Ecos del Evangelio

3 junio, 2020 / Carmelitas
Solemnidad de la Santísima Trinidad. Domingo 7 de junio de 2020

Gloria a ti, Santa Trinidad.

 

 

Mi Dios, Señor Creador del Universo, Padre amoroso y Bueno, Patriarca de los confines de esta tierra y de los seres que habitamos este mundo, gracias por ser la imagen celestial que habita en mi corazón. Padre Amado enviaste a tu Hijo para liberarnos y consolarnos en la negra soledad de un tiempo sin esperanza, hiciste brillar con luz de fuego al Espíritu Santo para darnos fortaleza y la confianza de que eres un sólo Dios en Tres Personas: El Padre y el Hijo y el Espíritu Santo.

 

El Evangelio nos invita a reflexionar en el Misterio de la Trinidad. En la condición Divina de un Dios que engloba Tres Divinidades en Una sola Persona y nos invita a gozar de su amor en íntima comunión.

 

En este momento de crisis sanitaria Dios nos habla a través de sus obras, de sus milagros y sobre los hechos que acontecen en el mundo. Estamos en un período de soledad donde la oscuridad cubre nuestros sentidos, afloran los medios, los sentimientos de impotencia y desosiego. Qué difícil se nos hace alzar los ojos al cielo y agradecer el poder existir; cual complicados somos que nuestro orgullo es superior a la humildad de doblar rodillas y orar desde el fondo de nuestro corazón.

 

Dios es Amor.

 

Ese dulce amor que todo consuela, enseña y hace ver la luz en las tinieblas. El amor viene de Dios, de su Misericordia, de su infinito poder que hace resplandecer a las estrellas y da vida donde todo es estéril.

 

¿Qué acaso necesitamos vivir en la agonía para manifestar que necesitamos de su misericordia, que es la fuente de luz que nos ayudará a encontrar el camino de regreso al lugar de la sanación, de la prosperidad y de la fraternidad?

 

Dios existe y no sólo a través del Padre como Creador del Universo, sino como un Padre Protector, Sabio y Amoroso, que nos guía mostrándonos el sendero de la fe, de la obediencia de sus mandamientos y de la compasión humana.

 

Dios existe en la imagen del Hijo que dio su sangre, su agonía, su dolor, su vida por liberarnos de las garras de la malignidad que subyugaba al hombre en su ignorancia y que ahora ésta peste pisotea la confianza de que Jesús nos ama. Jesús confió y aceptó su destino por el perdón de nuestros pecados con la única finalidad para que vivamos por medio de él. Qué grande es el amor de Dios que sacrificó a su Hijo por darnos la oportunidad de aprender amar, respetar, y a valorar la vida misma.

 

Apreciar la vida en esta época donde no importa las muertes de seres inocentes por el afán de tener el control del mundo, atreverse a querer controlar a la humanidad con la creación de virus que propagan el miedo, la enfermedad, la agonía y la muerte; es reconocer que nadie puede jugar a ser Dios, porque Dios es amor.

 

Si nos amamos unos a los otros y nos respetamos, Dios permanece entre nosotros, y entre nosotros su amor se ha manifestado plenamente dando testimonio al mundo con sus milagros. Jesús volvió al Padre dejándonos su Espíritu, la fortaleza que conduce y santifica, que nos permite sentir su presencia cada día. Dios es: El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. El Misterio de la Trinidad está en nuestras vidas, desde el amanecer hasta el crespúsculo. Dios está presente porque nos ama el Padre, nos ama el Hijo y también nos ama el Espíritu Santo.

 

Al iniciar el día con la señal de la Cruz nos acercamos a la Divinidad amorosamente de la Trinidad. Ese diálogo íntimo con el Padre que nos escucha, con el Hijo que nos arropa a su corazón y la esencia sublime del Espíritu Santo que nos permite trasformar nuestras vidas, hace crecer nuestras relaciones con nuestros semejantes, con la familia, amigos y compañeros, nutre con bendiciones el camino de nuestra existencia.

 

Somos testigos de una nueva sociedad que tiene que cambiar el estilo materialista-consumista por la simplicidad cotidiana de admirar la belleza de la naturaleza, el canto de las aves, el suave vaivén del viento o una tarde de lluvia, el contemplar el firmamento… El sentir que Dios existe.

 

 

En la cosas simples esta Dios.

 

 

Necesitamos aprender a vivir con la confianza que Dios, Padre y Dios Hijo y Dios Espíritu Santo, habita en nuestro corazón. A no tener miedo. A confiar en su magnanimidad, esa elevación del ánimo a mirar de frente al sol y confiar que la oscuridad se disipará por la Luz de Divina del Redentor y nos dará, a nosotros sus hijos, el tiempo propicio para cambiar el rumbo de la historia de la humanidad abrazados a su evangelio.

 

 

Gloria al Padre, Gloria al Hijo y Gloria al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Bendecido domingo de la Santísima Trinidad.

 

 

 

Profa. Maricela Cecilia Malváez García. IRC

 

Volver
Carmelitas de San José

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.

ACEPTAR
Aviso de cookies