Ecos del Evangelio

7 enero, 2017 / Carmelitas
Ser bautizados…camino de humildad

Domingo 8 de Enero Ciclo A. Evangelio Mt 3, 13-17

“EL BAUTISMO DEL SEÑOR”

La Liturgia del día de hoy está fuertemente marcada por la acción del Espíritu Santo, la elección y predilección de Dios hacia la persona.

En las tres lecturas de hoy, podemos ver cómo el Espíritu Santo está presente en la persona elegida, favorecida y sostenida por Dios. Es bien importante que éste hecho no lo perdamos de vista, porque con frecuencia nos dirigimos en la vida como si fuéramos gente sin identidad, gente que vive como si no le importara a nadie. Es verdad que hacemos muchas cosas, tantas que ni tiempo tenemos para nosotros ni para cultivar nuestra relación con Dios, con nuestra familia o con nuestra comunidad.

Aunque hagamos muchas cosas eso no quiere decir que sepamos quiénes somos, para que fuimos creados, porqué vivimos y por quien vivimos; cuál es nuestra misión en la vida y cuál es el sentido de nuestra existencia. Todas estas preguntas fundamentales tienen que ver con nuestra vocación a la vida, nuestra vocación a ser hijos de Dios y nuestra vocación específica.

La Iglesia propone a los padres de familia que cuando van a bautizar a sus hijos, busque nombres cristianos, nombres que tengan sentido y no nada más que pongan el nombre que vieron en la televisión. Me tocó conocer a un señor que a su hijo le quería poner “one dollar” porque lo vio escrito en un billete de dólar. Hay muchos padres de familia que el nombre de la moda de turno, es el que escogen para sus hijos. En el llamado está nuestra misión y, en el bautismo con la acción del Espíritu Santo sobre nosotros, nuestro nombre cobra sentido, en el nombre va nuestra misión. Hay padres que a sus hijos les ponen nombres carentes de sentido de tal forma que desvirtuamos nuestra misión y así desde el inicio vamos ya con una confusión en la vida.

En este día del bautismo del Señor, en la segunda lectura se nos dice que Dios no hace distinciones. Es una afirmación que no podemos perder de vista, porque luego nosotros nos creemos con más autoridad que el mismo Dios. Clasificamos a las personas, clasificamos nuestra forma de tratar a los que viven más cerca de nosotros, clasificamos a las personas de una y mil formas. Como si las personas cobraran valor según una clasificación. Dios hace salir el sol para todos, eso es un simple ejemplo de cómo procede Dios. Ya es tiempo de comenzar a movernos en los márgenes de nuestro Padre, ya es tiempo de ejercitarnos con más determinación, ya es tiempo de no esperar que vallan detrás nuestro amenazándonos para poder actuar con seriedad en la vida.

Jesús pasó haciendo el bien. ¿Qué se dirá de ti? ¿Cómo quieres que te recuerde en la vida? Tampoco vivas obsesionada por ser de tal o cual forma. Deja que la gracia de Dios fluya en tu vida, deja al Espíritu Santo que dirija tu vida, tu ser, tus pensamientos. Deja que el Espíritu Santo de Dios te inunde y que se pueda decir de ti que Dios está contigo.

Por otra parte, podemos ver también el sentido que cobra la humildad, a veces pensamos que por ejercer tal o cual responsabilidad nos da derecho de actuar de tal o cual manera, todas estas formas de proceder nos alejan de ser auténticas personas porque vamos con altanería en la vida. Jesús nos deja claro, con su actitud en el evangelio, que hacer lo que Dios quiere, no nos rebaja, no nos hace seres inferiores, no perdemos dignidad ni se nos cae la realeza, al contrario, hacer lo que Dios quiere nos engrandece, nos libera, nos hace capaces de dar siempre y en todo momento lo mejor de nosotros mismos.

Hay momentos en la vida que por nuestro trabajo o nuestra opción de vida nos toca estar bajo la autoridad de personas que no nos gusta como son, como nos tratan o porque son incompetentes para la responsabilidad que están ejerciendo, pero el mostrarnos altaneras o irrespetuosas con esas personas nos degrada como personas. Por el contrario si damos siempre lo mejor de nosotros, nos toque convivir o estar bajo la autoridad de cualquier persona, sea ésta como sea, esa actitud nos favorece para mostrar nuestro temple, calidad y calidez, porque la esencia de la persona es la que es siempre, y no depende de las circunstancias, es decir, su esencia no cambia dependiendo de las personas con las que le toca convivir ni por a quien tiene que obedecer. En la vida hay que tener siempre claro un objetivo, es necesario intentar no perder de vista nuestra meta, necesitamos ir cuidando nuestra opción fundamental con nuestras actitudes y acciones del día a día.

Por otra parte la humildad nos pone en camino, nos saca de nuestro confort y nos lleva a donde es necesario ir, Jesús fue desde Galilea al Jordán. La humildad nos hace recorrer el camino necesario de pedir perdón cuando ofendemos, nos hace recorrer el camino del compartir mi tiempo, mis cosas, mis cualidades con los que conviven conmigo, la humildad nos hace recorrer el camino para identificar y hacer lo que es necesario que se haga, la humildad nos hace recorrer el camino para decir lo que es importante que se diga, la humildad nos hace recorrer el camino para aceptar lo que es preciso aceptar.

ORACIÓN

Jesús Hijo Unigénito del Padre, que pasaste por el mundo haciendo el bien, sanando toda dolencia del cuerpo y de alma, de los que se acercaron a ti, con un corazón sincero y creyente.

Danos la audacia de ser auténticos, humildes. Danos la capacidad de reconocer nuestras dolencias del alma y pedirte que nos sanes. Danos la confianza que necesitamos para lanzarnos a los brazos del Padre y buscar cumplir su voluntad. Danos el valor que necesitamos para permanecer firmes en la fe y en la esperanza.

Que seamos hombres y mujeres portadores de buenas noticias, portadores de confianza, mensajeros de palabras amables, portadores de miradas profundas, mensajeros de sonrisas sinceras, portadores de saludos francos.

Jesús ayúdanos a poder vivir esta experiencia de sentir que el cielo se abre, que el Espíritu Santo está con nosotros y ayúdanos a escuchar la voz que viene de lo alto y que nos confirma “que somos hijos amados del Padre”.

Hna. Mª Leonarda Peñaloza Estrada CdSJ

 

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