Ecos del Evangelio

7 junio, 2019 / Carmelitas
PENTECOSTÉS 2019

 

ES PENTECOSTÉS…

 

Pentecostés es una fiesta tan importante como la de Pascua y de mayor relieve que la misma Navidad, sin embargo en la práctica ha pasado a ser un domingo más en la vida de los países llamados cristianos. La piedad cristiana popular se ha centrado en el niño Jesús nacido en Belén, y en el Cristo muerto en la cruz.

 

En cambio Pascua y Pentecostés, los dos grandes ejes de la fe cristiana, las dos grandes fiestas de jubilo y alegría exultante, para muchos, pasan desapercibidas. Así se ha llegado a que el cristianismo sea rígido, triste y repleto de requisitos. Por eso las comunidades cristianas, muchas de ellas, en nada se parecen a lo que su fundador, Cristo quiso. ¿Cómo van a salir así de esas comunidades, TESTIGOS llenos de alegría y amor, ternura y comprensión, que comuniquen lo más grande de la historia, que es la resurrección de Cristo y la nuestra?

 

Para ser testigo hay que tener una mentalidad abierta y acogedora. Que al cristiano se le conozca por el testimonio de una manera nueva y diferente de vivir, basada en el amor, sin hacer distinción de personas y por tanto un amor universal. ¿Son así muchas comunidades cristianas? Pues no, ni por asomo.

 

Aquel puñado de discípulos invadidos por la fuerza del Espíritu liquidaron Babel y su confusión, y fueron naciendo comunidades animadas por la sed de comunicación y de amor. Y les habló Pedro con la palabra del Espíritu y todos se sorprendieron porque, sin perder sus características propias, étnicas o culturales, todos lo oyeron como si fuese en su propia lengua. Poco importaba que Pedro les hablara en arameo, griego o latín… El lenguaje de Pedro era el lenguaje del amor y de la comprensión. Ese debería ser el lenguaje de la Iglesia .Muchas veces no hace falta decir palabra. Cuando lo que haces, lo haces desde el amor y por amor, todo el mundo lo entiende, eso es Pentecostés.

 

El cristianismo de Occidente agoniza en una cultura en la que se siente ajeno, porque se ha encerrado en si mismo y se ha dedicado a dirigir conciencias que han hecho de las personas robots religiosos, no seguidores libres de Cristo. El Espíritu que nos ha sido dado por Cristo Resucitado es para que la Iglesia sea una comunidad viviente, no una tumba o un mausoleo.

 

No bastan los sacramentos, no bastan los concilios y congresos y capítulos generales… Sin Espíritu, todo eso es letra muerta. Y éste es el mensaje de este domingo: un mensaje que debe herir todo orgullo y que debe sacudir toda pereza.

 

Por tanto Pentecostés, es lo mismo que decir: «El movimiento se demuestra andando». La irrupción del Espíritu simbolizada que aquella Iglesia se ponía en marcha, en movimiento: «empezaron a hablar en lenguas extranjeras; y todos, mesopotámicos, judíos, capadocios, entendían las maravillas de Dios en su propia lengua, porque todo estaba presidido por el amor». Era, pues, una Iglesia en marcha, en movimiento.

 

San Pablo, en su carta a los corintios, viene a decir lo mismo: «Sin la acción del Espíritu, nadie es capaz de decir, ni siquiera, que Jesús es el Señor». Al revés, con la ayuda y bajo la acción de El, «que obra todo en todos», «hay diversidad de dones y de servicios», con los que debemos trabajar «para el bien común».

 

En cuanto al evangelio, ya veis a Jesús. Después de enseñarles las condecoraciones ganadas desde el amor y no desde la mundanidad -las «llagas de las manos y el costado y no las medallas desde la poltrona y el boato»-, «exhaló su aliento sobre ellos y les dijo: «Como el Padre me ha enviado, así os envío yo.»»

 

Haber si me explico: es menester que, impulsados por el Espíritu, hablemos en todas las lenguas, que se resumen en una sola lengua: la del amor y que empecemos por aquí, por este pueblo y quizá por la propia familia de cada uno.

 

LA LENGUA DE LA PALABRA, POR SUPUESTO.- ¿Nunca te has planteado, amigo, ser «catequista», portavoz de la Palabra de Dios a través de tu fe, para caminar y ayudar a caminar a «otros» en el itinerario cristiano?

 

LA LENGUA DEL TESTIMONIO.-Ese saber entregarnos cada día a nuestras propias obligaciones puede convertirse, no lo dudéis, en el claro espejo en el que muchos, «al ver vuestras buenas obras, glorifiquen al Padre que está en los cielos».

 

LA LENGUA DE NUESTRO SABER SUFRIR.- Los adelantos modernos no nos han librado, no, ni nos librarán, de nuestra condición de «siervos dolientes». Pues, bien, el aprender a llevar con elegancia nuestra cruz, puede ser un modo de hablar en distintas lenguas.

 

LA LENGUA DE LA COMPRENSIÓN Y DEL ACERCAMIENTO.-Frente a una sociedad que crece cada vez más en actitudes individualistas, una sociedad en la que hemos aprendido a «aislarnos», yendo incluso por la calle con nuestros propios auriculares escuchando nuestra personal melodía, ausentes de lo que en nuestro entorno «se cuece», el Espíritu nos impulsa a curtirnos en eso de “llorar con el que llora y reír con el que ríe”.Escuchar, acoger, acompañar a cualquier que lo necesite.

 

LA LENGUA, FINALMENTE, DEL RESPETO.-Porque también con el respeto podemos llegar a los de Frigia y Pamfilia. No es menester que todos piensen como yo. En cambio sí es menester que yo piense que, quienes van por otro camino, por alguna razón que yo no entiendo van. Y hay que respetarlos en vez de etiquetarlos y marginarlos.

 

Suelen andar remisos muchos cristianos a la hora de sentirse miembros activos y decididos en las tareas del Reino en su parroquia Alegan la falta de preparación o la insignificancia de sus cualidades personales, o la falta de tiempo. Y todo eso muchas veces son simples excusas y lo saben. Porque lo que hace falta es corazón y compromiso y no un simple cumplimiento de lo establecido.

 

En definitiva Pentecostés es el amor que alegra, es el amor que acerca, es el amor que cura. Sólo el amor nos hace de verdad hijos de Dios y hermanos de los demás. Todo lo puede el amor, pero muchos tienen que sufrir serios golpes antes de aprender que el amor está por encima del poder y el poseer. Cuesta aprender que: «no hay dificultad por muy grave que sea, que el amor no la supere».

 

No hay enfermedad por muy grave que sea, que el amor no la consuele. No hay puerta, por muy cerrada que esté, que el amor no la abra. No hay distancias por muy extremas que sean, que el amor no las acorte. No hay muro por muy alto que esté, que el amor no lo derrumbe. No hay pecado por muy grave que sea que el amor no lo redima.

 

Amigos, la Iglesia está enferma porque se conforma con ser iglesia institución y muchos cristianos simples cumplidores de unas normas. La enfermedad típica de la Iglesia encerrada es mirarse a sí misma, estar encorvada sobre sí misma como aquella mujer del Evangelio. Es una especie de narcisismo que nos conduce a la mundanidad espiritual y al clericalismo sofisticado.

 

Hay que salir a la calle y llevar a los demás el mensaje que escuchamos dentro. Claro que saliendo a la calle podemos tener contratiempos o tener un accidente. Pero francamente prefiero mil veces una parroquia accidentada que una parroquia enferma de apatía y de conformismo.

 

 

En tu vida diaria, que debe significar Pentecostés, para ti que me escuchas, pues:

 

*No te detengas en lo malo que has hecho; camina en lo bueno que puedes hacer.

*No te culpes por lo que hiciste, más bien decídete a cambiar.

*No te mires con tus ojos, contémplate con la mirada de Dios.

*No pienses en lo largo que es el camino de tu transformación, sino en cada paso que puedes dar para ser lo que Dios quiere que seas.

*No confíes en tus propias fuerzas; pon tu vida en manos de Dios.

*No trates que otros cambien a tu manera; sé tú el responsable de tu propia vida y trata de cambiar tú y después predica con el ejemplo.

*Deja que el amor te toque y no te defiendas de él.

*Sólo contempla la meta y no veas que tan difícil es alcanzarla.

*Vive cada día, aprovecha el pasado para bien y deja que el futuro llegue a su tiempo.

*No sufras por lo que viene, recuerda que «cada día tiene su propio afán»

*Busca alguien con quien compartir tus luchas hacia la libertad; una persona que te entienda, te apoye y te acompañe en ella.

*No te des por vencido, piensa que si Dios te ha dado la vida, es porque sabe que tú puedes con ella.

*Si algún día te sientes cansado, busca el descanso en Dios que renovará tus fuerzas.

*Si algún día te sientes demasiado responsable de otros, recuerda que sólo Jesús es el Mesías.

*Si te sientes atado a alguien, pídele a Jesús que rompa las ataduras y que su amor vuelva a crear lazos nuevos de amor según su Espíritu.

*Si reaccionas ante toda provocación, ruega a Dios para que te enseñe a responder en lugar de reaccionar.

*Si tu felicidad y tu vida dependen de otra persona, despréndete de ella y ámala, sin pedirle nada a cambio.

*Si necesitas tener todo bajo control, entrega el control de tu vida a Dios y confía en su poder y en su amor por ti.

*Aprende a mirarte con amor y respeto, piensa en ti como en algo precioso; ¡eres un hijo de Dios! No olvides que Dios está más interesado que tú en que te conviertas en esa creación que Él pensó desde toda la eternidad.».

 

 

Todo eso es ser PENTECOSTÉS. ¡Eso significa las llamaradas de fuego que descendieron sobre los apóstoles y no esa imaginaria con que muchos se han quedado!

 

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