Ecos del Evangelio

7 julio, 2016 / Carmelitas
Purificar la fe seguimos a Cristo en la Cruz

Jesús anuncia a sus discípulos su Pasión y Muerte gloriosa que se iba a realzar en Jerusalén. Cuando les anuncia, y les dice todo lo que habría de sufrir, Pedro se enfrenta y le dice a Jesús: “Lejos de mí Maestro, esto no pasará”. Entonces Jesús le dice: “Apártate de mí satanás”. Ante esta respuesta podemos pensar qué lejos estaban todos de asimilar lo que el Maestro les anunciaba.Por eso tal vez pensó Jesús que les tendría que dar una prueba de su Divinidad ya que no acababan de comprender su mesianismo y la voluntad del Padre.Unos días después de este anuncio cogió a sus discípulos, Pedro, Santiago y Juan y les subió a una montaña alta. Esos tres discípulos serían los testigos oculares de su sufrimiento en Getsemaní.Llegaron a la cima y Jesús se puso a orar, y mientras estaba orando, su cara cambió de aspecto y sus ropas se pusieron blancas y brillantes. De repente aparecieron dos hombres conversando con Él. Eran Moisés y Elías, estaban resplandecientes y les hablaba de su pasión que debía cumplirse en Jerusalén.Pedro y sus compañeros tenían mucho sueño, se despertaron de repente y vieron la gloria de Jesús y a dos hombres que estaban con él. Cuando estos se alejaron, Pedro dijo a Jesús: “Maestro que felicidad es estar aquí; levantemos tres chozas, una para Ti, otra para Moisés y otra para Elías”, no sabía lo que decía, estaba todavía hablando cuando se apareció una nube que los cubrió con su sombra. Al quedar envueltos en la nube se atemorizaron. Pero de la nube salió una voz que decía: “Este es mi Hijo, mi elegido, en quién me complazco, escuchadle”. Al cesar la voz, Jesús, estaba solo. Los discípulos guardaron silencio y por entonces no contaron a nadie lo que había visto.Los discípulos se hubieran quedado de mil maravilla en la montaña con Jesús, pero no era esa la intención del maestro; era tiempo de lucha e ir por los caminos a predicar a los hombres el camino de renuncia que el bautizado, como seguidor de Jesús, tiene que seguir para anunciar la Buena Nueva, el camino que conduce a la vida eterna. Un camino de dolor y de gloria, un camino de renuncia total de nuestros egoísmos para dejar a un lado la vida fácil, de muelle (floja) y vacía. Es la manera de seguir y dar la vida por Él, que primero la dio por todos los hombres.

Hna. Duby

Jesús anuncia a sus discípulos su Pasión y Muerte gloriosa que se iba a realzar en Jerusalén. Cuando les anuncia, y les dice todo lo que habría de sufrir, Pedro se enfrenta y le dice a Jesús: “Lejos de mí Maestro, esto no pasará”. Entonces Jesús le dice: “Apártate de mí satanás”. Ante esta respuesta podemos pensar qué lejos estaban todos de asimilar lo que el Maestro les anunciaba.Por eso tal vez pensó Jesús que les tendría que dar una prueba de su Divinidad ya que no acababan de comprender su mesianismo y la voluntad del Padre.Unos días después de este anuncio cogió a sus discípulos, Pedro, Santiago y Juan y les subió a una montaña alta. Esos tres discípulos serían los testigos oculares de su sufrimiento en Getsemaní.Llegaron a la cima y Jesús se puso a orar, y mientras estaba orando, su cara cambió de aspecto y sus ropas se pusieron blancas y brillantes. De repente aparecieron dos hombres conversando con Él. Eran Moisés y Elías, estaban resplandecientes y les hablaba de su pasión que debía cumplirse en Jerusalén.Pedro y sus compañeros tenían mucho sueño, se despertaron de repente y vieron la gloria de Jesús y a dos hombres que estaban con él. Cuando estos se alejaron, Pedro dijo a Jesús: “Maestro que felicidad es estar aquí; levantemos tres chozas, una para Ti, otra para Moisés y otra para Elías”, no sabía lo que decía, estaba todavía hablando cuando se apareció una nube que los cubrió con su sombra. Al quedar envueltos en la nube se atemorizaron. Pero de la nube salió una voz que decía: “Este es mi Hijo, mi elegido, en quién me complazco, escuchadle”. Al cesar la voz, Jesús, estaba solo. Los discípulos guardaron silencio y por entonces no contaron a nadie lo que había visto.Los discípulos se hubieran quedado de mil maravilla en la montaña con Jesús, pero no era esa la intención del maestro; era tiempo de lucha e ir por los caminos a predicar a los hombres el camino de renuncia que el bautizado, como seguidor de Jesús, tiene que seguir para anunciar la Buena Nueva, el camino que conduce a la vida eterna. Un camino de dolor y de gloria, un camino de renuncia total de nuestros egoísmos para dejar a un lado la vida fácil, de muelle (floja) y vacía. Es la manera de seguir y dar la vida por Él, que primero la dio por todos los hombres.

 

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