Ecos del Evangelio

13 octubre, 2019 / Carmelitas
15 DE OCTUBRE 2019

SANTA TERESA DE JESÚS Y SU SER MUJER

 

Hoy 15 de octubre, fiesta de Santa Teresa de Jesús, se vuelve indispensable recordar a esta gran mujer quien abundante luz ha arrojado a su paso. No solamente para los cristianos, sino para toda persona que se abre al misterio a través de esta alma inquieta y andariega, quien descubrió en Jesús el tesoro más preciado.

 

A Teresa podemos acercarnos desde diferente dimensiones, como su ser mística, fundadora, escritora, etc. Sin embargo aquí nos acercaremos a ella desde su ser mujer. Ese aspecto fascinante y actual en nuestros días.
Una vez descubierta su condición social de judeoconversa, la clave de interpretación más fecunda hoy día es la de su condición de mujer. Además de judeoconversa, la madre Teresa era mujer y, además, mujer orante y que reclamaba para las mujeres el derecho a la oración, reivindicación que podía ser sospechosa de alumbradismo por los vigilantes de la ortodoxia oficial.

 

Sabemos que Teresa de Jesús es una Santa, maestra de oración y una de las más grandes místicas de todos los tiempos. Sin embargo, si hacemos atención a su dimensión humana, observamos que Teresa era consciente de su situación de inferioridad respecto a los hombres, en cuanto mujer. Ella reivindicó el derecho de la formación de la mujer en ámbito cultural y espiritual, por lo cual, tuvo que enfrentar una serie de dificultades ante una sociedad prevalentemente androcéntrica en la Iglesia y en la sociedad castellana de entonces.

 

Reacciones y reivindicaciones de Teresa.

En sus escritos, después de las confesiones de ruindad, de inferioridad y de peligrosidad femenina, «y a cosa tan flaca como somos las mujeres todo nos puede dañar» (Prologo a C 3). Llegan las invectivas contra quienes roban a las mujeres, por serlo, el derecho a la vida espiritual. «Querría dar voces para dar a entender qué engañados están, y aun así lo hace algunas veces, y lluévenle en la cabeza mil persecuciones. Tiénenla por poco humilde, y que quiere enseñar a de quien había de deprender, en especial si es mujer» (V 20,25). Y reivindica: «Que tampoco no hemos de quedar las mujeres tan fuera de gozar las riquezas del Señor» (Cp 1,8).

 

Establecido el hecho de la necesaria presencia activa de la mujer en la Iglesia, no se cansa de exigir el derecho a la vida espiritual tal y como ella la entendía y la vivía.

 

«Digo que importa mucho, y el todo, una grande y muy determinada determinación de no parar hasta llegar a ella, venga lo que viniere, suceda lo que sucediere, trabájese lo que se trabajare, murmure quien murmurare, siquiera llegue allá, siquiera se muera en el camino o no tenga corazón para los trabajos que hay en él, siquiera se hunda el mundo, como muchas veces acaece con decirnos: hay peligros, fulana por aquí se perdió, el otro se engañó, […] no es para mujeres, que les podrán venir ilusiones, mejor será que hilen, no han menester esas delicadeces, basta el Paternóster y el Avemaría» (C 21,2).

 

La madre Teresa que no callaba en clima adverso a oír voces femeninas, prefirió actuar ampliando los núcleos de mujeres orantes. «Y como me vi mujer y ruin e imposibilitada de aprovechar en lo que yo quisiera en el ser servicio del Señor […] determiné a hacer eso poquito que era en mí, que es seguir los consejos evangélicos con toda perfección que yo pudiese y procurar que estas poquitas que están aquí hiciesen lo mismo» (C 1,2).

 

La madre Teresa tuvo que enfrentarse con este ambiente receloso y contra sus mantenedores, los letrados. Por el derecho de las mujeres a la vida espiritual, a la oración de amistad (no a la simple recitativa), y desde la confrontación con quienes se la querían robar, amparados en la peligrosidad de las mujeres orantes, desde donde hay que leer la acción teresiana y su compromiso. Su vivencia de lo religioso y místico tiene una exquisita tonalidad femenina. Sus escritos son literatura con estilo de mujer.

 

Ella está profundamente convencida de la predilección de Cristo hacía las mujeres, porque ellas están más dispuestas y receptivas y aventajan a los hombres. «Y hay muchas más que hombres a quien el Señor hace estas mercedes, y esto oí al santo Fray Pedro de Alcántara (y también lo he visto yo), que decía aprovechaban mucho más en este camino que hombres, y daba excelentes razones, qué no hay para que las decir aquí, todas en favor de las mujeres» (V 40,8).

 

En conclusión: ella goza al saberse mujer, está contenta de su condición; pero, al mismo tiempo, sufre, sobre todo, porque, siéndolo, se ve imposibilitada de hacer lo que quisiera en servicio de la Iglesia y de sus hermanos los hombres.

 

La fascinación de Teresa es su ser mujer. Mujer en plenitud. Teresa acepta su condición femenina, expresándola en una actitud de solidaridad y ayudando a la sociedad de su tiempo, haciéndose presente, se ofrece como don permanente, en una maternidad fecunda. Teresa es una de las más grandes mujeres de la historia. Mujer excepcional, altamente santa y profundamente humana. Es doctora en la Iglesia de Dios, sea por la formulación de su magisterio en la espiritualidad, sea por la atención concreta y eficaz de las almas hacia la íntima comunión con Dios.

 

¡Que Santa Teresa de Jesús, mujer plena, interceda por nosotros!

 

 

Hna. Teresa Botello Martínez CSJ

 

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