Ecos del Evangelio

4 agosto, 2018 / Carmelitas
XVIII domingo del tiempo ordinario  (Evangelio según San Juan 6,24-35)

Una nueva manera de Vivir.

 

Jesús pan de vida: encuentro y compromiso

 

 

El evangelio que hoy se nos presenta tiene una estrecha relación con la primera lectura del éxodo, puesto que nos habla de la búsqueda de un alimento que pueda saciar a la humanidad errante y sin sentido, una humanidad incapaz de reconocer los signos de los tiempos que el Señor nos ofrece cada día, precisamente porque nos quedamos anclados en el pasado recordando las comodidades y seguridades que teníamos, aunque no hayan sido tan buenas, pero indudablemente parecen mejor que lo desconocido; el miedo a lo nuevo, a quedarnos desnudos de nosotros mismos ante la mirada de Dios nos crea temor y angustia, lo que nos lleva a cerrar los ojos y ser incapaces de  ver el milagro que cada día el Señor obra en nosotros y a través de quienes están a nuestro alrededor.

 

 

 

Jesús insiste: trabajad por el alimento que perdura no por el que perece.

 

 

No le busquemos sólo como un remedio para que resuelva nuestros problemas, enfermedades, etc., porque necesito un favor, sino porque realmente tenemos la necesidad de un encuentro personal y profundo con él, un encuentro que sacie el temor y la duda para poder enfrentarnos a la vida con todo lo que conlleva, este es el trabajo que Jesús nos pide, dejarnos coger de su mano, poner en él toda nuestra fe y esperanza, dejarnos guiar por su Espíritu para saber discernir lo que él quiere de nosotros.

 

 

Este verdadero encuentro con Jesús exige un compromiso de entrega y servicio a los demás y muchas veces no estamos dispuestos a dar nuestro tiempo a quienes nos necesitan, por eso preferimos ser egoístas e indiferentes y nos dejamos llevar por lo que el mundo nos ofrece y que aparentemente sacia nuestra vida, pero al final siempre nos seguimos quedando vacíos y continuamos en esa búsqueda constante de aquello o de aquel que sacie nuestra hambre de ir viviendo sin esforzarnos, dando siempre lo mínimo, conformándonos con lo poco que podamos buenamente hacer.

 

 

 “Jesús nos dice yo soy el pan de vida el que viene a mí no pasará hambre, y el que cree en mí no pasará nunca sed”

 

 

Hna. María del Carmen Arellano Xicoténcatl CSJ

 

 

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