Ecos del Evangelio

22 mayo, 2021 / Carmelitas
PENTECOSTÉS CICLO B 2021

 

 

Con la Solemnidad de Pentecostés acabamos el tiempo Pascual, el más importante de todo el año cristiano. Y con Pentecostés, pasa tres cuarto de lo mismo que con la Ascensión del Señor. Es decir…

 

 

Pentecostés, es quizás para muchos, quedarse en esas llamaradas de fuego sobre las cabezas de los apóstoles, y concluir: «fíjate que milagro, que no se le chamuscaron los pelos». Y quedarse tan panchos.

 

 

Pentecostés, es quizás para muchos, pensar que, aquellos hombres a los que el Resucitado enviaba por aquellos mundos de Dios, eran distintos a nosotros.

 

 

Pentecostés, es quizás para muchos, pensar que aquellos hombres, todos, sin excepción vestían el traje de la perfección.

 

 

Pentecostés, es quizás para muchos, pensar que aquellos hombres estaban tan tocados y elegidos por Dios, que no había resquicio alguno para la duda, ni para la desesperanza, ni para el pecado o la deserción. Pues si tenemos esa imagen tan idílica de aquellos hombres, nos equivocamos.

 

Uno, cuando mira por la ventana de la Palabra de Dios, concluye que aquellos sobre los que el Espíritu descendía en aquel primer Pentecostés, estaban tan traspasados de dudas como actualmente lo podemos estar nosotros. Tan llenos de miserias, como de contradicciones nuestra misma vida. Tan condicionados por las debilidades como nosotros. Tan atacados por el vacío espiritual que lo invade todo y lo penetra todo, como podemos estar nosotros.

 

 

2000 años después de aquel tiempo inaugurado por el Espíritu Santo, en el tiempo de la Iglesia, seguimos con las mismas luchas y con los mismos condicionantes para vivir como testigos del Resucitado. Unos quieren vivir esa experiencia al margen de la iglesia. Ven a la Iglesia, como algo desfasado y cerrada en sí misma. Como que, hace tiempo, que dejó de escuchar la voz del Espíritu que le llama a la renovación personal y comunitaria. Otros, aun siendo conscientes de las limitaciones de la Iglesia y traiciones al espíritu del Evangelio, la queremos, porque sabemos que si la Iglesia fuese perfecta y santa al cien por cien, no tendríamos cabida en ella. Y porque la sentimos tan nuestra, trabajamos y nos desvivimos hasta la muerte, por lo que es grande en ella: JESUCRISTO

 

 

Esta fiesta de Pentecostés, es un día para dar gracias a Dios por esta gran casa: LA IGLESIA, en la que-si queremos- todos tenemos un sitio y algo que ofrecer y realizar. Una Iglesia que se hace fuerte e irrompible, solo cuando esta unida en la misma fe y comunión entre sus miembros. Una Iglesia que debe perder el miedo, sabiendo que lleva entre manos la mayor riqueza que el mundo puede esperar: EL EVANGELIO.

 

 

Una Iglesia que debe hablar sin tapujos, sin vergüenza y que, precisamente por ello, su mensaje hará que salten chispas cuando puede más la sinrazón que el sentido común; la banalidad de las cosas que la dignidad humana; el personalismo más que lo comunitario; las ideologías más que la dignidad de las personas. Una Iglesia que debe mirar a los orígenes de su nacimiento para ver: en aquel alumbramiento, la comunión de bienes y el perdón; la fraternidad y la alegría; la valentía y la audacia para presentar a Jesucristo, etc…

 

 

Aquellos primeros cristianos rompieron esquemas y tradiciones; corazones y modos de vida. Unos hombres y mujeres que llamaban la atención y que fueron formando esa gran familia que ha llegado hasta nuestros días.

 

 

Y dicho lo cual, formularnos la siguiente pregunta: ¿Por qué hoy nuestra Iglesia brilla más por el esplendor de su riqueza artística que por el estilo de vida que jerarquía y muchos cristianos tienen? ¿Algo habremos hecho mal?

 

 

Pentecostés… a los cincuenta días entonces, y 2000 años después, es un soplo de vida y esperanza, que nos viene bien para lanzarnos como iglesia a la conquista de ese mundo tan duro para entender y comprender, para vivir y amar las cosas de Dios.

 

 

Pentecostés con todo lo que la Iglesia ha sido y es, supone un abrir de par en par la creatividad de todo creyente para que el mensaje de salvación de Jesucristo no quede clavado entre las cuatro paredes de una sacristía o de un templo.

 

 

Pentecostés con nuestras fatigas e incoherencias nos infunde aires y bríos nuevos, ganas e ilusión, compañía y fortaleza, honestidad y transparencia, vitalidad y ansias de testimoniar a la gentes, el sentido de la vida que Cristo nos enseña.. En definitiva se trata de vivir según el Espíritu del Resucitado, que para eso murió y resucitó , para hacernos personas nuevas ,para encarar la vida de otra manera, que falta nos hace.

 

 

Los creyentes no nos deberíamos sentir huérfanos ante tal empresa, si es que creemos en el Espíritu, como proximidad personal de Dios a los hombres y como fuerza, energía, luz y gracia, para orientar nuestra historia hacia adelante, hacia su consumación final. Ese Espíritu, que bajo el signo de una paloma o de lenguas de fuego, no es otra cosa, sino esa fuerza misteriosa de la vida íntima de Dios.

 

 

Ese Espíritu es el regalo que el Padre nos hace en Cristo a los creyentes, para llenarnos de su misma vida. Ese Espíritu es regalo que nos enseña y nos llama a caminar desde la hostilidad a la hospitalidad; desde el aislamiento egoísta hacia la fraternidad; desde acumular para tener, a la plenitud de ser.

 

 

*El Espíritu es eso que nos enseña a saborear la vida en toda su hondura; a no malgastarla; a no pasar superficialmente junto a lo esencial.

 

*El Espíritu es eso que nos infunde un gusto nuevo por la existencia y nos ayuda a encontrar una armonía nueva con el ritmo más profundo de nuestra vida. Que nos abre a una comunicación nueva y más profunda con Dios, con nosotros mismos y con los demás.

 

*El Espíritu es eso que nos invade con una alegría secreta, dándonos una trasparencia interior, una confianza en nosotros mismos y una amistad nueva con las cosas.

 

*El Espíritu es eso que nos libra del vacío interior y la difícil soledad, devolviéndonos la capacidad de dar y recibir, de amar y ser amados.

 

*El Espíritu es eso que nos enseña a estar atentos a todo lo bueno y sencillo, con una atención especialmente fraterna a quien sufre, porque le falta la alegría de vivir.

 

*El Espíritu es eso que nos hace renacer cada día y nos permite un nuevo comienzo, a pesar del desgaste del pecado y el deterioro del vivir diario.

 

*El Espíritu es la vida misma de Dios que se nos ofrece como don. La persona más rica, poderosa y satisfecha, es desgraciada si le falta esta vida del Espíritu.

 

*Este Espíritu no se compra, no se adquiere, no se inventa ni se fabrica. Es un regalo de Dios. Lo único que podemos hacer es preparar nuestro corazón para acogerlo con fe sencilla y atención interior.

 

¿Verdad que no es tan complicado entender el significado de Pentecostés, mas allá de las lenguas de fuego? ¡No entiendo, por que cuesta hablar con un poco de claridad para que la gente se entere! ¡Pero si Cristo se explicaba a las mil maravillas y todo el mundo que quería entender lo entienda! No se por que tanta palabrería vana y pietista en vez de ayudar a que la gente descubra que en su interior está el Espíritu del Señor. Solo hace falta que alguien les ayude a descubrirlo.

¡Nosotros, que espero que ya lo tengamos un poco mas claro,
a ayudar a otros, que falta hace!

 

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