Ecos del Evangelio

5 agosto, 2017 / Carmelitas
Se transfiguró delante de ellos

Transfiguración del Señor

Esta fiesta nos recuerda el día en que nuestro Señor Jesús, en la cima del monte Tabor donde se apareció vestido de gloria a Moisés y Elías, acompañado de sus tres discípulos preferidos Pedro, Juan y Santiago.

El Papa Emérito, Benedicto XVI, nos dice que las montañas del Tabor y del Sinaí son los lugares de cercanía con Dios, son los espacios elevados donde se puede respirar el aire puro de la creación, son también lugar de oración donde se está en la presencia del Señor, como Moisés y Elías, que aparecen junto a Jesús transfigurado hablando con El del “Éxodo” en Jerusalén.

La Transfiguración es un acontecimiento de oración, allí el Salvador se sumerge en Dios y se une íntimamente a Él. Ambos adhierenla voluntad humana a la del Padre y así la luz lo invade y aparece visiblemente la verdad de su ser: Él es Dios, luz de luz.

En el evangelio se presenta la transfiguración de Jesús: “Su rostro se puso brillante como el sol y sus vestiduras de una blancura deslumbrante”, fruto de la relación de amor inmediato con el Padre, como una nube que los cubre con su sombra.

Hermanas, en el ejercicio constante de nuestra fe queremos acercarnos más al misterio de Cristo Encarnado y como El, con cada acción de su vida, nos demuestra que podemos llegar a la realidad de la divinidad. Analicemos un poco el texto:

Lo primero es que Jesús ha subido a orar y en esta acción busca un encuentro personal con Dios Padre, quien va a manifestarle, junto con quienes lo vean, la gloria del Resucitado.

Moisés y Elías, quienes son la manifestación plena y real del cumplimiento de la ley de los profetas, acompañan esta escena manifestando la plenitud del tiempo, acción que se da solo por el encuentro de la humanidad y Dios.

Por otra parte, está el asombro e incertidumbre del ser humano que no entiende este hecho ante sus ojos, como Pedro, aquel ser humano que sin entender reacciona con el deseo de quedarse en la estabilidad de la divinidad, sin esfuerzo por llegar a ella y sin sacrificio.

Sin embargo, Jesús, al bajar de la montaña, manifiesta que para llegar a la gloria es necesario el paso por la cruz. Este acto es incompresible y se necesita vivirlo para comprenderlo, razón por la cual Pedro, Santiago y Juan, testigos de la gloria, han de guardar silencio hasta el momento de entender sus martirios propios.

Descubrimos dos elementos fundamentales:

1- Que nuestra fe se manifiesta en la práctica de la esperanza en llegar a la gloria, superar nuestra razón y nuestro sentir. Somos llamados por esa voz a descubrir la divinidad por medio de la escucha de la palabra.

2- Que el camino a la gloria del Resucitado es entregar la vida misma, en la cual se cumple la alianza de Dios con la humanidad tan amada para Él. Y vale la sangre divina del Hijo, a quien necesitamos escuchar.

Termino con unas líneas de Sor Isabel de la Trinidad, que veía así la transfiguración:

“De mis tres mi todo Inmensidad en la que me pierdo, me entrego a ti como víctima, sumérgete en mi para que yo me sumerja en ti hasta que vaya a contemplar en tu luz el abismo de tus grandezas. Mi vida cotidiana es Transfiguración”.

Amén.

Hna. Carmen Rey – HCdSJ

csj

 

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