Ecos del Evangelio

11 agosto, 2018 / Carmelitas
XIX DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO (Juan 6,41-52)

Jesús vida para el mundo

 

Jesús nos sigue insistiendo que él es el pan vivo bajado del cielo, el único alimento capaz de saciar nuestra hambre, el que da la vida eterna. Fuera de él, el hombre se siente perdido y busca saciar su hambre en cosas banas que le satisfacen a corto plazo pero que no acaban de llenar su vacío interior.

 

Si para los discípulos que seguían a Jesús ya era difícil entender que él era el hijo de Dios -el Mesías esperado-, aun siendo testigos de los signos que realizaba, con cuanta más razón para la gente que le vio crecer en su pueblo, que conocían a José -un carpintero- y a su madre María -una mujer encargada de las labores del hogar-, Jesús un muchacho que compartía vida y trabajo como uno más entre ellos, por eso le critican y en muchas ocasiones le tratan de loco por las palabras que dice y los hechos que realiza; sin embargo, Jesús no deja de repetirles que es el Padre quien le ha enviado para dar vida al mundo.

 

No le reconocen, están segados, esperan a un rey poderoso, en definitiva son hombres celosos de la ley (Torá) y cumplidores con las normas y ritos, pero ignoran el verdadero sentido de la palabra revelada por Dios a los Patriarcas, y anunciada también por los Profetas.

 

Que nosotros seamos capaces de reconocerle en la Eucaristía como ese alimento necesario para nuestro caminar, es el mismo Jesús que se nos regala para que también nosotros podamos dar y compartir nuestra vida con los demás.

 

¿Por qué Jesús dice, no critiquéis?

Porque sabe que hay gente que le sigue, porque les da alimento material y no porque realmente quieran escucharle y dejar que sus palabras toquen sus corazones, simplemente buscan saciar una necesidad inmediata y efímera, y cuando Jesús les habla de darse él como el único alimento, entonces surge la crítica: pero ¿quién es este?

 

 

Señor que no nos dejemos llevar por las apariencias, la crítica cuando no es constructiva no nos lleva a nada bueno sobre todo cuando no hay ningún fundamento, simplemente se hace porque se desconoce la realidad de las personas o por consiguiente, no queremos reconocer la verdad. Ayúdanos a ser reflejo de tu verdad en medio del mundo.

 

 

No juzguen a nadie nunca, pues desconocemos la intención que les mueve a obrar” M. Rosa Ojeda

 

 

Hna. María del Carmen Arellano Xicoténcatl CSJ

 

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