Ecos del Evangelio

29 marzo, 2017 / Carmelitas
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JESÚS SANA A UN CIEGO DE NACIMIENTO (Jn 9, 1-41) En el Evangelio del último domingo del mes de marzo, contemplamos un milagro realizado por Jesús a un ciego de nacimiento, de la ceguera paso a ver la Luz, de la incredulidad paso a vivir de fe y de la desgracia paso a la salvación. Contemplemos ahora la escena del encuentro de Jesús con el hombre ciego: “En aquel tiempo, al pasar Jesús vio a un hombre ciego de nacimiento”. Jesús ve al ciego necesitado de luz. Los discípulos buscan respuestas de quien es el responsable del pecado, buscan echar la culpa a alguien de esa situación, por eso preguntan: “Maestro, ¿quién pecó para que naciera ciego? ¿Él o sus padres? ” La respuesta de Jesús: “Ni él pecó ni sus padres; ha sucedido así para que se muestre en él la obra de Dios”. La obra de Dios se realiza en la persona de Jesús, que da la salvación a los hombres y mujeres de su tiempo y de nuestro tiempo, sanando así del cuerpo y del alma. Ante una enfermedad o dificultad, nosotros solemos decir: Señor, ¿porque a mí?, ¿qué he hecho para que me suceda esto? A veces se ve como una desgracia, pero escuchando la respuesta de Jesús no podemos interpretar negativamente esa situación, sino al contrario desde la fe, creer que ha sucedido así para que se muestre la obra de Dios. La Buena noticia continua con la revelación de Jesús: “Mientras estoy en el mundo, soy la luz del mundo”. Seguidamente, el Señor realiza el milagro: “Escupió el suelo, hizo barro con la saliva, se lo puso en los ojos y le dijo: Ve a lavarte a la piscina de Siloé -que significa enviado-. Fue, se lavó y al regresar ya veía”. A mí me hace pensar que Jesús toma tierra en sus manos, como signo de que para sanar hay que tener los pies bien puestos en la tierra, o mirar la tierra y sus acontecimientos con una mirada de fe. Cada uno somos responsables siempre de nuestros actos. ¿Cómo supo Jesús que el ciego lo era de nacimiento? A mí me dice esto que todos estamos un poco ciegos porque todas las cosas desde nuestro nacimiento nos marcan de por vida. Siloé significa enviado: Todas y todos somos enviados de Dios, más, somos parte de Dios. Él va con nosotras/os. Hay que procurar no hacerle quedar mal. Escuchemos y seamos dóciles a la Palabra de Jesús como lo hizo el ciego de nacimiento. Un ejemplo de sanación, donde descubrimos que para Jesús nada hay imposible. Por tanto, en la narración del ciego de nacimiento, encontramos una gran enseñanza que nos da la Palabra de Dios y es que si verdaderamente nos encontramos con Jesús de Nazaret, tu vida y mi vida no pueden ser las mismas, sino que se notará en un cambio de actitudes de forma de ser y de ver la vida, siendo luz para los demás con nuestro buen testimonio de vida, con palabras amables y rostros alegres por el encuentro de Jesucristo, que va transformando nuestra oscuridad en luz. En síntesis, para terminar esta reflexión me gustaría que háganos memoria de como Jesús el Hijo de Dios y nuestro Salvador, se nos ha ido revelado en el Evangelio de estos cuatro domingos de cuaresma; primero, como Hombre en las tentaciones; segundo, como Dios en la transfiguración; tercero, como Agua Viva con la mujer samaritana; y cuarto, como la Luz con el ciego de Nacimiento. Por eso, vayamos con fe y amor tras sus huellas buscando en Jesús al Dios de la vida, buscando en Jesús al Dios que da pleno sentido a nuestro existir, buscando en Jesús al Dios que sana y da luz a nuestra vida de hijos e hijas de Dios. Hna. Micaela Villa Vargas HCSJ

 

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