceso de solidaridad y desprendimiento sincero. El milagro de la unidad se da en virtud de la presencia del Señor, de su reino entre los suyos. Jesús se manifiesta, conforme a su promesa, a quienes guardan sus mandamientos. Y los mandamientos del Señor son amar a Dios, amar al prójimo y amarnos mutuamente. Y sin duda, esto es lo que el mundo de hoy está esperando de nosotras las seguidoras del Señor. La promesa del Señor de manifestarse a los suyos, o sea, a nosotras, nos impulsa al servicio como expresión concreta de su amor, a ser medios e instrumentos en las manos del Señor.

Hna. Yina Marcela Rubano

 

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