Ecos del Evangelio

25 noviembre, 2016 / Carmelitas
Velad y orad

DOMINGO 27 DE NOVIEMBRE 2016

Mt 24, 37-44

“SED VALIENTES, VELAD Y ORAR”

En estos últimos domingos se nos ha insistido mucho a estar “siempre alegres”, ¿Por qué será? Preguntémonos. No será porque, un cristiano triste es un triste cristiano? Creo que simplemente quien no sonríe en medio de todo no lleva a Cristo en su vivir diario, en su interior, dentro de sí misma, y mucho menos lo da y lo demuestra con la sonrisa, ahora recuerdo una cosa que me preguntaron en una ocasión, ¿Por qué siempre vas sonriente? Y créanme yo pensé esto pero no dije nada no supe que contestar, pues creo y siempre eh pensado esto: ¡esa es la gracia y esfuerzo que llevamos del amigo y esposo fiel! Recordemos que “Dios no me abandona”, siempre va conmigo a todas partes y soy yo quien le abandono, más aun cuando lo comulgo no dejo que se quede mucho rato dentro de mí, eso es muy personal. Leía en una ocasión que yo decido el tiempo que quiero que, Jesús, este dentro de mí después de comulgar, por tanto necesito preguntarme ¿cuánto tarda mi felicidad? Pues, la respuesta sería, ese rato de felicidad es lo que dura Jesús en mi interior cuando lo como (comulgo), no puede ser así para una religiosa, esposa comprometida de Jesús, mi vida se la entregue a él y es una constante entrega exterior e interior, por tanto necesito corresponderle. Decir como San Pablo: “estad alegres os lo repito estad alegres…” es la misma alegría que necesito tener a diario, aunque, que a veces se me oscurecen con el paso del tiempo y por mí mismo enfriamiento. La verdad es que nosotras mismas vamos dejando apagar ese primer fuego, lo que hemos encendido, y al apagarse se enfría todo y nos volvemos oscuridad, y perdemos esa alegría que hoy nos pide el que nos llamó un día, AMA Y HAZ LO QUE QUIERAS” este amor es el que descubren los santos y es lo mismo que nos pide hoy el Señor, ¿Cómo lo voy a hacer?, ¿Acaso sólo vigilando, orando y haciendo simplemente lo que tengo que hacer? Sí y no, es decir, he de comprometerme pero con actitud de vigilancia, y aprovechar el tiempo de oración, no importa cantidad de tiempo, sino sea el que sea, aprovecharlo a lo máximo, y eso llena nuestra vida y eso se lleva al apostolado. Es importante recordar que cuando oramos… abrimos el camino interior que recorremos en esta esperanza del adviento, y con esa gran alegría nos preparamos el interior y nos ponemos con mucha confianza en las manos de Dios, sabiendo que sólo él nos llena, y nos coge de la mano para poder seguir, caminando. En este año busquemos estar más unidas a él en comunidad, con detalles concretos, que aunque te parezcan pequeños e insignificantes, son importantes en la vida de cada día, intenta no hacer preferencias, porque todas somos hermanas miembros de una misma familia. Recuerda que… “orar no estar quieta en un lugar fijo” es descargar en el Amado, todo lo que nos preocupa, las dificultades, y todo aquello que me ocurre, sea tristeza o alegría, esto me permite regresar con una actitud diferente al encuentro del otro en el apostolado… nunca olvides sus palabras “venid a mí todos los que están cansados y agobiados” ahí nos espera en cada momento del día y ¿Cuántas veces al día me acerco a contarle o simplemente a saludarle? O ¿sólo en los momentos marcados? Por eso busquemos al que le entregamos la vida y que al que nos llamó para que le sirviéramos y estemos con él. Que la esperanza se convierta en alegría infinita, que brote desde el corazón, así descubriremos lo que significa “darnos en completo a los hermanos”, es decir, darles a DIOS.

 

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