Ecos del Evangelio

12 octubre, 2017 / Carmelitas
Sta Teresa y el Evangelio

REFLEXION DE LA PALABRA DOMINGO XXVIII DEL TIEMPO ORDINARIO En la Primera lectura, el profeta Isaías nos presenta la promesa que Dios hace a todos los pueblos de hacerlos participar un “un festín de manjares sustanciosos” sobre el monte Sión. Lugar de encuentro con el Señor. Esto nos habla de la gratuidad de Dios. La magnanimidad de su amor para todos los pueblos. Un banquete que tiene acogida para toda la humanidad, que nos invita alégranos y gozarnos con la salvación que nos brinda el amor gratuito de Dios. En la Segunda lectura, el apóstol san Pablo nos presenta su confianza en el amor providente de Dios, que no le abandona a pesar de las vicisitudes que pasa en su vida. Así invita a los cristianos a tener esta misma confianza en que Dios “remediará con esplendidez todas la necesidades”. Unidos a Él, todo lo alcanzaremos. Recordando el evangelio del domingo pasado el Señor nos presentaba su reino bajo el símbolo de la viña que ha sido encomendada a unos viñadores asesinos que rechazaron a sus mensajeros. En continuidad con este tema, hoy se nos presenta el reino bajo otro de los símbolos más expresivos de la escritura: El banquete de bodas. El tema del banquete y el del gozo por la unión nupcial son recurrentes en el Antiguo Testamento. En el Nuevo Testamento esta imagen está referida a la unión de Jesús con la humanidad, la cual alcanzará su plenitud en los últimos tiempos. Existen varios paralelismos entre esta parábola y la de los viñadores rebeldes (Mt21, 33-41) que la precede, en ambas parábolas la figura Dios (dueño/ rey) es quien toma la iniciativa de proveer de manera generosa (una gran viña/ un banquete de fiesta) entonces manda a sus siervos para que lleven un mensaje (paguen los frutos/vengan a la fiesta), y la gente (labradores/invitados) maltratan y matan a los siervos (profetas judíos/evangelistas cristianos). La figura-Dios persiste y manda a otros siervos, a quienes la gente maltrata. La figura-Dios entonces castiga a los beneficiarios originales y transfiere el beneficio (viña/banquete) a otros. El hijo de la figura-Dios está involucrado en ambas parábolas, aunque de diferente manera. La parábola del banquete de bodas nos presenta dos partes fundamentales. La primera está referida a la ingratitud y el desprecio con el que los primeros invitados, que representan al primer Israel, reciben la invitación a la fiesta del Rey. La segunda parte está referida a la invitación que este mismo Rey, que representa a Dios, que hace una invitación universal para venir a celebrar las nupcias de su Hijo. Ahondar en esta imagen de un banquete con platillos sustanciosos al cual somos invitados nos hace sentir agradados. Saber que la invitación es gratuita y se nos da a manos llenas nos debe hacer sentir aún más agradecidos y dichosos. Así es la invitación al Reino que nos dirige Jesús: nuestra vocación está destinada al gozo, al banquete, a la alegría compartida, como nos lo recuerda el Papa Francisco en su exhortación: “La alegría del Evangelio llena el corazón y la vida entera de los que se encuentran con Jesús… Con Jesucristo siempre nace y renace la alegría”.(GE 1) A esto nos está invitando hoy la Palabra a vivir con alegría y gozo su reino a no rechazar su invitación poniendo escusas, dando prioridad a otras cosas, o con actitud indiferente o posiblemente no somos dignos porque no nos presentamos del modo adecuado. Es decir, revestidos de su gracia. Gracia, que se nos ofrece y se renueva en cada Banquete eucarístico. Y en los Sacramentos. Cada día el Señor nos dirige invitaciones de amor para entrar en el gozo de su presencia: Cuando se nos pide que amemos a un hermano, que hagamos bien nuestro trabajo, que valoremos nuestra vida, cuando nos invita a comunicar su Palabra. A acoger a los predilectos de su reino los más pobres… ¿Estoy respondiendo adecuadamente a estas invitaciones que Dios me dirige cada día? Hoy también estamos de fiesta toda la familia del Carmelo, celebramos a la Santa Madre: “Teresa de Jesús”, a quien hacemos homenaje, con gozo y gratitud, hacemos fiesta; a una mujer tan apasionada por Jesús y su Reino, ella nos invita a entrar en el castillo de nuestra alma a través de la oración ahí a donde nos espera el Rey para gozarnos al estar con Él. Y decirle como ella: ¿Qué queréis Señor de mí? ( cf.poesía 2) Pidamos a la “Madre de espirituales” nos enseñe a vivir cada día más enamorad@s de Jesucristo y amar más a nuestr@s herman@s y así hacer visible el Reino del Dios. Hna. Guadalupe Barba Vásquez csj

 

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