Ecos del Evangelio

11 marzo, 2017 / Carmelitas
Transfiguración

En este segundo domingo de Cuaresma, Jesús nuestro Maestro y Señor, nos va conduciendo por sus justos y verdaderos caminos, mostrándonos así su naturaleza divina, para eso, toma consigo a tres de sus discípulos Pedro, Santiago y Juan y los lleva aparte, a una Montaña.

Jesús toma la iniciativa de llevarlos a ese lugar de encuentro con Dios y transfigurarse delante de ellos, el evangelista nos dice: “Su rostro se puso brillante como el sol y sus vestidos se volvieron blancos como la luz”. Ante este gran acontecimiento de la transfiguración de Jesús, aparecieron Moisés y Elías conversando con Él. La presencia de estos dos personajes del Antiguo Testamento es muy significativa, porque se da el cumplimiento de la Ley y de las profecías con Jesús el Hijo de Dios, el gran libertador del pueblo de Dios.

Ahora pongámonos en la actitud de los discípulos, cuantas veces somos llamados/as a diario por Jesús, mostrándonos así “su luz, su presencia” invitándonos a quitar la ceguera de nuestros ojos y reconocer su amor por nosotros/as. Cuando Pedro toma la palabra y dice: “Señor, que bien se está aquí” en estas palabras se refleja la paz que sentimos cuando abrimos nuestro corazón y estamos atentos/as, sacando así unos minutos, deteniéndonos por un momento de nuestras actividades y permitir que sea Él quien inunde todo nuestro ser, por ello en el inicio del Evangelio nos dice: Se los llevo aparte a una Montaña. Que el trabajo del día, no distraiga nuestro encuentro con Él, no seamos mezquinos con quien nos lo da todo.

Pedro de nuevo vuelve y nos resalta algo muy importante, en lo que siempre es nuestro deber pronunciarlo: “Señor si quieres, haré tres tiendas”, no podemos llevar nuestra vida a voluntad propia, por eso, para cada proyecto hemos de poner todo en manos de Jesús de Nazaret y decirle que se haga su santa voluntad, en todo nuestro ser y hacer.

Pero también podríamos preguntarnos ante esas palabras de Pedro, ¿por qué quiere hacer tres tiendas?, ¿Será para dominar a Dios y a los profetas? Así ellos quedan seguros. Es más difícil vivir de fe que ser dueños de Dios y los profetas. Tenemos que tener la seguridad de que lo que hacemos a uno o a una de nuestros semejantes, también a Dios se lo hacemos. Tenemos que transfigurar nuestra visión.

Otra escena muy importante en la transfiguración es la presencia de Dios, manifestada en la nube luminosa, que los cubrió con su sombra y la voz que salió de la nube: “Este es mi Hijo amado, en quien me complazco; escuchadle”. La voz podríamos interpretar es la voz del Padre, que presenta a su Hijo amado y el mensaje que les da a los discípulos y que nos da hoy a nosotros, es muy claro: Escuchar sólo a Jesús. Por eso, al final de la narración queda Jesús solo y desaparecen Moisés y Elías, eso quiere decir, que sólo basta seguir y escuchar a Jesús, pero no únicamente escucharlo sino poner en práctica sus enseñanzas.

Unas preguntas para nuestra reflexión personal, ¿A quién estamos escuchando? A Dios Padre, la Buena Noticia de Jesús. ¿A quién estamos siguiendo?

Por último, un compromiso para esta segunda semana de Cuaresma y para nuestra vida, dediquemos tiempo para escuchar la Palabra de Dios, el mensaje que nos da Jesús en el Evangelio, obedezcamos su voz y pongamos en práctica su voluntad, para que nuestra vida sea transfigurada por Él. Así sea.Hna. Micaela Villa HCdSJ

 

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