Ecos del Evangelio

18 abril, 2019 / Carmelitas
VIACRUCIS: PARA LEVANTARSE, COMO MARÍA

 

SANTO VIACRUCIS

 

 

Por la señal de la Santa Cruz… Señor mío Jesucristo…

Oremos: Señor Jesucristo, colma nuestros corazones con la luz de tu Espíritu Santo, para que, siguiéndote en tu último camino, sepamos cuál es el precio de nuestra redención y seamos dignos de participar en los frutos de tu pasión, muerte y resurrección. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.

 

1-ª Estación: JESÚS CONDENADO A MUERTE

 

V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.
R. Pues por tu santa cruz redimiste al mundo.

 

El ángel me lo anunció en Nazaret, yo lo alumbré en Belén, pero uno de los suyos, representando al amigo ingrato, lo entregó a la muerte.
Hoy, todavía recuerdo aquella noche angelical y celestial de su nacimiento: ¡qué gran y humilde señal de Dios a la tierra! ¡Dios amor! Una vez más, mi Hijo, como en el día de su venida, es puesto delante del mundo sin defensa, sin aplausos, sin grandes reconocimientos, sin proclamar lo que en verdad es: ¡Hijo de Dios!

 

No pocas veces, las voces del mundo no llevan la razón. Y además actúan en contra de la verdad. La prueba es la condena de Cristo. ¿Qué es más fácil? ¿Condenar o dejar que nos condenen? Hoy más que nunca, la autenticidad tiene un nombre: Cristo. Y, esa veracidad, en multitud de ocasiones y por variadas excusas es entregada a la muerte, al silencio, a la marginación.

 

El hombre se fabrica su propia verdad aunque muchas veces no es más que la suma de muchas mentiras. Basta solo dar una mirada a diversos campos de la sociedad en la que vivimos.

 

¡Cuántas veces a fuerza de repetir una mentira la gente se la cree como verdad!

 

¿Y qué es la verdad?, pregunto Pilato a Jesús. La Verdad la tenía delante y no la reconocía. Exactamente como ahora. La tenemos delante y ¡cuántas veces no la reconocemos o no la queremos reconocer porque nos compromete! ¿Es que es mejor continuar lavándose las manos como Pilato?

 

• Padre nuestro…

 

 

2-ª Estación: JESÚS CARGA CON LA CRUZ

 

V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.
R. Pues por tu santa cruz redimiste al mundo.

 

No hay vida sin cruz. El anciano Simeón, en medio de mi alegría, me advirtió “una espada te traspasará el alma”. Así es. Hoy compruebo la certeza de aquella premonición: mi hijo, Aquel al cual arrullé y acuné en mis brazos, avanza con una cruz, camino del Calvario. ¡Nunca pensé que, el peso de esos dos maderos, lo iba a sentir en mis entrañas de Madre!

 

Al ser preguntado Miguel Ángel, por qué esculpió el rostro de la Madre tan joven como el del Hijo respondió: “las personas enamoradas de Dios no envejecen nunca”

 

No es bueno soportar en solitario la cruz de cada día. Cuando se comparte y se reparte con el resto de los hermanos, ese peso, se hace más llevadero, menos doloroso.

 

Jesús carga con la cruz y, en ese madero, arrastra nuestras miserias, flaquezas, contradicciones. En su cruz van incluidas nuestra cruces aunque muchas veces no lo veamos y nos digamos a nosotros mismos que se ha olvidado de nosotros.

 

No, nuestro mejor Amigo no se ha olvidado de nosotros, el Amor verdadero y auténtico no se olvida nunca del amado.

 

¿No será al revés, que nosotros nos olvidamos de Él? ¿Queremos ayudar al Salvador? .Pues desde la situación concreta que vive cada uno y con su cruz particular ayudemos a otros a que sus cruces no les aplasten.

 

La cruz de Cristo era muy pesada, como a veces la nuestra, pero si la llevamos con entereza y autenticidad será menos pesada, porque nuestra cruz está incluida en la de Cristo.

 

• Padre nuestro…

 

3-ª Estación: EL SEÑOR, CAE, POR PRIMERA VEZ

 

V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.
R. Pues por tu santa cruz redimiste al mundo.

 

Con idéntico silencio, con el mismo con el que “Dios Hombre” bajó a la tierra, se desploma Jesús camino del Monte Calvario. ¡Cuántas veces recuerdo sus pequeñas caídas por las cuestas y calles de Nazaret! Aquellas eran de niño. Estas son las de un joven que lo da todo por los hombres; aquellas fueron caídas inconscientes. Estas son caídas que producen un milagro: el alzamiento del hombre que busca y cree en Dios.

 

Jesús se desploma pero vuelve a levantarse. Sabe que, lo malo, no es derrumbarse. Es consciente que el alzarse es un claro exponente de que Dios tira desde cielo: ¡ánimo, Hijo, yo te acompaño! .Por muy mal que lo pasemos, las manos de Dios son tan alargadas que siempre están ahí para que no nos desesperemos, aunque muchas veces no las notemos.

 

Que las luchas y fatigas de cada día no nos impidan el superarnos. Que las batallas y los accidentes o fracasos, no nos hagan creer que, esas dificultades, son más grandes que nuestra fe para hacerles frente.

 

Del cristianismo tiene que desaparecer la palabra imposible, en el cristianismo autentico y verdadero todo es posible con Cristo. Cristo no ha venido a acabar de aplastar, no ha venido a condenar a nadie, sino al levantarlo y devolverle la dignidad de hijo de Dios y hermano de Cristo.

 

¿Quieres levantarte de aquello que te preocupa? Confía, confía por favor en Cristo, porque el te pondrá tarde o temprano algún cristo a tu lado para ayudarte

 

• Padre nuestro…

 

4-ª Estación: JESÚS, SE ENCUENTRA CON SU MADRE

 

V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.
R. Pues por tu santa cruz redimiste al mundo.

 

Nunca olvidaré el primer encuentro con mi Hijo. Era entrada la noche. José estaba inquieto ¡hubiera querido tantas cosas para Dios Emmanuel! La coincidencia de hoy, con mi Hijo, es más cruel y, a la vez, similar a la noche de su nacimiento: entonces lo contemplé con amor de Madre y hoy lo quiero con un doble amor de Madre, que ha madurado en el árbol del dolor. Agarrándome a esa cruz, ¡bien lo sabe Jesús y sabedlo vosotros!, me podréis encontrar como corredentora, como compañera e intercesora.

 

La cruz nos trajo la redención. Pero, horas antes, en pleno silencio, cuando Jesús se debatía entre la muerte y la vida, entre la noche y el día, nos dejaba un gran regalo: MARÍA.

 

¡Cuántas sensaciones se entrecruzaban durante el viacrucis de su hijo en el corazón de María! .Pero una buena madre siempre está ahí en el lugar y el momento exacto que debe estar.

 

¡No cabe duda que ella ya intuía hacía tiempo lo que ahora sus ojos contemplaban! Pero no se echó atrás, jamás una madre se echa atrás., siempre va un paso más delante de los acontecimientos.

 

A Ella, a la Madre, la hallamos en numerosas esquinas de nuestro vivir; en el llorar, en el gozar, en el sufrir. No vamos solos en el viacrucis de cada día. María nos acompaña. María es también nuestra madre .¡Como queréis que no esté también a nuestro lado como estuvo al lado de Cristo!

 

¿Sientes a la Virgen cerca de tus preocupaciones?¿No? Pues llámala, invócala, no te canses de hacerlo. Mejor aún: abre tu corazón y déjala entrar porque seguro que estaba en la puerta llamando hace tiempo.

 

• Dios te salve María…

 

 

5-ª Estación: JESÚS AYUDADO POR UN CIRINEO

 

V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.
R. Pues por tu santa cruz redimiste al mundo.

 

Escasos auxilios, por no decir ninguno, tuvimos José y yo, encaminándonos hacia la gruta de Belén.

 

Ahora ¡Una! ¡Tan sólo una! La de un cirineo, se atreve a asomarse, aunque sea por obligación, entre la multitud. ¡Ayuda! ¡Ayuda quiere el Señor, para que su Palabra jamás se apague! ¡Para que su amor se extienda! ¡Ayuda, quiere el Señor! ¿Se la quieres prestar tú? Te lo aseguro que, El, te lo devolverá con creces.

 

Sobran cruces y hacen falta manos para transportarlas. Alguien dijo con cierta razón que, cada persona, poseemos nuestra ajustada cruz. Con su propio peso y con su oportuno color. Unas veces las cruces nos vienen por el propio transcurrir de la vida. Otras veces nos las imponen. En todo caso lo temeroso no es la cruz; lo triste es cuando, la cruz, la ha de sostener uno mismo. Sin más ayuda que las fuerzas de una persona, y muchas veces esa fuerza ya no existe Un mundo este, un valle de lágrimas sembrado de cruces y más cruces.

 

Pero aunque cada uno llevemos la nuestra, no dejemos de ayudar a otros a llevarla. A cada uno le parece que su cruz es la más pesada, pero muchas veces no es así.

 

No dejemos pues de ser cirineos para los demás sea cual sea esa otra persona, porque es nuestro hermano aunque para nosotros sea desconocido.

 

• Padre nuestro…

 

 

6-ª Estación: LA VERÓNICA ENJUGA EL ROSTRO DE JESÚS

 

V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.
R. Pues por tu santa cruz redimiste al mundo.

 

Aquel al que tantas veces acaricié siendo niño; Aquel al que en multitud de ocasiones ,en la fuente de Nazaret, le calmé la sed; Aquel al que con el agua limpia y cristalina le limpié una y otra vez…Aquel, hoy, es aliviado en su rostro por una verónica. ¡Gracias, buena mujer! Tú sí que sabes comprender lo que es descubrir, en el que sufre, en el que llora y en los rostros desfigurados, al mismo rostro de Dios. En mi pensamiento de Madre han quedado muchas imágenes de Jesús, pero hoy, en el lienzo de tus manos quedará para siempre grabado el rostro del pesar de Cristo.

 

No es lo mismo limpiar que acariciar. El rostro de Jesús fue limpiado y acariciado por una mano generosa: la verónica. No fue un simple lavado de imagen: la Verónica puso sus manos para que resplandeciera el rostro de aquel ajusticiado.

 

No, no sintamos lastima del que necesita algo, sino compasión. Es decir pongámonos en marcha para hacer nuestro su sufrimiento, enjuguemos con el pañuelo del amor el rostro del que sufre, no basta solo con que le sequemos el sudor, con que le acariciemos, hace falta que el pañuelo esté impregnado de amor que llegue hasta su corazón.

¿Qué hacemos nosotros? ¿Acariciamos o solamente limpiamos? El mundo, el hombre, la sociedad, la familia, los amigos….todos estamos necesitados de amor. Todos somos mendigos de cariño, de manos que nos hagan sentir que la humanidad todavía vive y renace en guiños de ternura y de misericordia.

 

El cristianismo y la Iglesia tiene que ser eso: una Verónica que salga al encuentro del que lo está pasando mal. No bastan las buenas palabras y la buena voluntad, ni tampoco decirle que Dios les ama. Hay que ponerse de una vez el mono de trabajo que nos manda el evangelio: menos declaraciones y más obras, menos diplomacias y más caridad, menos golpes de pecho y más obras de misericordia, menos miedo y más coraje, menos fotos y boatos y más pañuelos que desprendan olor a rosas y jazmines que resuciten a muchos caídos.

 

• Padre nuestro…

 

 

7-ª Estación: EL SEÑOR, CAE, POR SEGUNDA VEZ

 

V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.
R. Pues por tu santa cruz redimiste al mundo.

 

En interminable subida por la vía dolorosa, contemplo como Madre, al que tantas veces curé y levanté. Y, hoy, la sangre de mi sangre, corre a ríos por las calles de Jerusalén. Y, hoy, la carne de mi carne, se desgarra por el pecado de los hombres, bajo el peso mortífero de la cruz. ¡Adelante, hijo mío! ¡Por Dios y por los hombres, no existe la cruz pesada sino los fuertes hombros! Te espera un mañana, una madrugada donde tu cuerpo ha de renacer, para que el de los hombres no caiga, para siempre y definitivamente, en el olvido.

 

Aquel que descendió desde el cielo en la Noche de Navidad, cae de nuevo en la tierra por los pecados de la humanidad.

 

Aquel que fue anunciado por una estrella ante el asombro de reyes y pastores, es abatido por el peso de un cruel madero.

 

Aquel que fue haciendo el bien por donde pasó, cae otra vez por el peso de la incomprensión del mundo.

 

¿Cuantas veces no hemos pensado que no vale la pena ser buenos por la manera como nos pagan? Es difícil consolar, y mantenerle en pie, al que cae y vuelve a caer. Todos tenemos experiencia de ello: ¡por qué tanto a mí! ¿Cuándo me acompañará la buena suerte?

 

¡Te aseguro que si en tu vida encontraste a Cristo es la mejor suerte que pudiste tener, aunque caigas varias veces. En tus caídas siempre cae contigo Cristo, por tanto levántate como Él hizo.

 

Miremos al Rey de Reyes, por segunda vez en el suelo, y comprenderemos que Dios se desmorona y vuelve a tocar el suelo, tantas veces cuanto lo hace el hombre. Porque Dios no pasa del hombre, aunque muchas veces el hombre pase de Dios o lo ignore.

 

• Padre nuestro…

 

 

8-ª Estación: JESÚS HABLA A LAS HIJAS DE JERUSALÉN

 

V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.
R. Pues por tu santa cruz redimiste al mundo.

 

¡Oh Hijo mío! Jesús siempre tuviste una palabra para cada hombre; un aliento para cada alma; una respuesta distinta para quien se acercaba con profundos dramas.

Aquel que tuvo compasión, con su mirada, nos dice que no tengamos solo compasión de Él. Que nos miremos a nosotros mismos.
¿Cómo no compadecerme de Aquel, que siendo admirado hasta no hace muchos días, hoy se encuentra bajo el peso de una cruz y sin amigos que le defiendan? Como Madre te admiro. Sé que, al final, la voz de Dios se impondrá a esta tortura que ahora te humilla.

 

Hay palabras que dicen todo, y –en cambio- hay voces que suenan siempre a hueco. Las que Jesús dirigió a las mujeres de Jerusalén, eran sentimientos que salían del corazón: eran mensajes de consuelo y de esperanza, de futuro y de promesa, de garantía y de camino. Aquel que, en el camino del calvario sufre tanto, todavía tiene espacio y pensamiento para los que –desde la orilla- miramos el cortejo.

 

¿Pero cómo puede ser que todavía gran parte del cristianismo se conforme con un puro cumplimiento? ¿Dónde está la caridad que nos pide la Eucaristía?¿Podemos seguir en este occidente mirando el viacrucis de mucha gente desde la orilla como espectadores?

 

¡Que, en mis contrariedades Señor, tenga la suficiente entereza para no olvidar las penas de los otros!

¿Pondremos palabras de esperanza y obras de caridad aun teniendo el dolor en nuestro cuerpo?

 

• Padre nuestro…

 

9-ª Estación: EL SEÑOR, CAE POR TERCERA VEZ

 

V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.
R. Pues por tu santa cruz redimiste al mundo.

 

Muchas veces me pregunté; ¿Era necesario tanto dolor? ¿Por qué tantas caídas? ¿Sirve esta transfusión de sangre para alguien? ¿Moverá los corazones fríos este cuerpo dolorido?

No tuve respuesta. Tan sólo, en los días de la Pascua, comprendí que la locura de Dios era de tal magnitud que, mi Hijo, se había convertido en el precio del rescate por el hombre.

¡Gracias! como Madre os lo digo, por acompañarme en este momento!

 

No es grande quien permanece en pie; es fuerte y enérgico quien, cuando es abatido por la contrariedad, tiene la valentía de incorporarse y seguir hasta el final por sus ideales.

 

La entrega incondicional, tiene un precio, no pocas veces es la cruz. La sinceridad y la verdad no siempre es bien recibida por los poderosos. El servicio, cuántas veces es despreciado o ridiculizado, porque lo que se busca es el poder y la poltrona.

 

Ahora, por tercera vez, el amor, la humildad, la paciencia, el perdón…..todo es arrojado, de nuevo, al suelo. Suele ocurrir: lo necio es ensalzado y lo noble arrinconado. Los modelitos encumbrados y los que se gastan las sandalias por el evangelio, manipulados y mangoneados y arrinconados.

 

¡Aunque nos acosen, no nos aplastarán! En todo caso pueden matar el cuerpo, pero ¿qué es eso comparado con nuestra alma, nuestro espíritu? Que las caídas, las incomprensiones, no nos hagan alejarnos de aquellos valores que Jesucristo nos dejó a su paso.

 

¿Soy fuerte a la hora de defender mis convicciones religiosas en el camino de la vida?. No tengamos dudas, al final la Verdad, la única Verdad triunfará, aunque sea pagando el precio de muchas caídas.

 

• Padre nuestro…

 

10-ª Estación: EL SEÑOR DESPOJADO DE SUS VESTIDURAS

 

 

V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.
R. Pues por tu santa cruz redimiste al mundo.

 

Al que desnudo lo abracé en la noche de Navidad, despojado de todo, lo vuelvo a contemplar en la tarde del Viernes Santo. ¡Qué momentos tan dispares y tan similares!

 

Jesús humillado, Dios desprendido de toda riqueza, Jesús en la soledad. En Belén, en la oscuridad de una gruta; hoy, en el vértigo que produce asomarse a este monte calvario.

 

¡Desnudo vino Dios a la tierra! ¡Desnudo sube mi Hijo, Cristo, a la cruz! ¿Por qué no te arropas tú que me escuchas, con el manto de la verdad y de la fe, de la esperanza y del amor a Dios?

 

¿Qué le queda al Señor? Todo lo que hizo fue por el bien del hombre; le devolvió dignidad, fuerza, alegría; pan y peces multiplicados; salud a los enfermos; vida a los moribundos; certezas, a los débiles en la fe; ilusión, a su discipulado; agua viva a la Samaritana….¡cuánto no dio el Señor!

 

 

¿Qué herencia le queda al Señor? Pues la herencia del que ama sin condiciones: quedarse sin nada para poder tenerlo todo. Lo fue regalando todo como quien sabía que, en el dar, estaba la gloria de Dios: luz, al que estaba extraviado; perdón al que se creía lejos para siempre de Dios; amor, al que hacía tiempo que lo había perdido.

 

 

Ahora, en estas últimas horas, posee lo que a nosotros nos sobra al partir de esta tierra: sus vestidos.

 

¿Por qué tanto empeño en lo que adorna el cuerpo y tanto olvido en el aseo del alma? ¿Por qué tanto deseo de apariencia, vanagloria y escaparate, si al final nos quedamos con el alma vacía y el corazón de piedra?

 

¿No sería más provechoso despojarse de tanta fachada y tener más interioridad y autenticidad?¿No será mejor salir de este mundo como Jesús despojados de vestiduras pero llenos del amor que es lo único de lo que nos examinarán?

 

• Padre nuestro…

 

11-Estación: JESÚS CLAVADO EN LA CRUZ

 

V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.
R. Pues por tu santa cruz redimiste al mundo.

 

El que nació rey de la gloria, asciende entre gritos y al grito burlesco de “rey” al patíbulo de una cruz. Yo miraba a todos lados, buscaba a mi Hijo en la cruz. Y me acordaba, de aquellos momentos cuando, ya en la cuna, lo veía desde entonces cargando con la cruz.

 

¡Rey de los judíos! Para mí sí que lo fue. ¡Desde el primer momento! Fue el rey del mundo; mi rey ofrendado por los pastores, mi rey adorado por los magos. Cuántas veces, siendo pequeño le dije, ¡mi pequeño niño, mi gran rey! Y, cuando desde el pie de la cruz, leo el cartel, lo pienso para mis adentros: ¡AHORA, HIJO, MAS QUE NUNCA ERES REY! ¡DAS EL TODO POR TU PUEBLO!

 

No es suficiente el llanto de las mujeres. No basta el reguero de sangre por la calle hacia el Gólgota. La cruz espera. Esa cruz que ha sido compañera durante centenares de metros, también serán brazos que definitivamente ciñan al que tanto supo consolar, servir y amar.

 

Nunca, tanto amor, fue tan cruelmente tratado. Nunca, tanto perdón, fue tan injustamente ignorado. Nunca tanto desprendimiento de sí mismo fue tan mal recompensado. Nunca tanto servicio fue tan mal pagado.

 

¿Y nos quejamos nosotros que a pesar de hacer el bien, muchas veces nos traicionan y nos pagan con el mal? Mal entendemos el evangelio si por hacer el bien esperamos que nos hagan el bien. El bien se hace sin pensar que recibiremos, es entonces cuando iremos entendiendo a Cristo es decir, entenderemos lo que significa amar.

Pero nunca, desde la cruz, salieron tan bellas palabras de misericordia y de paz como las que pronunció Jesús. El amor traicionado responde con amor de amigo. El amor clavado responde con más amor derramado.

 

• Padre nuestro…

 

12-ª Estación: JESÚS MUERE EN LA CRUZ

 

V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.
R. Pues por tu santa cruz redimiste al mundo.

 

Un Dios que descendió sin ruido a la tierra, guarda silencio por mi Hijo Jesús. Yo no lo entendía; no comprendía el por qué, la crueldad y la radicalidad de estos gestos. ¿No te bastó, Dios mío, la sobriedad, la indiferencia ante tu llegada o la calma de Belén? ¡Cuántas veces me lo preguntaba!

 

En Ti, Jesús, se clavan nuestras penas y nuestros sacrificios, en Ti, Hijo mío, desaparecen las discordias y las enemistades. En Ti, en tu mudez y muerte Jesús, los hombres se hacen más hermanos. La cruz se alza como el pasaporte para alcanzar la eternidad. Duerme, mi Hijo, duerme que, desde aquí abajo, como Madre, te sigo arrullando y queriendo.

 

Es la hora de la verdad. Todo se ha consumado. El que dio de beber del amor de Dios ya todo el que quiso, ahora no hay nadie que le dé de beber a él ni siquiera agua.

Lo más querido por Dios expira en la tierra susurrando palabras de confianza: “Todo se ha cumplido”.

Lo más odiado por los propios paisanos expira con palabras de perdón: “Perdónalos porque no saben lo que hacen”.

 

El único Hijo de María, en lo más alto, sin posibilidad de que caiga su cabeza en el hombro de la Virgen, echa su último suspiro mirando a la persona que aunque no pocas veces no lo comprendiera , siempre lo amó :su Madre.
El velo se rasga en dos. La tiniebla se convierte en un inmenso paraguas que ya no deja ver ni la luz, ni Aquel que –hasta hace un momento-, todo era luz.

 

Enmudecen los labios del Hombre que tanto y tan bien habló. Todo lo que tenía que decir ya lo había dicho con si vida.
Se paralizan las manos que bendijeron, abrazaron, consagraron y oraron a, y por tanta gente. Bajo el peso del cuerpo, se desploman las piernas que recorrieron caminos anunciando que Dios nos ama inmensamente.
Deja de latir aquel corazón que no hizo otra cosa ni supo otra lección que la del amor.

 

Amor con amor se paga ¿Seguro que así lo hacemos con nuestro prójimo?

 

• Padre nuestro…

 

13-ª Estación: Jesús en los brazos de la Madre

 

V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.
R. Pues por tu santa cruz redimiste al mundo.

¡Bajadlo! ¡Bajadlo! No lo tengáis más tiempo. “Todo se ha cumplido” Lo tuve en mis brazos, siendo pequeño, y lo quiero sostener de nuevo, para que nadie me lo arrebate en estos momentos.

 

¡Duerme, mi Señor! ¡Descansa! Tu Palabra será fecunda. Tu Reino se extenderá por años sin término.

 

¡Duerme, mi Señor! ¡Siente el pecho de tu Madre! La que, en Nazaret, te levantó cuando caías, y la que en este Calvario, te recoge con más emoción y con el amor más probado, maternal y puro que nunca.

 

¡Duerme, mi Hijo! Tu cosecha será fecunda. Tu Pascua, para el hombre, fructífera y definitiva.

 

Yo también quisiera, en este momento Señor, estar al lado de tu Madre. Y, abriendo mis brazos débiles y cobardes, acoger tu cuerpo que cae derrotado desde la cruz.

 

 

Horas de misterio y de emoción contenida: Cristo en los brazos de Aquella, que siendo pequeño, los meció con el mismo amor. Entonces llegaba un Niño, hoy…lo recoge triturado por el odio.

 

Horas de pasión y llanto: Jesús, muerto y humillado, bajo la mirada de una Virgen en la que se clava, ahora más que nunca, la espada del dolor y de la traición humana.

 

Horas de intimidad, soledad y cariño: es la Madre.

 

La única que tiene derecho a ese momento. La única que estuvo en la soledad de su Nacimiento, y la única que –con Juan- permanece fiel e Inmaculada fundiéndose con el cuerpo de Cristo.

 

Son los brazos de una buena madre, los únicos que siempre están dispuestos a acoger a los hijos en cualquier circunstancia. Son los brazos de una madre, los únicos que sin entender muchas veces, siempre aman y esperan contra todo esperanza.

 

• Dios te salve María…

14-ª. Estación: Jesús es sepultado

 

 

V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.
R. Pues por tu santa cruz redimiste al mundo.

 

¡Baja, Hijo mío, al sepulcro! Baja para que Dios cumpla lo que estamos llamados a vivir. Que la muerte ya no se impone. Que la vida es eterna. Que un mañana feliz espera al hombre. ¡Baja, Hijo mío, al sepulcro! Para que a José, tu padre, lo pueda volver a ver. ¡Baja, Hijo mío, al sepulcro! Y, cuando al tercer día escuchemos himnos de gloria y de triunfo, que no olvidemos nunca, que Dios cumple lo que promete y que, a pesar de la cruz, nos espera una inmensa ciudad llena de luz y de felicidad: el cielo. ¡Baja, y vuelve pronto, mi Señor!

 

Llega un momento, que una madre, no quisiera vivir para presenciar: desprenderse del tesoro que germinó en sus entrañas durante nueve meses.

 

Te vas, Jesús. Te vas como viniste; al fondo de una gruta. Entonces prestada, hoy también, pero, además, sellada por una losa. Entonces los campos de Belén se iluminaron por una estrella; hoy el horizonte se ha oscurecido. Ya no se escuchan cantos; algunos de aquellos pastores han muerto y los magos tardarán tiempo en enterarse de que, el rey de reyes, ha dejado este mundo con la misma comitiva que lo recibió: su Madre y pocos más.

 

En el sepulcro entra Jesús para que hombre no permanezca para siempre en la muerte. En la oscuridad es depositado el Señor para que el hombre vuelva un día a la luz radiante de la resurrección.

 

En el trascurrir de la vida, Jesús es relegado e ignorado y el hombre cree que así es más hombre. Los resultados para quien quiera mirar y ver lo tenemos en esta sociedad vacía, huérfana de auténticos valores. ¿No es hora de recuperar la vista y utilizar el cerebro para pensar si de verdad queremos recuperar el único camino válido para el hombre?

 

¡Descansa, Señor! Coge fuerzas de lo alto. Recupera el esplendor y la gloria que Dios te ha prometido. Porque, ni Tú te quedarás en el sepulcro para siempre, ni nosotros estamos en una vida feliz cuando no contamos contigo. Descansa, Señor. Vuelve pronto. Porque, desde ahora te digo, que el lugar que Tú has dejado en esa cruz quiero ocuparlo yo mismo.

 

Haz que nunca olvide el gran precio que pagaste por mi redención. Por la redención de toda humanidad. Un precio altísimo que jamás agradeceremos bastante

 

• Padre nuestro…

 

 

 

Recemos un Padre nuestro, Ave María y Gloria por las intenciones del Santo Padre.

 

 

Oh Cristo, te pedimos de enseñarnos a no avergonzarnos nunca de tu cruz, a no instrumentalizarla, pero honrarla y adorarla, porque con esa tú nos has manifestado la monstruosidad de nuestros pecados, la grandeza de tu amor, la injusticia de nuestros juicios y la potencia de tu misericordia.

Amén.

 

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