Ecos del Evangelio

23 julio, 2020 / Carmelitas
SANTIAGO APÓSTOL 25 DE JULIO, PATRÓN DE ESPAÑA

 

La fiesta de Santiago apóstol, al igual que otras fiestas muy importantes en el calendario cristiano, parece que va quedando arrinconada, por instituciones públicas, incluidas, las iglesias particulares de no pocos lugares de España. Pues miren ustedes, Santiago sigue siendo el patrón, y no digo como muchos, de ESTE PAÍS, porque no es políticamente correcto decir ESPAÑA.

 

A mí, el Galileo no me eligió para ser políticamente correcto, sino para trasmitir su mensaje, que naturalmente no es políticamente correcto. Por tanto sigo diciendo, Santiago patrón de España, mi patria y la de mis antepasados. Vayamos pues al mensaje de hoy porque, realmente es aclarador y muy jugoso. Siete puntos a modo se sacramentos, destaco.

 

1) La pretensión de los dos hermanos es una llamada de atención para todos nosotros: podemos creer que estamos cerca de Jesús y de su palabra y, sin embargo, estar muy lejos de su pensamiento y sentimientos. La petición de los dos hermanos, es uno de los tropiezos más fáciles para los creyentes de todas las épocas, en especial para los que ocupan los primeros puestos en la institución eclesiástica. ¿No lo atestigua la historia de la iglesia? Los privilegios, los cargos, las prebendas.

 

 

2) Pero Cristo, como siempre clarísimo: «No sabéis lo que pedís» , es decir, ¿para eso os escogí, para que os procuréis un cargo? Cristo les responde señalándoles el precio que deben pagar por el seguimiento. Un seguimiento que pasa por «beber el cáliz de Cristo». Cáliz que, en lenguaje bíblico, significa ser fiel al camino que Dios espera de cada uno, y que en labios de Jesús indica su camino de lucha y de martirio, «Beber el cáliz» es mantenerse en la vedad del Evangelio. La única Verdad.

 

Los dos hermanos dicen que pueden beberlo, sin saber lo que contiene ese cáliz., es decir, la ignorancia se atreve a todo. Están dispuestos a todo, con tal de conseguir el poder.

Una actitud, que aunque no sea nueva, sigue siendo vergonzosa y miserable, y así lo digo.

Una actitud, propia de quienes buscan sobresalir, no servir.

Una actitud, propia de quienes lo suyo es la apariencia, la vanagloria y no el compromiso y el servicio. Pero Cristo les aclara rápidamente, que si le siguen, no es para triunfar con Él en medio de los hombres, sino para compartir con Él su destino. Lo mismo que Él no llegará a la gloria más que a través de la muerte, les sucederá a todos los que quieran ser discípulos suyos de verdad.

 

¿Qué «cáliz» estamos bebiendo los cristianos? ¿Con qué «bautismo» nos hemos bautizado? ¿Seguro que ya de adultos, hemos asumido que ser bautizado en Cristo, es asumir su mensaje y comprometerse con Él? Yo creo que no pocos, si pudieran, eliminarían páginas del evangelio, como esta de hoy.

 

 

3) Después de 2000 años, Cristo tiene que continuar rompiendo esquemas falsos, como a los dos hermanos: no hay premio por encima de los demás. Solamente existe el servicio hasta la muerte como único camino de vida verdadera. Y es a través del servicio, como uno se convierte en persona digna. Esto es lo único que debemos buscar y desear ¿Mande? Si, la vida es un sacrificio de amor o si no, no es vida auténtica.

 

Los otros diez se indignaron, pero se debía más a la envidia que al hecho de que comprendieran las palabras de Jesús sobre su próxima muerte. Ellos también deseaban los primeros puestos, las influencias, las vanidades… Y nosotros no somos mejores… Son las lacras del poder. «Sabéis que los jefes de los pueblos los tiranizan y que los grandes los oprimen». Con estas palabras Jesús quiso vacunarnos contra el gran peligro, contra la peor enfermedad del hombre -junto a la riqueza y el triunfalismo (son las tres tentaciones que superó Jesús)-, la más arraigada y la más difícil de curar, el poder.

 

Y es que en toda persona duerme la bestia que ambiciona poder y dominio. Un poder que es el anti-amor, el Anticristo. El poder llega a corromperlo todo. Podríamos preguntarnos si, veinte siglos después, las cosas han cambiado mucho. No nos fijemos únicamente en el poder político. «No será así entre vosotros» ¿Mande? «El que quiera ser grande, sea vuestro servidor; y el que quiera ser primero, sea esclavo de todos «¿Mande?

 

 

4) ¿Cuando nos enteraremos, empezando por el clero y la jerarquía, que la única autoridad que se nos ha concedido, es para servir amando y amar sirviendo? La autoridad tiene que concebirse como el lugar en donde se hace más clara y evidente la lógica de la cruz. El máximo honor es para el que más ama, y el mayor amor, lo manifiesta el que más sirve; hasta el máximo servicio, el que Jesús realiza: morir para dar la vida a los hombres.

 

Lo que vale para el reino de Dios es lo contrario de lo que rige en el mundo: el que quiera ser grande debe hacerse pequeño; el que quiera ser el primero debe hacerse el último. El espíritu del reino es el servicio; su ley, la entrega a los demás; su grandeza, la pequeñez…

 

5) El servicio que nos propone Jesús tiene un modelo muy claro: su misma vida. Lo dice y lo hace para que lo hagamos. Su misión fue servir a la humanidad abriéndole el camino de la vida, hasta morir por ello. Siendo el amor su única arma, acabó sucumbiendo ante los poderosos. No recurrió, en su lucha por la liberación de la humanidad, ni al dinero, ni a las armas, ni al prestigio. Para lograr el éxito de la causa de Dios, solo hay un camino: el amor «Dar la vida» no significa sólo y ante todo morir, sino proyectar la existencia entera como donación. Concebir la vida como un sacrificio de amor.

 

Iglesia, ¿Qué dices de ti misma? Seguir a Jesús no es algo que se respira en el ambiente o que surge espontáneamente. Podemos afirmar que vamos siendo cristianos en la medida, y sólo en la medida, en que vamos dejando que el Espíritu de Jesús nos renueve.

 

Deberíamos reflexionar seriamente qué actitudes y actuaciones hay en cada uno de nosotros, en nuestras comunidades y en nuestra iglesia, que no han sido aún evangelizadas. ¿No hemos preferido olvidar las palabras de Jesús para realizar las pretensiones de Santiago y Juan: ser los primeros, los grandes, tener éxito en la vida, que no haya problemas…, empleando el poder, la vanidad, las apariencias, el individualismo, la diplomacia, la hipocresía…? Un camino nada cristiano, por más adornos que se le pongan.

 

Entendamos bien que: Servir no es evadirse de las responsabilidades.
Servir puede implicar que se deba mandar, que se deba saber exigir el cumplimiento de las responsabilidades que cada uno tiene.

 

El propio Jesús vivió un servicio modélico: supo exigir, mandar, pero porque primero el daba ejemplo. Los cristianos, al igual que los apóstoles, hemos recibido de Jesús el mandato de vivir el amor sin ningún poder y la misión de servicio desinteresado a los débiles del mundo.

 

 

6) El poder religioso-en muchas ocasiones-, ha pervertido el evangelio y ha desvirtuado la evangelización. Ha vaciado los signos de la pobreza, la castidad, la fraternidad y el servicio evangélico. ¿No está la iglesia atrapada por títulos, riquezas, estructuras y relaciones de poder y de dominio?

 

Desvirtuamos el evangelio siempre que lo anunciamos con poder, desde «arriba»; siempre que lo apoyamos en los poderes político, económico, cultural o religioso; siempre que lo envolvemos en signos de autoridad o de paternalismo.

 

Damos fe del evangelio cuando rompemos nuestros pactos con los poderes de este mundo; cuando vivimos con sencillez las bienaventuranzas; cuando somos servidores de todos.

 

 

7) Iglesia, ¿Qué dices de tu futuro?

¿Vas a renunciar a los medios de poder, a los compromisos y a los maridajes?
¿Vas a llegar a ser de una vez comunidad universal de amor de perdón, de ternura y de fraternidad?
¿Vas a llegar a ser semilla de una sociedad sin clases y sin privilegiados, sin dominación de un hombre sobre otro, de un pueblo sobre otro pueblo?
¿Vas a llegar a ser pueblo de las bienaventuranzas, sin otra seguridad que Cristo?
¿Vas a llegar a ser, como María, Madre y Maestra, antes que tribunal que emite condenas?

 

 

¡Santiago Patrón de España, si! Ojalá, que además de Patrón, sea un buen sastre, que nos ayude a remendar y arreglar tantas prendas rotas y tanto descosido suelto, antes de que sea tarde.

 

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