Ecos del Evangelio

16 abril, 2019 / Carmelitas
TRIDUO PASCUAL 2019

¿POR QUÉ ME HAS ABANDONADO?

 

Se nos presenta el momento en que la Iglesia Universal se prepara para celebrar el gran Misterio de nuestra Salvación. El Triduo Pascual que nos alimenta en la FE, ESPERANZA Y EL AMOR de lo que Cristo hizo por nosotros, un año más que podemos actualizar y reavivar los deseos inmensos que habitan en nosotras, de inmolarnos en la entrega por el Amor.

 

A diferencia de las reflexiones de los Domingos, hoy, os presento en un solo texto las reflexiones de los tres días -Jueves Santo, Viernes Santo y Sábado Santo-.

 

Toda alma pecadora necesita ser curada… sus heridas permanecen ante Dios ya no como heridas, sino como señales gloriosas. Mientras aquí abajo el pecado es penado con el sufrimiento, en el cielo será recompensado por el Amor Misericordioso de nuestro Señor, así toda la vergüenza será transformada en gloria y alegría. (Juliana de Norwich)

 

Es una ocasión para bajar con Cristo hasta la profundidad de mis heridas, reconocer mi estado de pecadora, cambiará mi angustia en alegría, y lo que era mi vergüenza se transformará en gloria y luz. Nunca estaremos tan en el fondo que la luz no nos pueda alcanzar en la noche.

 

Para unirnos a Cristo, para ser transformadas en Él, es necesario pasar por la bajada y el sufrimiento, porque Cristo quiere revivir en nosotros su misterio de DESCENSO al abismo. Es en lo hondo de la noche donde la luz de la Resurrección podrá resplandecer.

 

El verdadero camino de la Santidad es la puerta estrecha que sólo los débiles, los pobres y los niños consiguen cruzar a fuerza de bajar a las profundidades de sus heridas y de su angustia. La única manera de hacer la experiencia del rostro más profundo y más misterioso de Dios es el de la Misericordia con nosotras mismas, es ofreciéndole nuestras miserias como podemos lograr que Él las transfigure y nos haga libres para ser Misericordiosas con los demás.

 

 

Para empezar os propongo éste ejercicio:

 

¿Y… qué tal si me perdono?

Perder no es malo, equivocarme es parte de mi vida, ya estoy cansada de ser tan dura, a veces debería probar simplemente perdonarme… mirarme fijamente el reflejo y con el corazón en la mano decirme “ME PERDONO”.

 

– Me perdono por: Resistirme a reconocer esa parte de mí que me hace ser dura, auto-exigente, rígida y hasta dictatorial conmigo misma, por llevar un rigorismo moral de auto condena.

 

– Me perdono por: Esconder detrás de esa auto condena, el odio, rechazo, descalificación, resentimiento, remordimiento, vergüenza y anulación de mí misma.

 

– Me perdono por: Victimizarme y encerrarme en mis sentimientos de impotencia, como si todo dependiera de mí y nadie más, soberbia.

 

– Me perdono por: No haberme protegido en mi dignidad, por confundir resignación con aceptación por no gastar en mí lo que sin reparos gasto en los otros, por mentirme, por no ser mas amable conmigo misma, por no tenerme paciencia, por ser tan dura cuando se trata de mí, por no permitirme muchas cosas, por no disfrutar de otras tantas, por no guardar los momentos buenos y darme cuenta muy tarde, demasiado tarde.

 

– Me perdono por: Quedarme anclada en el sufrimiento y de hacerme la víctima para protegerme porque no estaba abierta escuchar y ver otra realidad.

 

– Me perdono por: Esa creencia de que nadie me quiere, de que no soy querible para los demás y por sentirme abandonada emocionalmente.

 

– Me perdono por: No permitirme equivocarme y reconocer con paz mis propias limitaciones, a renunciar al control, aceptar las exigencias de situaciones que se me escapan, y saber que no puedo llegar a todo, y que hay hechos que son IRREVERSIBLES.

 

– Me perdono por: Poner la responsabilidad de toda mi felicidad en las manos de las otras personas, por exigirles lo que no pueden darme, por pasar mi culpa a las otras personas, culpándolas por mis sufrimientos por esperarlo todo de ellas.

 

– Me perdono por: Posicionarme siempre en un extremo, en el todo o nada sin buscar el equilibrio, aceptando mi INDIGENCIA.

 

– Me perdono por: No comprenderme en relación con los demás.

 

– Me perdono por: No aceptar que el Amor es compartido nunca posesivo.

 

– Me perdono por: …

 

 

 

MI DESIERTO: APRENDER A CONFIAR.

 

Muero hoy, hazlo todo Nuevo Señor:

Me empequeñezco y renuncio a mí misma cada día para que Cristo crezca y sea exaltado en mí. En este desierto quiero permanecer humilde en el fondo de mi pobreza. Observo mi nada, mi miseria, mi impotencia. Me reconozco incapaz de progreso y perseverancia. Veo la multitud de mis negligencias y defectos. Me contemplo en toda mi INDIGENCIA. Acepto mi miseria y, reconociendo mi absoluta pobreza, la presento ante la Misericordia de mi Divino Maestro.

 

Muero hoy, para ser transformada en Cristo.

Pongo la felicidad de mi alma (en cuanto a la voluntad y no a la sensibilidad) en todo cuanto pueda inmolarme, destruirme, empequeñecerme, pues quiero dejar en ella sitio a mi Señor. No deseo vivir ya mi propia vida. Sólo anhelo ser transformada en Jesucristo para que mi vida sea más divina que humana. Soy un misterio para mí misma, pero no para ti Señor.
Muero hoy…Me entrego a Ti.

 

A esa cierta “Omnipotencia de poder” de pretender conocerlo todo sin dejar espacio al Misterio al designio de Dios, a su Providencia, todo es tuyo Señor, todo te lo entrego Señor, solo “Estate Señor conmigo, siempre sin jamás partirte”

 

 

Hna. Roselvi Izquierdo Escalante CSJ

 

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