Ecos del Evangelio

29 mayo, 2020 / Carmelitas
SOLEMNIDAD DE PENTECOSTÉS CICLO A 2020

VEN ESPÍRITU SANTO…

DIOS DE LA VIDA, VEN, VEN.

 

 

Llegamos al culmen de la Pascua, Pentecostés, es una de las tres fiestas mas importantes del cristianismo. La fiesta de hoy nos dice una cosa básica y esencial para quien quiera ser verdadero seguidor de Cristo:

 

1.- Que el movimiento se demuestra andando.

2.- Que el creer en Cristo tiene que tener consecuencias en la vida

La primera dejarse de cumplimientos y vivir lo que se celebra; y la segunda testimoniar aquello que cree y celebra.

 

• El Espíritu Santo que hizo que se encarnarse Cristo en el cuerpo virginal de María.

• El Espíritu Santo que impulsó a Cristo al desierto durante cuarenta días.

• El Espíritu Santo que lo empujó a predicar y a realizar signos liberadores.

• El Espíritu Santo que lo resucitó de la muerte y le que le otorgó la nueva vida.

• Ese mismo Espíritu, es el que hizo salir del miedo y de la cobardía a los apóstoles tras la Ascensión del Señor, y les lanzó al mundo.

• Ese mismo Espíritu, es el que a nosotros se nos regalo en el Bautismo, y en plenitud en la Conformación. ¿Y que hemos hecho de Él? Muchos parece que lo han invernado, viendo la manera de vivir la fe.

 

 

Aquellos primeros hombres que recibieron el Espíritu Santo en Pentecostés, cambiaron radicalmente. Desde aquel momento, nadie pudo frenar la iniciativa de aquellos hombres. Y en aquel tiempo, la gente se asombraba de la existencia de aquellos hombres aparentemente insignificantes, que no tenían poder ni influencia, ni dinero, ni armas. Pero que creían lo que decían porque lo ratificaban amando y predicando en el nombre de un Señor, que había muerto para que todos tuvieran vida. Aquellas primeras comunidades cristianas, en las que el Espíritu Santo vivía palpablemente, fueron incontenibles.

 

¡Qué diferencia con muchas comunidades de hoy. Se han convertido en simples lugares de cumplimiento y supermercados espirituales!

 

 

Hay tres aspectos básicos, fundamentales de una comunidad, que podemos extraer de la fiesta de Pentecostés:

 

 

1-Lo primero que resalta San Lucas, es que «todos estaban reunidos en un mismo lugar». Permanecían unidos en oración, compartiendo los alimentos y sus mutuas experiencias, y preparándose para iniciar, con las fuerzas que Cristo les prometió, la misión de anunciar el Evangelio a todas partes.

 

El Espíritu impide que hagamos de la Iglesia una suma de individualidades en la que cada uno sólo busque su comodidad y su bienestar. No le carguemos el muerto al Espíritu sino a los que NO le abren su corazón, y más bien lo utilizan a su antojo y capricho.

 

Pentecostés es la fiesta de la comunidad reunida, integrada, sin diferencias sociales, sin privilegios; en la que no hay miembros más dignos que otros; en la que todos trabajan para el bien de cada uno y de todos. Cuesta celebrar esta fiesta cuando nos encontramos con el panorama de las divisiones, las distinciones sociales, los individualismos, los privilegios los prejuicios culturales y raciales…

 

Al Espíritu Santo…

No se le encuentra en la soledad, ni en el individualismo.

No se le encuentra en el egoísmo ni en la apariencia.

No se le encuentra en el doblez ni en el formalismo.

No se le encuentra en el poder ni en la arrogancia.

No se le encuentra en el aborregamiento, ni en la intransigencia.

 

Lo encontramos en la naturalidad, la espontaneidad, la sencillez, la valentía y el servicio. El Espíritu no es propiedad de nadie en exclusiva.

 

 

2-El Espíritu Santo es experimentado por aquella primera comunidad como una fuerza, un viento impetuoso.

 

Sí, el Espíritu transforma la quietud de una comunidad perezosa y la presiona para que se ponga en camino, para que no se detenga; para que no se contente con estar sólo aquí sino que crezca hacia más allá; para que extienda su campo de acción; para que piense y busque nuevas iniciativas; para que se abra a nuevas ideas… ¡Y qué peligrosa resulta muchas veces la quietud y la sordera de la Iglesia!

 

Cuántas veces vemos a nuestras instituciones anquilosadas en reuniones estériles; a comunidades insensibles ante todo lo que pasa a su alrededor; Da la impresión de que el viento del Espíritu ha dejado de soplar y la voz del Espíritu se extingue. Pero no, lo que se ha apagado es el corazón, el coraje y la valentía de muchos cristianos, que se comportan como paganos.

 

¿Quién de nosotros se imagina a un Cristo aburguesado, estático, quieto, mudo, indiferente, acomodado a la situación político-social, casado con el poder, instalado en una poltrona ,enjaulando a las personas en esquemas que les hacen perder la libertad, e imperturbable ante el dolor de los que sufren? Y, sin embargo, ¡cuantos hay que se han acostumbrado a que todo esto suceda en la Iglesia y en las comunidades parroquiales!

 

 

3-Finalmente, el Espíritu Santo es experimentado por aquella primera comunidad como «lenguas de fuego». Un fuego que sacó a los apóstoles de su mutismo y los hizo proclamar ante todas las naciones las maravillas de Dios. El Espíritu se nos da como un nuevo lenguaje, ardiente y apasionado, que ya no entiende de barreras culturales o nacionales. El cristianismo no es creíble para muchos porque le falta pasión, enamoramiento, encarnación en la vida. ¿Así como queremos que se contagie a nadie?

 

 

Amigos, El Espíritu no puede quedar aprisionado en Jerusalén, ni en Roma, ni en ninguna parroquia, formando un ghetto cultural o lingüístico o social.. ¡Cuantas parroquias encerradas por un tipo de cultura, y por un solo modelo de pensamiento! Yo me pregunto ¿que evangelio es el que siguen?: pues el que se han fabricado a sus gustos.

 

Bien lo expresa el texto que hemos leído hoy: judíos y árabes, romanos y partos, egipcios y mesopotámicos… (O sea, pueblos tradicionalmente enemistados entre sí) se admiran porque ahora son capaces de entenderse y comprender el mismo lenguaje que se les anuncia. El lenguaje del amor.

 

 

Es una pena que, después de siglos y siglos, aun se pretenda encerrar al Espíritu entre los muros de Occidente, y no hayamos sido capaces de hablar con el mismo lenguaje del amor con los pueblos de África, Asia y América indígena. El Espíritu sopla donde quiere…, y qué gran pecado contra el Espíritu es pretender encerrarlo exclusivamente dentro de un esquema de vida.

 

Al celebrar hoy la fiesta del Espíritu, abramos bien las ventanas para que la fuerza de su viento, sacuda de la estática quietud a tantas mentalidades, instituciones y comunidades que han secuestrado al Espíritu. No basta festejar ruidosamente la Navidad, la Semana Santa y tener devociones para que haya cristianismo. Sin el Espíritu, se vive en una muerte continua.

 

 

El Espíritu no se compra, no se alquila, no se inventa, ni se fabrica, ni se manipula. Es un regalo de Dios. Lo único que podemos hacer es preparar nuestro corazón para acogerlo con fe sencilla y atención interior.

 

Como decía Pablo-VI: «Hay que corregir el falso concepto de creyente como un soldado de Cristo, un inmovilista de profesión, un insensible a los signos de los tiempos, un hombre privado de esperanza».

 

Los seguidores de Cristo, somos enviados para llevar a cabo en el mundo, la única revolución verdadera: la del amor. Y para eso tenemos que entender como decía al principio, “que el movimiento se demuestra andando”. Que la fe, o se traduce en obras de amor, o de lo contrario, está muerta.

 

 

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