Ecos del Evangelio

17 septiembre, 2016 / Carmelitas
Servir sólo a Dios

COMENTARIO DOMINGO 25 CICLO -C Lucas 16,1-13 “A un hombre rico le llegó la denuncia de que su administrador derrochaba sus bienes”. La parábola de hoy nos habla del balance de una gestión. Con ello se nos recuerda que todos y cada uno de nosotros somos administradores y hemos de rendir cuentas ante el Señor de toda la gestión de nuestros bienes. Hemos de entregar un balance de nuestra gestión. Jesús en el Evangelio nos anima a no dejarnos engañar por los criterios de este mundo. La sentencia con la que culmina el Evangelio de Lucas en este día nos aclara el tema central de la Palabra de Dios: “No podéis servir a Dios y al dinero”. Los bienes de este mundo pueden considerarse como una bendición de Dios, pero suponen también un grave peligro en la medida en que nos esclavizan y nos hacen materialistas y egoístas con el consiguiente olvido de Dios y de los demás. Cuando hay tantos necesitados de lo más elemental una nueva imaginación de la caridad y de la justicia es posible y necesaria. El gran pecado de hoy es no saber “compartir”. Hace falta una nueva actitud respecto de la caridad, que debe partir siempre de la justicia. Mohamed Yunus, premio Nóbel de la Paz 2006, llamado “El banquero de los pobres”, ha declarado que “la paz está amenazada por la injusticia del sistema económico, social y político”. Él es el fundador del Banco de los pobre se dedica a dar micro-créditos a los más pobres de Bangladés, aquellos que no pueden acceder a ningún tipo de crédito, pues carecen de todo. No se les pide ningún aval, como hacen los demás bancos y la restitución del crédito es cuestión de un código de honor, según palabras del propio Yunus. Estos micro-créditos permiten el autoempleo y aliviar las situaciones de miseria. Él dice claro que la pobreza existe porque hacemos muy poco por combatirla y pone el ejemplo de que si el hombre quiso llegar a la luna y lo consiguió, seguro que acabaría con la pobreza si se lo propusiera de veras. Alimentos en el mundo hay más que suficientes. Construir un mundo más justo no es un sueño imposible. Comenzar a soñar es comenzar a cambiar dentro del círculo de nuestras posibilidades. ¿Qué podemos hacer? En primer lugar no hacer definitivo lo que es totalmente tangencial y huidizo. No poner en el centro de la felicidad lo que debiera de figurar en su extrarradio (dinero, placer, comodidad). En segundo lugar pensemos que, aún siendo nosotros administradores de los bienes de que disfrutamos, el dueño es Dios. ¿Cómo los administramos? Un día, tarde o temprano, el Señor nos preguntará: ¿Cómo has administrado todo lo que puse en tus manos, poco o mucho? Pregunta importante la del final de esta reflexión: ¿Cómo estamos administrando los bienes que Dios ha puesto en nuestras manos? ¿En qué estamos invirtiendo nuestro tiempo y nuestros afanes? La respuesta dará, ni más ni menos, la calidad de autenticidad cristiana que llevamos dentro y activamos en el día a día. En todo caso, para acabar con la oscura injusticia del mundo, siempre hace más el que enciende un cirio por pequeño que sea, que el que se limita a criticar la injusta oscuridad. Se cuenta que en el siglo pasado, un turista americano fue a la ciudad de El Cairo, con la finalidad de visitar a un famoso sabio. El turista se sorprendió al ver que el sabio vivía en un cuartito muy simple con algunos libros. Las únicas piezas de mobiliario eran una cama, una mesa y un banco. -¿Dónde están sus muebles? -pregunto el turista. Y el sabio, rápidamente, también preguntó: ¿Y donde están los suyos? ¿Los míos? se preguntó sorprendido el turista.- Pero si yo estoy aquí solamente de paso. -Yo también, concluyó sabiamente el sabio.

 

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