Ecos del Evangelio

31 diciembre, 2020 / Carmelitas
SANTA MARÍA MADRE DE DIOS 1º DE ENERO CICLO B 2021

«Quiero caminar contigo, María»

 

 

Iniciamos un nuevo año de la mano de Santa María, Madre de Dios y madre nuestra, desde que Cristo nos la regaló también como madre a nosotros. No hay, pues, mejor manera de comenzar el año, que cogidos de su mano protectora para rogarle, que de verdad sea un año nuevo y mejor que el pasado.

 

Que sea nuevo y mejor, no sólo en lo que respecta a la situación que arrastramos del pasado año, sino también que sea nuevo y mejor personalmente para cada uno en nuestra vida de fe. La fe de no pocos, no puede continuar por los derroteros de la rutina, de la ocasionalidad, cuando no de la indiferencia. Eso perdonarme, no es fe y si un antitestimonio y grave, del ser cristiano. No puede ser. Hay que tomarse en serio el ser cristiano, la fe.

 

¿Creéis que la Virgen no sufre como nuestra madre que es, cuando ve que pasa un año y otro, y muchos de sus hijos, siguen instalados en la rutina, la ocasionalidad, la incoherencia y hasta en el antitestimonio? ¿Así se ama a una madre? ¿No es necesario que como María, nosotros también apostemos sin tardar, por la dulzura, la esperanza, la humildad, la entrega, la confianza y la pobreza, que a María la llevaron en volandas a la gloria de la que ahora goza?

 

Estoy diciendo que, es necesario hacer nuestro su mandato. Si, lo que Ella nos mandó: «Haced lo que Él os diga». Fijaos que la Virgen no nos dice: enmarcar lo que Él os diga, sino haced. Y no nos dice: haced lo que vosotros decid, sino haced lo que Él os diga ¿Por qué pues nos resistimos?

 

Arranquemos del calendario de nuestra vida…

 

La página de la tristeza. Estamos llamados siguiendo a Jesús, a disfrutar de la vida. Un disfrute que será bueno y eterno si lo hacemos con la ayuda de nuestra fe. Dios ha venido como Señor de la alegría.

La página del odio. Todos, en algún momento, hemos levantado el hacha de guerra en diversas circunstancias y por variados motivos. La Reina de la Paz, la Virgen María, nos recuerda que como cristianos hemos de ser hacedores de paz y no francotiradores.

La página del rencor. No es bueno almacenar malos momentos, malas experiencias. Recordemos lo bueno y potenciémoslo. Olvidemos lo malo y entremos sin reservas en este Año.

La página de la duda continua. Un mundo sin fe se queda en nada. Agarrémonos a Dios. Creer y esperar sólo en el hombre, en el progreso, en la ciencia, no nos asegura nada ni facilita mucho las cosas, ¿O es que no lo estamos experimentando?

La página de la superficialidad, la ocasionalidad y la rutina. Si Dios dejó el cielo por estar con el hombre, por hacerse hombre. ¿Cómo no vamos, en contraprestación, a dejar nuestros pequeños paraísos para conocerle más y mejor, para disfrutar de nuestra fe y testimoniarla a los demás?

La página de la cobardía. Un cristiano que no da testimonio es como una chimenea por la cual, al no salir nunca humo, denota que existe poco calor y escaso fuego en el interior de la casa. Vamos que es simple adorno. Es hora de desprendernos de la concha de la vergüenza apostólica. Ser cristiano significa comprometerse con la fe, con Cristo.

La página de la resignación a nuestros defectos. No es suficiente ser conscientes de ellos; no nos podemos amparar en el “soy así”. Un nuevo año es una nueva oportunidad que Dios nos da para escribir de nuevo una historia de esperanza, de amor, de ilusión y de alegría con la pluma de nuestra fe.

La página de la ingratitud. Seamos más agradecidos. Reconozcamos, a los que nos rodean o trabajan con nosotros, los pequeños detalles que nos brindan cada día.

La página de la violencia. Que nuestras palabras sean más agradables; que nuestras actitudes sean más constructivas; que nuestra crítica sea más objetiva y menos interesada. Que toda violencia sea pronto un punto negro, pero en nuestra memoria.

 

Los cristianos, en este año que se inicia pedimos la protección de Dios con una antigua fórmula que el Señor, a través de Moisés, confió a los sacerdotes para que la pronunciaran sobre el pueblo y que hemos leído en la Primera Lectura, y que yo os impartiré al final de la Eucaristía: “Que el Señor te bendiga y te proteja. Que el Señor haga brillar su rostro sobre ti y te muestre su gracia. Que el Señor te descubra su rostro y te conceda la paz.”

 

Pasarán las hojas del calendario y, ojala en esas hojas, vayamos escribiendo la fecundidad de nuestras buenas obras; nuestro encuentro con los demás; el crecimiento espiritual de cada uno de nosotros; la comunión con la Iglesia que desea vida nueva para nuestra existencia; la renovación de nuestras familias desde el evangelio; o una mayor sensibilidad con los más desfavorecidos.

 

Año Nuevo sólo será posible si, en verdad, cambian nuestras estructuras mentales, y damos cabida no a ideologías que lo desbaratan todo, sino a todo lo que pueda aportar reconciliación, progreso (del bueno y no sectario) y sobre todo sentimientos de paz y de esperanza. Te recuerdo algunas…

 

*Que las MISERIAS del mundo hagan que, tu corazón sea siempre sensible. Que nunca pronuncies aquello de: “Yo no puedo hacer nada». Tu oración, tal vez, sea un modo de llegar hasta esos volcanes de injusticias, aunque queden lejos.

*Que las ANGUSTIAS de las personas que no viven como tú, te lleven a moverte a hacer algo por ellos. Por ello mismo, no busques solo por tu felicidad.

*Que la FRIALDAD con que muchos reciben, perciben o viven la fe, te anime a ser instrumento del Evangelio. La misericordia de Dios alcanza a toda la tierra pero, tú, puedes ser trampolín o dique.

*Que la CARIDAD sea algo que te instruya y que te haga identificarte más y más con Cristo. Sabemos que, al final, queda lo que se hace pero -también es verdad- que cuando se hace desde la FE, la caridad es ilimitada y no conoce más siglas que el amor entregado y constante

*Que la VIRGEN MARÍA te ayude a despojarte de todo aquello que te hace quedarte en la teoría. Muchas de las cosas que no se llevan a feliz término en la vida cristiana, es porque quizás nos hemos contagiado de los espectadores de la fe.

*Que la EUCARISTÍA sea el centro inexcusable y el motor de la renovación de tu vida. En la Eucaristía, encontramos la Palabra que nos ilumina; el Sacramento que nos fortalece; el Silencio que nos interroga; y la Comunión con los demás.

*Que la MISERICORDIA sea una ventana por la que veamos lo que acontece en nuestro mundo y que nos produzca estupor, vergüenza y muchos interrogantes. No cierres nunca esa ventana. Sal siempre al encuentro del que sufre. No pienses sólo en los pobres de solemnidad. Tal vez, a tu lado, hay alguien necesitado de una caricia, una palabra de ánimo, una mirada o un consejo.

*Que el CALOR sepas, que no solamente lo da el fuego o el sol. También nosotros, las personas, y especialmente los cristianos, podemos ser “témpanos de hielo o llamas vivas”. Es cuestión de ser cercano o mostrarnos distantes; alegres o tristes; ilusionados o resignados; convencidos o indiferentes.

*Que la ALEGRÍA es algo imprescindible. Hay que darse con sonrisa y hay que ofrecerse con prontitud. Cuando uno se da y no lo hace con gozo, allí no hay verdadera misericordia.

*Que el AMOR es abrir el corazón y, además, es hacerlo a sabiendas que -cuando se dilata-, DIOS lo vuelve a llenar con más pasión, con más entrega y con más generosidad. Un corazón que se atasca, es como una casa que no se abre: huele, se pudre y las arañas se hacen dueñas.

*Que LOS QUE SE MARCHARON no caigan en el olvido. Nuestra oración por ellos es ese empujón que ellos necesitan para alcanzar y encontrar la gloria de Dios. La misericordia y el corazón que se abre, también nos habla no solo del recuerdo por los difuntos, sino del amor que les continuamos teniendo.

*Que El MAYOR ACTO DE CLEMENCIA de un Dios hacia la humanidad, fue su aparición en Belén. En Belén, se dejó amar, adorar, tocar, Y después traicionar, crucificar y resucitar. El cristianismo no ha sido creado para ser un simple sentimentalismo o entretenimiento puntual, sino para ser luz en la oscuridad, aunque muchos se empeñen en seguir como ciegos.

 

 

Que el Año Nuevo no sea un simple deseo acompañado con una copa de cava. Que el Año Nuevo, sea verdaderamente nuevo, porque hemos decidido poner de nuestra parte lo que sabemos que vamos demorando. Lo demás dejémoslo a Dios, y a nuestra Madre la Virgen, su compañía a ayuda no nos faltará.

 

¡Feliz Año Nuevo de la mano de la Virgen María, con Ella, estoy seguro, el calendario será hoja de ruta y no sólo hojas que caen al suelo!

 

Volver
Carmelitas de San José

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.

ACEPTAR
Aviso de cookies