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15 septiembre, 2017 / Carmelitas
Perdonar siempre

DOMINGO XXIV T.O. CICLO A 2017 Yo no soy más que Dios, ni los otros menos que yo. Este es el mensaje del evangelio de hoy para quien lo quiera escuchar. En aquel tiempo, acercándose Pedro a Jesús le preguntó: “Si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces le tengo que perdonar? ¿Hasta siete veces?» Jesús le contesta: «No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete». 1-Jesús presenta una nueva ética basada en el amor y no en la justicia. Jesús entiende el amor como esencia de todo comportamiento. Y hay que decir que en el amor no hay límites; de tener alguno, es el de amar sin límites. En este texto, Cristo, le advierte a Pedro que quien ama de verdad tiene que perdonar siempre, y siempre es siempre .No se puede amar sin perdonar, porque entonces no se ama. El perdón es la expresión por excelencia del amor Y les propuso esta parábola: “Se parece el reino de los cielos a un rey que quiso ajustar las cuentas con sus empleados. Al empezar a ajustarlas, le presentaron a uno que debía diez mil talentos. Como no tenía con qué pagar, el señor mandó que lo vendieran a él con su mujer y sus hijos y todas sus posesiones y que pagara así. El empleado arrojándose a sus pies, le suplicaba diciendo: “Ten paciencia conmigo y te lo pagaré todo”. El señor tuvo lástima de aquel empleado y lo dejó marcharse, perdonándole la deuda”.. El Dios que presenta Jesús es amor, un amor gratuito. Porque el verdadero amor es espontáneo, inmerecido e inesperado. La respuesta que el amor espera es más amor. A pesar de nuestras deudas o culpas, Dios nos perdona, porque es amor efectivo, nos ama. Por eso espera del hombre que haga lo mismo con sus semejantes. Esta misma tesis la repite cuando enseña a rezar el Padrenuestro y dice que no hay que perdonar para que se nos perdone, sino porque hemos sido perdonados. No hemos de amar para que se nos ame, sino porque hemos sido amados. Pero al salir, el empleado aquél encontró a uno de sus compañeros que le debía cien denarios y agarrándolo lo estrangulaba diciendo: “Paga lo que me debes” El compañero arrojándose a sus pies, le rogaba diciendo: “Ten paciencia conmigo y te lo pagaré “. Pero él se negó y fue y lo metió en la cárcel hasta que pagara todo lo que debía. Sus compañeros, al ver lo ocurrido, quedaron consternados y fueron a contarle a su señor todo lo ocurrido. Entonces el señor lo llamó y le dijo: ¡Siervo malvado! Toda aquella deuda te la perdoné porque me lo pedís!. ¿No debías tú también tener compasión de tu compañero, como yo tuve compasión de ti ? “» 2-El arrepentimiento es el deseo sincero de ser como uno debe ser. Cuando esto ocurre, el perdón que se recibe opera en el individuo un nuevo nacimiento, una nueva creación. El criado de los diez mil talentos no se había arrepentido, no vivió la conversión, seguía igual de mezquino. Para él, el perdón conseguido fue un negocio más, una treta o astucia en su proceder. Nadie se convierte solo por el perdón que recibe, sino por el arrepentimiento que vive; primero es el arrepentimiento sincero y después se realiza el cambio. 3-Si queremos divinizar nuestra existencia tendremos previamente que humanizarla. Uno crece en humanidad cuando trata a los demás desde la autocrítica: sabiendo como es uno mismo y donde falla, por eso, no puedo honradamente, exigir a los otros más de lo que yo estoy dando. Dios nos ama por encima de nuestro pecado o nuestra justicia, nos ama a pesar de ser como somos. Nos ama porque somos hombres, capaces de bondad y de maldad, y al hacerlo no hace amables, dignos de amor. Si Dios me ama a pesar de ser como soy, yo no tengo fuerza moral pan exigir a los demás más de lo que Dios me exige a mí. Yo no soy más que Dios, ni los otros menos que yo. . . Y el señor, indignado, lo entregó a los verdugos hasta que pagara toda la deuda. “Lo mismo hará con vosotros mi Padre del cielo si cada cual no perdona de corazón a su hermano”.. 4-Cuando uno ama, no tiene mas remedio que perdonar; no puede hacer otra cosa. El perdón es el gesto mas sublime del amor, es la forma más genuina de expresarse. El perdón denuncia al enamorado. Amas en la medida en que perdonas de corazón y a fondo perdido, con total olvido y esperanza. 5-Entre el amor y la justicia hay una diferencia radical: en el amor el perdón se da a priori, en la justicia a posteriori. En la justicia primero se exige la enmienda, la reparación, y después se concede el perdón. En el amor primero se perdona y después ya veremos qué pasa, y si no pasa nada, a pesar de todo, se mantiene el perdón. El amor más que un sentimiento es una opción preferencial, es una preferencia. Dios nos prefiere, nos estima por encima de nuestros pecados o deudas. También nosotros hemos de hacer lo mismo para ser como Dios manda, como es Él. 6-El cristianismo pues, supone el reto de cambiar unas relaciones basadas en la justicia, o en el derecho, por otras basadas en el amor. No hay que olvidar nunca que optar por el amor, apostar por él como vehículo de relación, es exponerse a la decepción, a la incomprensión y al dolor. Recordemos aquel dicho: “Si quieres sufrir, ponte a amar y si amas de verdad sufrirás”. El amor es fuente de dolor y desazón; pero siempre es más interesante y alentadora una vida con episodios dolorosos que una vida vacía y sin sentido. AMIGOS, LA VIDA ES UN SACRIFICIO DE AMOR. En este domingo, Jesús, nos propone a las claras que nos dejemos de evasivas y que practiquemos aquello que emana del corazón de Dios por los cuatro costados: “yo os perdono… haced también vosotros lo mismo” Si muchas heridas permanecen abiertas y sangrando (en nuestras familias, sociedad, iglesia, comunidades, parroquias, política, etc.,) es en parte por la pobreza de nuestra fe. Por la falta de comunión con Dios. Por mirarnos demasiado a nosotros mismos y también cuando dejamos tirados en la cuneta a muchas personas que han hecho tanto por nosotros. Porque como dice el Papa: muchos cristianos son “cristianos de espejo”. Cuando se vive íntimamente unido a Cristo, no hay obstáculo insalvable ni ofensa gigantesca. Es como aquel peregrino que, deseando llegar hasta el final de su trayecto, se dedicaba constantemente a mirar a su izquierda y a su derecha perdiendo ritmo, fuerzas e ilusión. Y un compañero se le acercó y le dijo: si miras al horizonte te irá mucho mejor y llegarás antes. Con el perdón ocurre algo parecido. Mirando a Dios, vemos a los que nos rodean con ojos de hermanos. Olvidando a Dios, como decía Benedicto XVI, surge un aire de insatisfacción de todo y de todos. No podemos ir en solitario. Apostar por la Iglesia, por la comunidad, por la parroquia, por ser cristiano…..nos exige y nos empuja a entrar por debajo del dintel del perdón. ¿Que muchas veces es imposible? No, si miramos a Dios ¡ Ay… si nos miráramos a nosotros mismos con honradez y valentía! ¡Pero cuánto cuesta, Señor perdonar!: *Ofrecer el perdón, cuando en recompensa, se recibe el silencio o la mofa. *Sentirse cristiano y, mirarse a uno mismo, comprobando que la misericordia la derramo con cuenta gotas a quien quiero, a quien más quiero y cuando yo quiero. *Qué difícil es perdonar y cuánto cuesta, Señor sabiendo que, mi corazón, no es tan grande como el tuyo: siempre dispuesto a comenzar de nuevo. *Cuánto cuesta Señor, ser siervo del perdón y no del orgullo. *Arrodillarme ante el que me injuria o cerrar los ojos ante el que me denigra. *Decir “lo intentaré de nuevo” a pesar de la traición o disculpar los golpes recibidos. *Abrazar tu evangelio sabiendo que, el perdón, sin límites y sin farsa, sin miedos ni fronteras, es el resumen de tu paso entre nosotros, de tu vida en medio de la nuestra, de tu palabra que se hace carne más allá de teorías y de discursos. *Cuánto cuesta Señor, vivir sin sentirse perdonado y, vivir, con la conciencia de no haber disculpado. *Romper con las historias pasadas para caminar de nuevo e iniciar un rumbo distinto sin pensar en vencedores ni vencidos. *Ser generoso ofreciendo semillas de reconciliación. *Decir “lo siento” o “te perdono”. *Recordar que, para entrar en el cielo, la llave que mueve su puerta es precisamente esa: perdonar siempre. Si, ser cristiano, pasa ineludiblemente por el perdón al estilo de Cristo, no hay otro camino. O se toma o se deja.

 

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