Ecos del Evangelio

7 julio, 2016 / Carmelitas
SÍGUEME

Hermanas y hermanos en Cristo Jesús, estamos en el último domingo del mes de junio, domingo XIII del tiempo ordinario, en este día contemplamos el Evangelio de Lucas 9, 51-62, concretamente tres episodios de vocación al seguimiento de Jesús, tres situaciones diferentes y tres respuestas por parte de Jesús.

Jesús va de camino a Jerusalén acompañado de algunos de sus discípulos, entraron a una aldea de samaritanos pero no lo recibieron porque se dirigía a la ciudad enemiga, Jerusalén. Este es un acontecimiento significativo para descubrir que a Jesús no le fue todo fácil, sino que tuvo que pasar por las contrariedades de la vida y el rechazo de algunas personas, de igual manera los y las que nos decidamos por Él, tendremos que prepararnos para afrontar situaciones adversas en el camino de la vida.

A continuación enfocaré la reflexión desde el aspecto vocacional, teniendo en cuenta el diálogo que se da entre Jesús y las tres personas que desean seguirlo.

1. Jesús y la persona voluntaria.

“Mientras iban de camino, uno le dijo: Te seguiré a donde quiera que vayas. Jesús le contestó: Los zorros tienen madrigueras, las aves tienen nidos, pero el Hijo del Hombre no tiene donde reclinar la cabeza”.

En este primer episodio de vocación al seguimiento de Jesús, la persona voluntaria es la que toma la iniciativa y se ofrece para seguirlo. Él responde de forma desconcertante diciéndole: “Los zorros…las aves tienen… pero el Hijo del Hombre no tiene donde reclinar la cabeza”. Esto podríamos interpretarlo desde el consejo evangelio de la pobreza, es decir, una invitación a seguirlo de forma radical, renunciando a todo aquello, material o no, que nos impida centrar nuestra mente y corazón sólo en Él.

2. El Señor Jesús toma la iniciativa y llama a la persona.

“Sígueme. Le contestó: Señor, déjame ir primero a enterrar a mi padre. Le replicó: Deja que los muertos entierren a sus muertos; tú ve a anunciar el reino de Dios”.

En este segundo episodio de vocación al seguimiento de Jesús, la respuesta de la persona vocacionada, es una respuesta tardada ya que la persona está apegada a su familia, en este caso al Padre. Por tanto no está dispuesta a seguir a Jesús hasta que realice ese entierro. Ante este caso, Jesús habla con autoridad de forma clara y concreta al decir: “deja… y ve a anunciar el reino de Dios”. Podríamos interpretar este llamado desde el consejo evangélico de la obediencia. Es decir, dejar los propios planes para atender a la voz de Jesús e ir a donde Él quiere, a predicar la Buena Nueva del Reino de Dios, en justicia, paz y amor.

3. Jesús llama a seguirle.

“Otro le dijo: Te seguiré, Señor, pero primero déjame despedirme de mi familia.

Jesús le replicó: Uno que echa la mano al arado y sigue mirando atrás no vale para el Reino de Dios”.

En este tercer episodio de vocación al seguimiento de Jesús, descubrimos que la persona que ha sido llamada responde poniendo una excusa, un pero, ya que quiere despedirse de su familia antes de seguirlo. La respuesta de Jesús es firme y no anda con rodeos, “Uno que echa la mano al arado y sigue mirando atrás no vale para el Reino de Dios”, esto nos lleva a pensar que seguir a Jesús implica una renuncia por ejemplo: Dejar familia, padres, hermanos/as, casa, dejar el propio país, dejar el egoísmo, en fin dejar todo aquello que no favorezca al seguimiento del Señor. Todo ello vivido en libertad de amor por aquel que nos ha llamado a compartir su vida. Y esto lo podemos aplicar no sólo a la vida religiosa sino a cualquier estado de vida, como es el matrimonio o la vida soltera.

Estos ejemplos de vocación nos pueden ayudar a reflexionar sobre nuestra propia opción de vida y en consecuencia a repensar la respuesta que estamos dando a Jesús.

Sin duda alguna es revelador encontrar en este episodio de san Lucas, dos personas llamadas por Jesús, dos personas que no le dan una respuesta pronta al Señor, por cuestión de la familia. Ante este mensaje evangélico, es bueno preguntarnos: ¿Cuándo Jesús me llama, cuál es mi respuesta?, ¿La familia qué lugar ocupa en mi vida?, ¿La familia es un impedimento para seguir a Jesús? ¿Cuál es mi compromiso en el seguimiento de Jesús?

Finalmente, la familia espiritual es más importante que la familia física por parentesco porque la primera durará para siempre. Por eso, amemos a nuestra familia física en su justa medida como un don de Dios, pero que ella no sea un impedimento para amar y seguir al Señor. Que Jesús de Nazaret nos conceda la gracia de ser hombres y mujeres libres para dejarlo todo y entregarnos a Él, al servicio del Reino, con todo el amor de nuestro corazón.

Bendiciones y que Dios misericordioso nos acompañe y proteja siempre, en el seguimiento de su Hijo Jesús.

Hna. Micaela Villa Vargas, CSJ.

 

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