Ecos del Evangelio

31 octubre, 2020 / Carmelitas
SOLEMNIDAD DE TODOS LOS SANTOS 1º DE NOVIEMBRE 2020

Hoy celebramos la fiesta de la pequeñez hecha grandeza.

 

 

La solemnidad de todos los santos, aunque la celebramos todos los años, y la hemos celebrado muchos años en nuestra vida, no sé yo, si hemos entrado en el significado profundo de ella, porque si fuera así, nuestra vida tendría que haber cambiado. Ojalá que a partir de este año cambie.

 

Hoy celebramos la fiesta de la pequeñez hecha grandeza.
Hoy celebramos la fiesta de la humildad asumida como manjar de cada día.
Hoy celebramos la fiesta de la sencillez como camino de esta vida.

 

Sí, por eso dejaron huella, tantas y tantas personas mientras vivían entre nosotros, porque vivieron bajo esa bandera tricolor. Y lo hicieron con toda naturalidad y sin darse cuenta, porque eran personas de un gran corazón: sólo quien tiene un gran corazón, puede hacer suyas la pequeñez, la humildad y la sencillez Y por eso allá por donde pasaron fueron fermento del evangelio, porque sólo personas así pueden serlo.

 

La pequeñez, la humildad y la sencillez, no están reñidas con la fortaleza, la firmeza y la verdad. Por eso no anduvieron con medias tintas. Muchos de ellos, unos con sufrimiento, otros desde el silencio, otros más con un corazón gigantescamente ancho, y otros tantos más, acosados por la persecución, etc., comprobaron en la confrontación con muchas cosas, sistemas, personas e intereses que -el camino hacia la santidad- está torpedeado a veces por el ruido de la mediocridad. Pero no se dejaron vencer.

 

 

Madres que se han sacrificado hasta la saciedad por sus hijos.
Padres que no han renunciado a ejercer su responsabilidad como tales.
Religiosos y sacerdotes que se han ido consumiendo como si fueran lámparas al pie del altar.
Misioneros que, cogidos de la mano de la hermana soledad, han dado el todo dejándolo todo por Cristo.
Hombres y mujeres, a los cuales, no les ha importado nada ser señalados por ir contracorriente, sin dejarse dominar por el ambiente.

 

Desde ese océano inmenso de santidad, podríamos ir enumerando situaciones y vivencias donde las Bienaventuranzas, aún siendo un programa exigente, siempre han contado y encontrado entusiastas que las han hecho realidad.

 

La Iglesia, en esta festividad, no solamente los recuerda, sino que celebra las grandes maravillas que Dios ha creado a través de ellos, por ellos y con ellos. Esta festividad de Todos los Santos es la fiesta de aquellos que han sabido tomarse en serio las cosas de Dios. Porque solo el que se toma el Evangelio en serio, puede aspirar a la santidad. Hoy es el día en que veneramos y cantamos la gloria de aquellos para los cuales, Dios, lejos de pasar de refilón, cambió su vida y posibilitaron el paso de Dios a través de ellos para los demás.

 

Hoy, la Iglesia, ve en ellos la mano poderosa de Dios, los signos más clarividentes de que el camino de las bienaventuranzas es posible, cuando se tienen las cosas claras; cuando se confía en Dios; cuando se antepone el servicio a los demás al de uno mismo; cuando se pone el corazón más en Dios que en tantos hombres endiosados.

 

La festividad de Todos los Santos, es cantar la grandeza de un Dios que nos indica un sendero para alcanzar la felicidad auténtica.

 

Y la alcanzaron, quienes la creyeron a ojos cerrados.

 

Quienes la trabajaron con manos generosas.
Quienes la amaron a corazón abierto.
Quienes entendieron, que la felicidad que Jesús les prometía, era en todo superior a los pequeños sorbos de aquella otra más efímera y engañosa que nos ofrece el mundo.

 

También a nosotros, aún en medio de vicisitudes y de contrariedades, de sombras y de dudas, todos los Santos nos empujan para que finalicemos la carrera emprendida en el día de nuestro bautismo.

 

**Todos los Santos nos animan desde el graderío del cielo para que, ante la tentación de mirar hacia atrás, veamos lo que más adelante nos espera: el abrazo con Dios.

**Todos los Santos nos aplauden cuando, lejos de acobardarnos, recogemos el testigo de las bienaventuranzas pregonándolas con nuestra propia existencia.

**Todos los Santos, más allá de ser hombres y mujeres pintados o tallados en simple madera, son el espíritu de un Dios que habla, actúa y se hace presente en la santidad de cada día.

**Todos los Santos nos asisten, con el avituallamiento de su intercesión ante Dios, cuando desfallecemos en el intento de ser mejores. ¿No os parece seductor el pensar que tal vez Dios, nos tiene reservado un hueco en ese retablo inmenso e invisible de Todos los Santos?

 

¡Sí! ¡ES POSIBLE! sembrar el camino que recorremos con el arado de la fe y, desde la verdad en Ti Señor; derramar ilusión donde existe apatía, o esperanza donde reina el pesimismo. Que la santidad, entre otras cosas, es cambiar el mundo de color y ofrecer la posibilidad que, Tú Señor, le ofreces.

 

¡SÍ! ¡ES POSIBLE! aspirar a lo alto, sin olvidarse de la pequeñez de cada día y, vivir lo cotidiano, sin necesidad de pasar por alto lo divino. Que la santidad, además, es ser consciente de que Tú Señor, nos acompañas y que, cuando nos dejamos llevar por Ti, somos capaces de iniciar y finalizar grandes obras.

 

¡SÍ! ¡ES POSIBLE! tallar en el recio mármol de un mundo hedonista y caprichoso, figuras que, desde su fe, humanidad, oración o humildad, nos recuerden que es posible ser diferente sin ser necio; ser grande siendo pequeño; ser fuerte aún aparentando ser débil; ser de la tierra sin eclipsar lo que nos espera en lo eterno.

 

¡SI! ¡ES POSIBLE! dar a todo ello, un nombre y, ese nombre, es el “ser santo”. Un santo que tiene como buena madera el evangelio. Como oro, la caridad y como dicha, el hacer felices a los demás. Como grandeza su pobreza y como orgullo su servicio.

 

¡SÍ! ¡ES POSIBLE! con tu mano, y de tu mano Señor, alcanzar con nuestros dedos, la bóveda de tantos hermanos nuestros que, por ser diferentes, hoy gozan de tu abrazo y de tu reconocimiento. Ellos, los Santos de todos los tiempos, nos invitan y nos recuerdan, nos estimulan y nos inyectan. Un “es posible”, ante lo que en el mundo parece una utopía.

 

¡SI, ES POSIBLE SER COMO VOSOTROS!

 

Vosotros que en el llanto derramasteis tantas sonrisas, vuestra música fue la alegría.

Vosotros que, en la persecución, fuisteis valientes, vuestra virtud fue la fortaleza.

Vosotros que, en la violencia, sembrasteis paz, vuestro pregón fue la fraternidad.

Vosotros que, en la pequeñez, os sentisteis dichosos, vuestra grandeza fue la humildad.

Vosotros que, en la pobreza, hallasteis la riqueza, vuestro tesoro fue la conformidad.

Vosotros que, en la incomprensión, buscasteis a Dios, vuestro refugio fue la paciencia.

Vosotros que, mientras otros pensaban que estabais equivocados, no os alejasteis del camino de la fe, y vuestra palabra fue el mundo al revés.

Vosotros que, en el corazón, dejasteis crecer la pobreza, cantad, porque vuestra riqueza fue Cristo.

Vosotros que, a los ojos del mundo, erais blandos, ahora haced fiesta, porque vuestra atracción, fue la mansedumbre.

Vosotros que, buscando la justicia y el derecho, os tildaron de locos o ilusos, pregonad la victoria, porque vuestra alegría fue el cumplir y buscar la voluntad del Señor.

Vosotros que, pusisteis el corazón en las palabras y obras, vibrad ahora de alegría, porque, vuestro secreto, fue un corazón inmenso y bueno.

Vosotros que, fuisteis limpios por dentro y por fuera, reflejad ahora, más que nunca, los destellos de la gloria de Dios, porque, vuestro sello, fue el no dejaros corromper por el mundo.

Vosotros que, en vez de flores, recibisteis abrojos, espinas, pedradas o indiferencias, calumnias o insultos, gozad y saltad ahora en la presencia de Dios, porque, en el atardecer de la vida, es cuando la VERDAD se descubre, ante quien en nombre de Dios la buscó, la practicó y la defendió.

 

 

¡Felicidades! y no os olvidéis, de tantos, que aun andan deshojando la margarita, perdiendo el tiempo, en vez de decidirse por el camino de la santidad, que vosotros no dudasteis en escoger. Amén.

 

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